Viejas amigas

10.10.24 — Madrid

Viejas amigas

10.10.24 — Madrid

Bien sea comer nuggets de pollo de la tela de salto de un trampolín o represar un arroyo para hacer una base secreta nueva, mis primeros recuerdos de pasar tiempo con amigos son con las hermanas Smith. Desde el día en el que una de ellas se presentó asomándose la cabeza por encima del muro del jardín, Jemma y Lucy han sido siempre las amigas más viejas mías y de mi hermana. Somos un grupo inseparable, a pesar de las discusiones de antaño y nuestras vidas adultas ajetreadas de hoy.

Además de la dificultad universal de organizar planes como adultos, los cuatro tenemos que lidiar con la geografía compleja de nuestras vidas. Yo resido en el extranjero, Eleanor vive en Leeds, Lucy está en Burnley y el trabajo de Jemma la lleva por todos lados. Parecía poco probable que conseguiremos nunca reunirnos los cuatro, mucho menos que pudiéramos organizar para que las tres me visitaran en Madrid. A pesar de la casi imposibilidad, el año pasado me encontré en un tren al aeropuerto, ciego de la emoción y con un cartel en la mano que ponía «Smith y Briggs».

Lo que procedió fueron tres días de caos en el mejor sentido posible. Nos pusimos al día con unas cervezas, charlamos durante horas mientras comíamos y rememoramos en mi casa ya llena de gente. Entre conversaciones en bares paseábamos por la ciudad, hablando sin parar como si no hubiese pasado tiempo desde que estábamos haciendo tartas de barro y corriendo por los prados detrás de nuestras casas durante los 2000.

He tenido el gusto de hacer muchos amigos en todo tipo de situaciones y de todos lados del mundo durante mis años, pero ahora me doy cuenta de que Eleanor y yo tenemos la muchísima suerte de seguir contando con Jemma y Lucy como amigas cercana. Con ellas podemos reírnos hasta llorar y ver y rever la película de Pippi Calzaslargas por enésima vez desde que la descubrimos en un VHS medio roto en el salón de los Smith.

Retomar este contacto cercano con mis viejas amigas fue la tónica que necesitaba al llegar al fin del verano del año pasado. Aunque no tenía cómo saberlo en aquel momento, su visita marcó un alto absoluto antes del bajón que estaba por venir. Pero esa historia la dejaré para la siguiente entrada de blog.

Para evitar cerrar de manera negativa este viaje celebratorio, me gustaría extenderles las gracias a Jemma, Lucy y Eleanor por venirme a ver y por su amistad, amor y apoyo. No veáis las ganas que tengo de teneros de vuelta y también me muero por veros en Inglaterra.