Parece que últimamente estoy metiendo palabrotas en los títulos de las entradas, así que debo de tener algo épico que contar. No puedo revelar que estoy añadiendo este texto de relleno porque solo quiero una excusa para publicar unas fotos bien chulas. Bueno, yo sí las veo chulas. Pero estaba claro que me lo parecerían: siempre me ha fascinado la iluminación. Aunque ya volveremos a este tema.
God’s Own Junkyard suena a algo que encontrarías en Estados Unidos y luce como algo que arrasaría en TikTok. Su colección de luces coloridas es el fondo perfecto para unos influencers miserables en busca de alimentar los algoritmos con más porquerías, mientras estos intentan chuparnos hasta la última gota de dopamina. Estoy seguro de que este lugar ha salido en redes sociales en algún momento, porque, si no, no sé cómo habría llegado a enterarme de su existencia hace unos años.
Fuera como fuera, se quedó en mi lista de experiencias pendientes hasta este verano. Fui a Londres para visitar a Rhea y tuve que entretenerme por mi cuenta los días que ella trabajaba. Cuando mi tren llegó a la estación de King’s Cross, repasé mi Google Maps en busca de lugares etiquetados como «quiero ir». God’s Own Junkyard destacaba como una chincheta solitaria en una esquina del mapa, pero, al abrir su ficha y ver qué era, supe que tenía que ir.
Dos días después me encontraba en un hangar en el norte de Londres, mirando boquiabierto una colección de neones antiguos. Sabía que este sitio tenía todo lo que me gusta: luces, colores y un bar donde picar algo. Lo que no sabía era que también me ofrecería la posibilidad de echar unas partidas por poco dinero en un par de máquinas de pinball antiguas. Estaba —y siento que no exista mejor manera de decirlo— en mi puta salsa. Todas estas cosas son pasiones mías, pasiones que me acompañan desde que tengo memoria. Espero que la palabrota quede justificada. Lo siento, papá.
Mientras deambulaba entre las piezas y hablaba con el dueño, algo se revolvió dentro de mí. Volví a conectar con una pasión por la iluminación que nunca llegué a desarrollar del todo y que, sin embargo, tampoco he explorado tanto como me gustaría. Esto es lo que me encanta y esta es mi gente. Por ahora no tengo tiempo para construir un mundo entero alrededor de mi pasión —como ha hecho este señor— pero sí debo abrazarla y disfrutarla todo lo que pueda.




