Búfalo y Toronto

31.08.24 — Búfalo

Búfalo y Toronto

31.08.24 — Búfalo

Mi visita a Búfalo empezó con un viaje de ocho horas desde Nueva York, durante el cual Kevin se puso al volante y yo me puse a entretenerle con una buena conversación. La chapa que le metí estuvo impulsada por una barrita de chocolate que compré en una gasolinera casi abandonada y que resultó contener una cantidad inquietante de colorantes fluorescentes. Así, arranqué la visita a la casa de Kevin y James como pretendía seguirla: hablando sin parar con mi amiga, la Kevin.

Una vez en Búfalo, concluimos que yo ya había visto y hecho casi todo lo que había por ver y hacer durante mi primera visita, así que el plan resultó ser bastante tranquilo. Salía a pasear, fui a visitar el instituto donde trabaja James como profesor y acabé comprando una cantidad obscena de azucarillos bañados en chocolate en una tienda pintoresca del centro de la ciudad.

Un momento destacado del viaje fue una excursión a Six Flags Darien Lake, un parque de atracciones al que fui con James mientras Kevin trabajaba. A priori, mi objetivo era subirme a todas las montañas rusas nuevas que pudiera, pero también resultó ser una oportunidad preciosa de pasar tiempo hablando con James sin que estuviera Kevin. A Kevin le adoro profundamente, pero sí que es verdad que cuando él y yo nos ponemos a hablar, nos quedamos absortos en nuestro propio mundo de conversación.

Pero hablar sí que acabamos hablando Kevin y yo cuando él me dejó frente al hotel de Toronto en el que pasaría los últimos días de mis vacaciones. Kevin y yo ya habíamos visitado la ciudad canadiense al hacer una pequeña excursión hace unos años, pero esta vez tuve la oportunidad de explorar un poco más, y lo que encontré me gustó mucho.

Desde sus callejones llenos de grafiti hasta la deliciosa comida callejera que se encuentra en sus mercados, Toronto me ofrecía mucho más de lo que jamás me había imaginado. Al explorar la universidad de día y pasear por las orillas del lago de noche, descubrí que la ciudad me recuerda a una versión más europea de Nueva York. Me pareció un sitio que combina lo mejor de estos dos continentes en una oferta vibrante y caótica que me agradó mucho.

Durante estos últimos días del viaje, me enamoré un poco de Toronto, aunque la ciudad intentase matarme. Pasé la última noche entre burbujas al bañarme en el hotel, pero la bañera era honda y el suelo bastante resbaladizo. Te puedes imaginar el circo…