Interrail

09.09.25 — París

Interrail

09.09.25 — París

Ahora creo en la supremacía del tren. Vale, viajando en tren tardas más que en avión, pero estoy aquí instalado en un asiento espacioso tras una visita a la cafetería para un sándwich recién hecho que me comí tumbado en un sofá. Hay cosas que ver por la ventana, hay WiFi y se ahorra bastante tiempo y estrés al no tener que lidiar con los aeropuertos, siendo estos los espacios más hostiles jamás edificados por los humanos.

Mi pase Interrail también me ha salvado de unos cuantos infartos. Saber que es tan sencillo como coger el siguiente tren en caso de perder una conexión no tiene nada que ver con el agobio de correr por el aeropuerto de Doha para llegar al siguiente vuelo. Pensaba que coger trenes por Europa era una actividad más propia de adolescentes, pero la flexibilidad de poderme subir a casi cualquier tren me ha dejado muy tranquilo.

También me ha permitido verme con unos amigos y visitar unos lugares que llevaba tiempo deseando conocer. Desde los picos altos de Austria hasta la llanura inmensa de los Países Bajos, he vivido unos contrastes geológicos importantes, he explorado ciudades y pueblos preciosos y me he topado con unos paisajes naturales que parecían sacados de un documental de National Geographic.

El viaje empezó y acabó con unas noches en París tras pasar por Barcelona. A la ida, fui a un parque de atracciones con Danni y a la vuelta pasé un par de noches de turista soltero. Durante el resto de las tres semanas del viaje subí a las montañas con Loredana, comí pizza casera deliciosa hecha por David, me refugié bajo un toldo durante una cena lluviosa en Alemania con María y recorrí unos cuantos pueblos de Holanda con Cami. Conocí a las familias de mis amigos, a los amigos de mis amigos y a sus amigos también. Incluso me eché algún que otro amigo nuevo por el camino, muchas veces en los sitios más inesperados. Me puse a hablar con un par de estadounidenses en un autobús turístico y cerré un restaurante con la camarera y el cocinero.

Tras pasar el verano en los Estados Unidos tres años seguidos, es verdad que eché de menos la compañía de mis amigos de allí. No obstante, este viaje europeo fue el equilibrio perfecto de viajar solo, reencontrarme con amigos y quedarme en casas de otros amigos que, por una razón u otra, han acabado viviendo en distintos sitios por el continente. Llevaba tiempo deseando hacer un recorrido por mi continente natal y justo este año todo se dio para que pudiera. El accidente que sufrí el año pasado hizo que aún estuviera aprendiendo a caminar en las fechas en que, de normal, estaría buscando vuelos hacia los Estados Unidos. ¡También influyó mucho el precio del seguro de viaje para los meses posteriores a una operación!

Han sido unas vacaciones de verano increíbles y solo han sido posibles gracias a todos los amigos que me acogieron en sus casas y que me han acompañado por el camino. A todos vosotros: muchas gracias. En breve volveré a subirme a un tren…