Titular una entrada de blog con el nombre de toda una estación puede parecer amplio de más, pero esta primavera ha sido especialmente ajetreada. Durante este periodo de viajes y encuentros con amigos, apenas he tenido tiempo de sacar ni una foto, mucho menos de parar y reflexionar sobre estas vivencias. Aun así, esto supone mi intento de sintetizar estos meses tan locos.
Mi cumpleaños marcó el comienzo de la primavera, un hito que celebré en mi país natal. Pasé unos días en Londres con Rhea antes de visitar Thorpe Park (un parque de atracciones) por primera vez. Más allá de conseguir algunos créditos nuevos de montaña rusa con Danni y Abi, comí por primera vez en Nando’s, una cadena de restaurantes de pollo especiado que es mítica en Inglaterra. A todo el mundo le parece bien raro que yo haya tardado hasta mis 29 en probarlo.
Al volver a Madrid, tuve un reencuentro con mis padres, que llegaron justo a tiempo para celebrar San Isidro y también para celebrar un horrible resfriado que se me había pegado. Desafiando los mocos, me tomé unos analgésicos y logré acompañar a mis padres a la orquesta de mi barrio para bailar uno o dos chotis, lo cual me hizo mucha ilusión.
Unos pocos días después, volví al Reino Unido, esta vez al norte, donde pasé unos días en familia. Regresé a España para luego volver a Inglaterra apenas dos meses después, en un viaje que me llevó de nuevo a Thorpe Park para celebrar el cumpleaños de Danni en nuestras atracciones favoritas.
Entre todo este lío, descansaba en los parques y zonas verdes de Madrid. Fue en esos momentos cuando saqué la mayoría de las fotos que se ven aquí. Así pude aprovechar el clima ameno de la primavera, ya que el calor que nos azota todos los veranos te obliga a quedarte en casa o a huir de la ciudad por completo…







