¿Vestuarios unisex? Quedaba claro quiénes éramos los anglosajones del grupo: Megan y yo no nos lo podíamos creer. Nos contorsionábamos el cuerpo dentro de las toallas en un intento de no exhibirnos a la pareja de señores a nuestro lado, preguntándonos cómo se le podía haber ocurrido a los noruegos esto de que todos compartiéramos un mismo vestuario diminuto.
Los mismos noruegos también dicen que bañarse en el agua helada del fiordo es bueno para la salud, pero soy la prueba andante de que no lo es. Esquivé las medusas amenazadoras y evité desmayarme en el calor opresivo de las saunas, pero alguna otra cosa no me sentó bien durante nuestra excursión de “bienestar” al spa flotante. Me desperté bien resfriado al día siguiente, cosa que me supuso un problema, ya que era un día muy importante. ¡Se nos casaban Heidi y Axel!
Las celebraciones ya habían empezado unos días antes. En un bar aleatorio de un Oslo lluvioso, los cuatro miembros de Cake Club nos reunimos por primera vez en años. Este reencuentro siguió al día siguiente con un picnic bajo un glorioso momento de sol. Fueron dos planes con mucha conversación mientras nos poníamos al tanto antes del gran acontecimiento.
La boda de Heidi y Axel fue un día lleno de amor, risas y —en mi caso— paracetamol. Con los ojos llorosos, vi a dos buenos amigos casarse al lado de unas vistas espectaculares sobre el fiordo de Oslo. Luego nos metimos todos en un salón precioso para comer, charlar y bailar toda la noche en una celebración que continuó hasta que se sacaron unas salchichas envueltas en tortillas de maíz. A mí me pareció una cena dudosa, pero a los noruegos les flipó…
Bromas aparte, la boda fue todo lo que quería y más para Heidi y Axel. También fue la oportunidad perfecta para reconectarse con viejos amigos y hacer alguno nuevo por el camino. No dudaba nunca que Heidi y Axel se rodearían con gente maravillosa, pero me sentí honrado al ser invitado a participar. Estos días que pasé en Oslo también me permitieron pasar tiempo de calidad con Megan, Loredana, David y muchos más. No hay nada mejor en este mundo que esas conversaciones de madrugada que se alargan tanto que empieza a asomarse el sol por la cortina.
¡Vivan Heidi y Axel!








