Nacido en el norte de Inglaterra, ahora lidero el equipo de diseño de Erretres. Más allá del trabajo, soy chef principiante, escritor frustrado y fanático de las luces desde que tengo memoria.

Con esta nueva web busco alejarme de un estilo informativo para reflexionar sobre mis experiencias y documentar visualmente el mundo tal como lo veo.

Una época coja

30.12.24 — Madrid

Una época coja

30.12.24 — Madrid

Mientras iba del trabajo de vuelta a casa en una bici, el coche de en frente empezó a frenar, por lo cual yo hice lo mismo… nada fuera de lo normal. Pero el freno de esta bici se bloqueó por completo de manera completamente inesperada. Este frenazo me dejó zigzagueando por la calle mientras intentaba retomar el control. Al final no pude y, junto con la bici, me caí al suelo.

Lo siguiente fue un borrón. Algo grité, un grupo de peatones me llevaron hasta el bordillo, aparecieron dos policías y luego llegó la ambulancia. El diagnóstico inicial fue un esguince, entonces me subí a la ambulancia a pata coja y me llevaron al hospital con las sirenas puestas. Allí me hicieron una serie de investigaciones y me presentaron con la realidad: tenía el hueso en pedazos. Me dijeron que se tendría que operar y me ingresaron una noche. La pasé intentando, sin éxito ninguno, quedarme dormido a pesar de todo lo que me acababa de pasar.

Así empezó el primer mes de lo que sería casi medio año de recuperación. Mi madre, en cuanto se enteró de la operación, pilló un vuelo y acabó quedándose conmigo más de un mes. Su compañía fue imprescindible mientras yo me adaptaba a mi nueva realidad. Me apoyaba a nivel físico con las tareas más básicas de la casa, y también a nivel mental con la conversación ininterrumpida todos los días.

La operación consistió en unas tres horas en las que reconstruyeron todo el hueso debajo de la rodilla con placas y tornillos varios. Aparte de las nauseas que me causó el saber que tenía la pierna llena de grapas y la mano pinchada con la vía intravenosa, lo peor de todo el proceso fue el dolor y la resultante falta de sueño durante los días después de la operación.

A pesar del sueño, dolor y aburrimiento de las semanas que siguieron, yo estaba optimista. Además de la compañía que me hacía mi madre, una ristra de amigos pasaban por mi casa, entre ellos Pedro, Sara, Rhea, Julia y muchos más. Empecé a apreciar más las cosas pequeñas que antes daba por hecho. Me puse a observer mi progreso a través de los hitos y logros más pequeños. El camino a la recuperación se convirtió en una especie de juego.

Hay muchísimo más que podría contar y muchísimos detalles que he omitido, pero dejaré el asunto aquí. Fueron de los meses más difíciles de mi vida, pero los he podido pasar gracias en gran parte al amor y apoyo que me han dado mis amigos, mi familia y mi madre en especial.

Os quiero mucho a todos.