De vuelta al trabajo

16.04.25 — Madrid

De vuelta al trabajo

16.04.25 — Madrid

As I began to regain strength in my knee, I was eventually able to ditch the crutches altogether. This was great news for my recovery progress, but terrible news for my guaranteed seat on the metro. I’d gotten quite used to this little luxury during my trips to and from the physiotherapy room.

These hospital trips were soon replaced by my commute to the office, as I was abruptly discharged from one day to the other. I told Fernando this over sushi one Tuesday evening, and then was rudely awoken by my alarm the following morning: my first day back at work.

Some would moan about going back —most of my fellow patients certainly did— but I was quite happy to be back. It was a bit painful at first, but I didn’t care, as the return to a routine and a sense of purpose did me wonders. I’d also really missed having creative challenges and, more than anything, the company of my colleagues. All this time left me with time to reflect on how lucky I am to work in such a varied job with such great people.

The best thing about all this was I was back to some normality just in time for spring. This meant I could enjoy a meal for Sara’s birthday, celebrate my own birthday, and even spend an hour or so on my feet at a gig for San Isidro just down the road from my house.

I was started to feel like me again.

Mareo

09.04.25 — Madrid

Mareo

09.04.25 — Madrid

Al caerme de la bici, mi rodilla no fue lo único en romperse. Mientras estaba tumbado en la ambulancia escuchando las sirenas, empecé a preocuparme menos por el dolor en mi pierna y más por la cuestión de si había perdido algo durante la caída. Vi que me faltaba una zapatilla, pero la enfermera me aseguró que estaba conmigo en la cama. Luego me repasé los bolsillos en busca de la cartera, las llaves y el móvil.

El móvil parecía sobrevivido a pesar de mi rechazo de usar una funda protectora. Los cristales delanteros y traseros estaban intactos. Pensé que no había daños, hasta fijarme que faltaba la mitad de uno de los objetivos de la cámara. Mierda.

Más tarde, mientras esperaba los resultados de una radiografía, empecé a quitar nerviosamente las últimas pequeñas esquirlas de cristal hasta que se viese todo el módulo de la cámara. Revisé cuál de las tres cámaras de mi móvil se había reventado y descubrí que fue la 0,5x.

Mi primer pensamiento fue comprarme un nuevo móvil. La verdad es que llevaba tiempo buscando un pretexto para retirar mi iPhone 12 y esta ruptura perecía ser la excusa perfecta. Durante los siguientes días, me entretuve buscando opciones, desde iPhones renovados a móviles Android.

Pero luego empecé a sacar fotos con la cámara rota. Descubrí que las fotos salían borrosas, pasadas de contraste y con perspectivas raras. Mientras pasaba dolor cojeando con las muletas, las fotos que sacaba mareaban y desorientaban: justo como me hacía todo en ese momento. Todo me parecía muy apropiado, entonces me negué a cambiar de móvil.

Aquí van algunas fotos de esa época.

Empezando 2025

02.04.25 — Madrid

Empezando 2025

02.04.25 — Madrid

Después de unos días de descanso por los festivos, mi año empezó tal y como había terminado el anterior: con sesiones diarias de fisioterapia. Cambié las pantoneras por unas máquinas de la NASA, que me ayudaron a ganar músculo y flexibilidad en la rodilla, una articulación que ahora tenía llena de titanio. Con el paso de las semanas pasé de una silla de ruedas a un par de muletas y, eventualmente, a una sola. Estas mejoras me mantuvieron a flote frente a la monotonía de mi día a día y las molestias que sufría.

Otra cosa que me mantuvo cuerdo fue la parte social de la fisioterapia. Durante mis viajes diarios en ambulancia hablaba con los conductores y con otros pacientes, uno de los cuales era Fernando. Como habíamos empezado la fisioterapia en las mismas fechas y nos tocaba ir a la misma hora, solíamos coincidir en la ambulancia o en las máquinas, lo que nos llevó a hacernos buenos amigos. Su compañía transformó una rutina aburrida en algo mucho más apetecible.

También tuve la suerte de acoger a mi padre, que vino a visitarme y a disfrutar conmigo de alguna salida que empezaba a poder hacer, aunque con las muletas cada pequeña tarea parecía eterna. Mi madre también volvió a verme, lo cual supuso la oportunidad perfecta para que disfrutáramos del tiempo en familia sin que ella tuviese que hacer de cuidadora.

Al cabo de los meses, empecé a ver la luz al final del túnel. Poco a poco fui consiguiendo hacer más y más cosas de manera independiente, hasta llegar a bajar la escalera a pata coja para hacer alguna que otra gestión por la calle. No miento al decir que creo que casi me eché a llorar la primera vez que logré bajar la basura yo solo, y no solo por el dolor…

Navidad en España

06.01.25 — Madrid

Navidad en España

06.01.25 — Madrid

Durante la recuperación después de mi cirugía, tuve la suerte de recibir a mucha gente en casa. Cuando mi hermana me visitó en diciembre, acabó invitada a acompañarme a la cena de Navidad de Erretres, que terminó siendo una noche maravillosa. Tenía muchas ganas de verla, muchas ganas de salir de casa y muchas ganas de reencontrarme con mis compañeros después de tanto tiempo.

Tras el subidón de la fiesta vino una mala noticia: no me iban a dejar volar a Inglaterra para pasar las Navidades. Entré en pánico ante la posibilidad de pasar la Navidad solo en casa, pero entonces vino Sara a salvarme. Por temas de su trabajo, ella también estaría en Madrid en esas fechas. Montamos, entonces, un plan para pasar una Navidad alternativa en mi casa.

Sara se acercó en Nochebuena y pasamos la tarde viendo una película cursi antes de acostarnos. Al día siguiente me esperaba una sorpresa: un regalo de Sara que me había comprado sin avisarme. En ese momento me alivió haber incluido en mi última compra del Mercadona unas tabletas de chocolate extra. Así, me aseguré de que ella también tuviera algo que abrir.

Nuestra Navidad acabó siendo un día relajado y hogareño. Decoramos unas galletas de jengibre y luego preparamos juntos una comida que unía la cultura culinaria española con la británica. Tomamos langostinos de entrante y preparamos un plato que se asemejaba a la típica cena de Navidad inglesa. Todo esto lo acompañamos con una banda sonora en la que dominaban los villancicos de toda la vida junto con algunos carols británicos de mi infancia. Pusimos fin al día de la mejor manera posible: quedándonos hechos sopa en el sofá, con otra película cursi de fondo.

Después de una Navidad tan bonita, me encontré con el siguiente drama: ¿cómo pasar la Nochevieja? Aún no me dejaban salir de Madrid, pero Pedro me salvó con una propuesta estupenda. Dimos la bienvenida a 2025 él, su pareja, su madre y yo. Fue una noche muy especial, con una doble celebración, ya que nos dio tiempo a ver los fuegos de Londres antes de la cuenta atrás de la Puerta del Sol. Fue también el año en el que descubrí que a los españoles os gusta empezar el año con petardos. ¡Casi me vuelvo a accidentar del susto!

Me gusta pensar que supe sacar lo mejor de una mala situación durante esta época navideña, pero no lo podría haber hecho yo solo. Me gustaría volver a expresar mi agradecimiento y mi amor por Sara, Pedro y el resto de amigos y familiares que me acompañaron durante la recuperación. Eché de menos estar en casa, pero nuestra Navidad española fue algo muy especial.

Una época coja

30.12.24 — Madrid

Una época coja

30.12.24 — Madrid

Mientras iba del trabajo de vuelta a casa en una bici, el coche de en frente empezó a frenar, por lo cual yo hice lo mismo… nada fuera de lo normal. Pero el freno de esta bici se bloqueó por completo de manera completamente inesperada. Este frenazo me dejó zigzagueando por la calle mientras intentaba retomar el control. Al final no pude y, junto con la bici, me caí al suelo.

Lo siguiente fue un borrón. Algo grité, un grupo de peatones me llevaron hasta el bordillo, aparecieron dos policías y luego llegó la ambulancia. El diagnóstico inicial fue un esguince, entonces me subí a la ambulancia a pata coja y me llevaron al hospital con las sirenas puestas. Allí me hicieron una serie de investigaciones y me presentaron con la realidad: tenía el hueso en pedazos. Me dijeron que se tendría que operar y me ingresaron una noche. La pasé intentando, sin éxito ninguno, quedarme dormido a pesar de todo lo que me acababa de pasar.

Así empezó el primer mes de lo que sería casi medio año de recuperación. Mi madre, en cuanto se enteró de la operación, pilló un vuelo y acabó quedándose conmigo más de un mes. Su compañía fue imprescindible mientras yo me adaptaba a mi nueva realidad. Me apoyaba a nivel físico con las tareas más básicas de la casa, y también a nivel mental con la conversación ininterrumpida todos los días.

La operación consistió en unas tres horas en las que reconstruyeron todo el hueso debajo de la rodilla con placas y tornillos varios. Aparte de las nauseas que me causó el saber que tenía la pierna llena de grapas y la mano pinchada con la vía intravenosa, lo peor de todo el proceso fue el dolor y la resultante falta de sueño durante los días después de la operación.

A pesar del sueño, dolor y aburrimiento de las semanas que siguieron, yo estaba optimista. Además de la compañía que me hacía mi madre, una ristra de amigos pasaban por mi casa, entre ellos Pedro, Sara, Rhea, Julia y muchos más. Empecé a apreciar más las cosas pequeñas que antes daba por hecho. Me puse a observer mi progreso a través de los hitos y logros más pequeños. El camino a la recuperación se convirtió en una especie de juego.

Hay muchísimo más que podría contar y muchísimos detalles que he omitido, pero dejaré el asunto aquí. Fueron de los meses más difíciles de mi vida, pero los he podido pasar gracias en gran parte al amor y apoyo que me han dado mis amigos, mi familia y mi madre en especial.

Os quiero mucho a todos.