La visita de Ellie

28.10.22 — Madrid

Después de la visita de mis padres hace unas pocas semanas, volvió a tocar que diera la bienvenida a otra familiar. Esta vez fue el turno de mi hermana, Ellie, que me vino a visitar. Igual que mis padres, ha visitado Madrid unas cuantas veces ya, la última vez hace un año más o menos, pero siempre da gusto que venga a pasar un rato para que hagamos cosas chulas y relajadas juntos por la ciudad.

Llegó por la tarde y se acercó a mi oficina, donde tuve que acabar un día ajetreado en el trabajo. Después salimos juntos y volvimos a mi piso, donde teníamos un plan relajado por casa. Vino Pedro, abrimos una botella de vino y los tres acabamos conversando tanto que ¡casi se nos olvidó meter los canelones caseros al horno!

Pasamos una noche de muchas risas y mis canelones de espinacas y ricotta estuvieron bastante ricos, aunque lo diga yo. Supuso un milagro que se hicieran, ya que la noche anterior me encontré dando vueltas por Madrid visitando seis supermercados distintos al ver que se había gastado la ricotta en Mercadona. ¡Una pesadilla

El día siguiente empezó con una vuelta por el río tras quedarnos dormidos algo tarde. Volvimos a casa para comer, donde preparamos una ensalada caprese, humus casero y alguna cosa más. Descansamos por casa para recuperar fuerzas para nuestro plan después que nos llevaría fuera del centro de la ciudad.

Los colores otoñales están brotando y todo se ve muy bonito.

Una de las actividades que nos gusta hacer a Ellie y a mí es visitar un parque al sur de Madrid para ver el atardecer. Echamos unas latas y algo de picoteo a una bolsa y nos subimos al bus, donde se unieron Luis y una amiga suya que se habían apuntado al plan.

Nos lo pasamos fenomenal en el parque. Cuando Ellie se comió una pipa entera (es decir, con su cáscara), Luis se encargó de enseñarle cómo se hace aquí en España. Compartimos unas bebidas y vimos cómo se puso el sol sobre la silueta de la ciudad. Luego empezó a hacer algo de fresco así que nos acercamos al metro y de allí al centro.

Para tomar algo y luego cenar fuimos a dos de mis sitios favoritos por Antón Martín. El primero es un bar que cuenta con un interior de los años sesenta, un ambiente muy agradable y unos cócteles muy buenos. Desde allí, pasamos a un bar vasco para tomarnos unos pinchos y acabar nuestra noche de risas y cotilleo.

El día siguiente Ellie y yo fuimos al centro de Madrid para echar un ojo a las tiendas y mimarnos un rato. Luego subimos a la azotea de El Corte Inglés en Callao, pero el sitio estaba algo pegado así que al final volvimos a bajar a la calle y seguimos con las compras hasta cansarnos y bajar al lago de la Casa de Campo.

Compartimos una jarra generosa de sangría por las orillas del lago ya que teníamos que hacer un poco de tiempo antes de nuestro último plan del día. Al llegar la hora, volvimos al centro en el metro para ver el atardecer desde un mirador al lado del palacio real y la catedral de la Almudena.

Ellie se quedó contenta al encontrar unos nuevos sabores de chocolatina.

El atardecer desde el sitio fue tan bonito como siempre. Vimos cómo cambió el cielo de azul a naranja brillante y luego cómo pasó a formarse de matices de morado y rosa al avanzar la tarde. Todo esto enmarcado por el palacio y la catedral – ¡una manera estupenda de ponerle lazo a otro día!

Me encantan estas fotos y los colores creados por la luz de la tarde.

El día siguiente habíamos quedado en hacer unas tortitas caseras, así que pasamos la mañana friéndolas, rellenándolas con fruta y luego empapándolas con una cantidad generosa de sirope de arce de Vermont que me había regalado la madre de Megan cuando fui a visitarles en los Estados Unidos.

Tras nuestro desayuno pesado, Ellie y yo preparamos la comida para nuestro picnic y fuimos a coger el autobús hasta el Parque del Retiro. Buscamos un hueco en nuestra zona preferida del parque que tiene vistas sobre el estanque y nos sentamos para pasar unas horas picando, leyendo y conversando.

Una vez llenos de comida y cansados por el sol, recogimos nuestras cosas y salimos del parque. Al final echamos el viaje de vuelta a casa entero en pie para poder pasar por y así ver otros sitios bonitos por el camino. Descansamos un buen rato en el piso antes de salir a cenar, ¡una cena a la cual se apuntó Luis otra vez!

Nuestra cena en el restaurante italiano local fue tan graciosa como fue deliciosa, con un par de botellas de vino (compartidas, por supuesto) obligándonos a intentar recrear unos vídeos que había visto Luis en Instagram. Estos consistían en un truco de magia en el cual Luis levantó una servilleta para luego bajarla a revelar que se había cambiado por mí. Esto nos salió algo mal: Luis acabó en el suelo ¡y yo casi me caí también de la risa que esto me provocó!

El día siguiente decidimos tomarnos las cosas con calma de nuevo y preparamos unos batidos de fruta en casa a modo de desayuno. Nuestro plan original había sido alquiler unas bicis, pero no nos apetecía al final así que optamos a dar una vuelta tranquila por el río en su lugar.

El viaje entero fue una experiencia bastante tranquila.

Acabamos tomando algo rápido antes de volver a casa, donde nos echamos la siesta antes del plan que teníamos para esa noche. Nos reunimos con Sara en un bar local para cenar algo y tomar unas rondas de copas, después del cual pillamos un taxi y nos acercamos a mi karaoke favorito. A pesar de que Ellie no entendiera la mayoría de las canciones, lo dio todo y hasta le liaron unos chicos para que cantara una canción en español. ¡Fue muy gracioso!

Los dos nos encontramos un poco regulares el día siguiente, así que pasamos la mayoría de él descansando por casa antes de eventualmente encontrar las fuerzas para salir a dar una vuelta por la ciudad. Pasamos por una tienda para que Ellie pudiera comprarse algo que había visto unos días antes y luego pasamos por el palacio real y el oeste del centro para ver el atardecer.

Esta vista desde el palacio real es una pasada con la sierra en el fondo.

Luego Ellie se fue el día siguiente por la madrugada y a mí me tocó volver a trabajar tras unos días de diversión tranquila. Me encantó volverla a coger en casa y ponerme al tanto con todo el cotilleo y noticias. Hoy en día se encuentra igual de liada que yo, siempre está viajando y haciendo de todo, así que nos suele tocar actualizarnos con todo lo pasado cuando por fin nos vemos.

A pesar de su salida, casi no pude descansar nada, ya que me tocó volver a prepara mi casa para recibir a otra visitante tan solo dos días después de que Ellie se fuera – ¡pero ya tocaré ese tema en la siguiente entrada de blog!

Al volver mis padres al Reino Unido, tenía una plenitud de otros planes entretenidos para mantenerme ocupado. Tras mi viaje a los Estados Unidos y Canadá, había decidido hacer más cosas y vivir más experiencias, ¡así que no dudé en apuntarme a un concierto de Arcade Fire con Carmen!

Quedamos una tarde en un bar ajetreado justo al lado del Wizink Centre, el auditorio principal de Madrid en el que había ido a ver a Queen con Danni en verano. Nos tomamos un par de cañas para animarnos un poco y luego salimos con el resto de la gente al acercarse la hora del concierto

Resultó que nuestras butacas se encontraban a lo alto de los vomitorios, pero me quedé contento ya que eso significaba que podía disfrutar del espectáculo de luces en su totalidad. Si me conoces sabrás que me encanta fijarme en la iluminación durante cualquier evento en vivo. Luego salió Arcade Fire al escenario y empezaron a tocar una serie de unas de sus canciones que más me gustan junto con unas joyas nuevas que descubrí en vivo.

Fue una experiencia brutal, desde el estilo único del grupo que mezcla todo tipo de estilos al espectáculo visual del escenario y la iluminación. Cambiaban entre el escenario principal y una plataforma más pequeña en medio de la pista, llegando hasta allí pasando directamente por el público. ¡Fue una verdadera pasada, Carmen y yo lo pasamos súper bien!

El siguiente finde tenía otro plan. Esto supuso un viaje con un amigo al Parque Warner, un parque de atracciones enorme en las afueras de Madrid que visitamos Danni y yo por primera vez el año pasado. Al final no podía venir mi amigo porque se encontraba malo, pero en un momento de espontaneidad e improvisación llamé a otro amigo que vive cerca de mí. ¡Apenas le dio tiempo para vestirse y bajar a coger el autobús conmigo y así acompañarme en esta excursión!

Le lié para que se subiera a esta conmigo, lo cual no le sentó muy bien.

La atracción de Superman fue nuestra favorita: ¡nos subimos cuatro veces!

Nos divertimos mucho en el parque. Entre los momentos graciosos se destaca la comida, durante la cual nos echamos a reír al ver a una familia en la terraza volverse loca y empezar a sacudir las manos y gritar mientras les atacaba una abeja bien persistente. No podíamos parar de reír mientras les veíamos entrar en pánico, cosa que igual debería hacernos sentirnos mal, pero bueno, podían haberse cambiado de mesa…

El resto de las atracciones también fueron una pasada, todas menos una de agua a la que Álvaro quería subirse. Esta nos empapó por completo. Tuve que controlarme bastante para no acabar soltando todo tipo de barbaridades a lo largo del viaje dolorosamente lento durante el cual nos rocían con agua los espectadores, los chorros de agua y otros instrumentos de la tortura.

Al acabar el día nos acercamos al espectáculo de la Loca Academia de Policía. Había visto este cuando visité con Danni, pero los trucos que hacen con los vehículos y la comedia mala eran igual de divertidos esta segunda vez.

El sol se puso durante el espectáculo, pero aún gozábamos de temperaturas de los finales de verano así que podíamos seguir disfrutando de la oferta del parque hasta su cierre. Dimos una última vuelta por el parque, subiéndonos a otra montaña rusa y luego perdiéndonos el desfile nocturno gracias a la app que ponía una hora que no era. ¡Vaya!

Saliendo del parque y su bonita iluminación nocturna, tuve que esperar apenas una semana para mi siguiente experiencia en un parque de atracciones. Para esta excursión, me acerqué al Parque de Atracciones (vaya nomenclatura más aburrida) en la Casa de Campo. Allí me reuní con mi compañera María y los dos echamos un día súper divertido. Nos subimos a todas las atracciones múltiples veces y gozamos al máximo las 10 horas de apertura.

Uno de los momentos más graciosos fue en la atracción en la que estoy sentado en la foto de arriba, una maquina que giraba por los cielos sobre Madrid y que ofrece algunas de las mejores vistas sobre la ciudad y la sierra. La experiencia se nos hizo muy graciosa ¡y estuvimos riendo de principio a fin!

Otro momento destacado tuvo lugar en los rápidos. Había convenido a María a que me acompañara en la atracción y luego conseguí liarla a que se quedara para dar otra vuelta ya que no había cola cuando volvimos a la estación. Grabé este segundo viaje en su totalidad, durante el cual María fue calada por una ola desgraciada. Incluiría el vídeo aquí, pero mejor que no lo haga por pena de muerte…

Bueno, con todo esto, pongo fin a otra entrada de blog y sigo poniéndoos al tanto con todo lo que he hecho últimamente. Estáte al loro para la siguiente, ¡espero no tardar mucho!

Toledo con mis padres

25.10.22 — Toledo

Tras volver de la boda de Andrea y Andrei en Asturias, me quedaba una semana de trabajo antes de que comenzara mi próxima aventura: ¡esta vez con la compañía de mis padres! Habían volado desde el Reino Unido para pasar unos días conmigo en Madrid tras mi visita a Inglaterra en verano, ¡y teníamos unos planes interesantes en mente para el viaje!

Llegaron a la estación de Atocha al acabar yo el trabajo, así que me acerqué con prisa para reunirme con ellos en la sala de llegadas. Reunidos, los tres nos acercamos a mi piso y salimos a tomar algo y cenar, para lo cual conseguimos una mesa en una terraza popular en mi barrio local.

Nos lo pasamos muy bien poniéndonos al día y compartiendo unas raciones ricas, pero no nos quedamos hasta muy tarde ya que teníamos un plan intenso para el día siguiente. Este plan se puso en marcha con ganas al llegar nosotros a la estación de tren para coger un viaje a Toledo.

Habían pasado bastantes años desde la última vez que visité la antigua capital. Sería apenas la segunda vez que visitaba la ciudad, así que me aseguré de pedir unos consejos y recomendaciones a mis amigos y compañeros para averiguar los mejores sitios para visitar y comer.

La estación de Toledo luce muy bonita pero no es tan antigua como puede parecer.

Después de llegar a la estación de tren bonita, empezamos la subida en pie hasta la cima de la ciudad. Las vistas al cruzar el puente sobre el río eran bastante espectaculares, pero en nada nos tuvimos que enfrentar con la cuesta arriba hacia el caso histórico. ¡Menos mal que llevábamos abundante agua!

Una vez llegados a la cima, empezamos a explorar las calles medievales de Toledo. En nada ya andábamos un poco cansados y calientes así que optamos parar a tomar algo en una terraza pequeña que una compañera mía había recomendado. Desde allí partimos a explorar un poco más antes de llegar al restaurante que habíamos reservado para comer.

Comimos en una cervecería que también venía recomendada por mi compañera de trabajo. Probamos una selección de platos locales, desde una ensalada al perdiz. Todo fue delicioso y fue servido en un ambiente muy agradable en la antigua bodega. ¡Las cervezas artesanales también estaban bien ricas!

Tras la comida, continuamos con nuestra excursion por las calles inclinadas de la ciudad y al final acabamos en la entrada de la catedral enorme. Mi padre tenía ganas de explorar su interior, así que pillamos unas audioguías y nos metimos en el espacio cavernoso que solo había visto desde fuera la última vez que visité.

Como bien se ve en estas fotos, la catedral es absolutamente espectacular. Es un sitio bonito desde fuera, pero en su interior me quedé atontado al ver la variedad y el detalle de sus maravillas arquitectónicas y esculturales. Esta sensación de intriga y asombro creo que la experimenté por última vez cuando visité la mezquita en Córdoba.

Habíamos entrado queriendo ojear el sitio durante cinco minutos, pero al final acabamos pasando una hora y pico escuchando la guía y traveseando el espacio vasto. Fue una experiencia muy interesante y nutritiva a pesar de la voz de la audioguía que se me hacía un poco melodramática – ¡y eso que lo digo yo!

El espacio fue asombrador en su grandeza y ornamentación.

Después de cansarnos bien en la catedral, devolvimos las audioguías y volvimos a explorar las calles. Nos topamos con una tienda que vendía dulces y mazapanes tradicionales, así que compramos una bolsa de ellos de la monja que estaba trabajando allí, cosa que le hacía mucha gracia a mi madre.

El día se nos estaba pasando volando y andábamos un poco agotados, así que nos plantamos en otra cafetería por el camino para tomarnos una copa de vino y unas tapas mientras mirábamos el mundo pasar. Allí pedí un taxi para que nos llevara a otro sitio que me habían dicho que valdría la pena visitar.

A pesar de ver la catedral increíble, creo que esta foto es la mejor que saqué en Toledo.

Resulta que vale muchísimo el viaje y el precio del taxi. El mirador ofrece vistas panorámicas sobre la ciudad desde una colina que la avecina. Pasamos un buen rato empapándonos en las vistas y el ambiente mientras veíamos cómo el sol de la tarde bañaba los edificios con su luz dorada.

Lo único que nos impulsó a salirnos de allí que el miedo de perdernos el tren de vuelta a Madrid. Bajamos el camino hasta la estación en pie, una elección que nos permitió disfrutar de más vistas pintorescas sobre la ciudad desde el camino por las orillas del río.

La ciudad impresionante se ubica entre un paisaje igual de dramático.

Ya de vuelta a Madrid, nos acostamos temprano para poder disfrutar del domingo. El plan era hacer un picnic bajo el sol veraniego, así que pasé la mayoría de la mañana preparando la comida. Hice una ensaladilla casera con gambas según la receta de mi compañera y también una ensalada y varias otras cositas. Llevamos todo al Parque del Oeste y disfrutamos de nuestro pequeño bufé entre los colores otoñales del arbolado.

Disfrutamos la tarde en el parque antes de regresar a casa para pasar una noche tranquila allí. ¡Había sido un fin de semana ajetreado y las subidas y bajadas de las calles toledanas nos habían dejado cansados! Este descanso siguió hasta el lunes, cuando pasamos nuestra última tarde juntos en un bar local donde ya me conocen por ir tanto.

Me despedí de mis padres la mañana siguiente al dejarlos en un taxi a primerísima hora para que pudieran coger su vuelo de vuelta a Inglaterra. Fue un gusto volverlos a acoger en casa y ahora tenía ganas de seguir haciendo cosas en los días siguiente. No había descanso para mí ya que tenía muchos más planes que disfrutar con el avance de la semana – ¡pero todo eso y más os contaré en la próxima entrada de blog!

La boda de Andrea y Andrei

17.10.22 — Oviedo

Después de aterrizar en España y ponerme al tanto con mis amigos por Madrid, era hora de que fuera a vivir una de las primeras aventuras fuera de la ciudad. Esto me llevó a Gijón donde tenía que asistir a un evento muy importante: ¡la boda de Andrea y Andrei!

Me subí al coche tras trabajar el viernes y me pasé un viaje muy agradable con la conductora, Ana, con la que había viajado a Gijón cuando pasé mi cumpleaños por allí en Abril. Nos echamos unas buenas risas en el viaje hasta llegar a una gasolinera en Asturias. Cami me vino a buscar allí y nos acercamos a la ciudad.

Ya que había llegado relativamente temprano, teníamos tiempo para ir a la playa y cenar juntos por el centro de la ciudad. Eso hicimos y me gustó mucho poder ver el atardecer rosa sobre el mar gijonés antes de irnos a comer unos platos ricos de sushi.

También nos topamos con unas celebraciones callejeras gracias a las fiestas locales. Seguimos el sonido de una banda y unos tambores enormes hasta la plaza mayor de Gijón, en donde nos encontramos con una oportunidad de sacarnos una foto que no podíamos perder…

Es un secreto, pero Cami y yo realmente somos un par de niños asturianos de hace un siglo.

El día siguiente llegó y con él el gran evento. Pillamos un taxi con David, que había sido invitado a ser un padrino en la boda, hasta el hotel donde se estaban preparando los novios. Infiltré la habitación donde Andrea se estaba maquillando y me tomé una cerveza con las otras madrinas: ¡Cami también era una de ellas!

Cuando estaba todo el mundo preparado, cogimos otro taxi al sitio de la boda. Nos tomamos una copa de vino antes de sentarnos para asistir la ceremonia, que fue muy bonita y única, con lo cual encajó perfectamente con la pareja. Hubo unos momentos bien graciosos durante los discursos de los familiares y los amigos de los novios. Después de echarnos unas risas, salimos de debajo de la carpa y empezaron los canapés.

¡Cami lucía absolutamente resplandeciente como madrina!

Arrancamos la tarde con unas copas de vino y canapés en los jardines delegar. ¡Probé unos quesos, carnes y mariscos locales que estaban buenísimos! Luego nos sentamos a comer, que consistió en unos cinco platos deliciosos.

Después de la comida, nos unimos en la pista de baile para ver el primer baile de la pareja, después del cual se abrió la barra libre y el DJ empezó a pinchar. Bailamos un poco, salimos fuera a hablar y luego acabamos comiendo aún más al servirse una selección de canapés y platos a modo de cena.

La noche llegó a su fin en la madrugada con una rendición tradicional de ‘Asturias’, una canción que vive en los corazones de todo asturiano y asturiana. Nosotros queríamos seguir de rumbo, así que nos subimos a un coche ¡y nos acercamos al centro de Oviedo para que siguiera la fiesta!

Después de cantar y bailar en un club entre las fiestas que mencioné antes, nos costó bastante encontramos un taxi pero al final conseguimos conseguir un viaje a Gijón para descansar bien en casa. El plan nos salió bien, porque a pesar de los gin tonics ilimitados, me había controlado y había tomado bastante agua entre copas.

Esto significó que podíamos aprovechar del domingo, así que bajamos a la playa otra vez para dar una vuelta y comer. Acabamos mi viaje con un bol de ramen delicioso y una cerveza en otro restaurante japonés que conocía Cami. De allí, me acercó a la estación de tren y me fui de vuelta a Madrid.

El paseo marítimo de Gijón es el lugar perfecto para echar la tarde.

Fue un honor ser invitado a participar en la boda de Andrea y Andrei, así que he de darles las gracias a los dos por dejarme formar parte de sus celebraciones. También quería agradecerle a Cami por dejarme quedar en su piso bonito en Gijón – ¡es el sitio ideal para escapar de la locura que es la vida madrileña!

La vuelta a España

13.10.22 — Madrid

Tras un viaje de un mes entero por los Estados Unidos y Canadá, por fin volví a Europa con mucha energía. Después de hacer tanta cosa por las Américas, tenía ganas de hacer todo tipo de planes y mantener el rumbo vacacional en mi ciudad de Madrid.

Lo primero era ponerme a tanto con todos mis amigos que llevaba un mes sin verlos, así que quedé unas cuantas tardes para tomar algo por la ciudad. ¡Si había echado de menos algo fue el concepto de las cañas!

El sol veraniego aún estaba tiñendo mi barrio de oro.

Otra tarde fui al Real Jardín Botánico con Sara. Llevaba diciendo que tenía que visitar este sitio desde la primera vez que visité Madrid pero no lo había hecho, así que quedamos allí ya que la entrada era gratis ese día.

Ojeamos bien las plantas y las exhibiciones, pero era una época algo regular para visitar. Las floraciones del verano ya habían pasado y aún no habían cambiado las plantas veraniegas con las de invierno. Sí que me gustó una exhibición fotográfica que tenían montada en uno de los edificios, así que anoté el nombre de unos fotógrafos que me habían molado.

Al salir del jardín, pasamos por las afueras del Museo del Prado que lo avecina y subimos al Barrio de las Letras para tomar algo y ponernos al tanto. Como siempre nos echamos un buen rato hablado de todo el cotilleo y nuestras aventuras en verano.

El Prado lucía resplandeciente en el sol de la tarde.

Otra tarde de esa misma semana me reuní con Hugo, Sergejs y unos amigos más para cenar fuera y celebrar el cumpleaños de Hugo. Fuimos a un restaurante en el norte que era una parrillada americana – algo que se me hizo irónico ya que había aterrizado de los Estados Unidos unos pocos días antes.

Nos lo pasamos pipa en el sitio, donde un amigo de Hugo conocía a una de las camareras por haber trabajado juntos en el pasado. Compartimos unos platos ricos de carne y unas cuantas copas, ¡durante las cuales nos regalaron unos postres a modo de regalo al cumpleañero!

Para seguir celebrando, quedamos en hacer un picnic ese finde. A pesar de los postres ricos del restaurante, yo pensaba que no sería un cumpleños sin tarta, así que hice un pastel tradicional británico para que lo probáramos todos en el río. También me corría prisa hornear una tarta ya que se me iba a caducar la harina especial que me compré en un supermercado británico en Murcia – ¡es una faena encontrarla aquí en España!

Me salió bien gracias a la harina británica especial.

En otro ejemplo de yo hacer algo que tenía que haber hecho hace ya tiempo, me compré un casco para usarlo mientras me subo en bici por la ciudad. Lo empecé a usar en mis vueltas a casa en bici, pero también eché unas tardes aprovechando el tiempo más tolerable para andar por la ciudad. Una de esos caminos me llevó al Campo del Moro, otro sitio icónico de Madrid que tampoco había visitado jamás.

El siguiente finde volví a salir con Sara, pero esta vez nos acompañaron su novio y unos amigos que estaban de visita desde Asturias. Quedamos por el centro para tomar algo pero al final acabamos cenando en un restaurante en el norte de la ciudad, en donde cené un salmón delicioso y unas copas.

Mi próxima aventura me llevó a Arganda del Rey, un pueblo en las afueras de Madrid. Luis es de allí y su familia sigue viviendo allí, así que cogí el coche con Carmen para reunirme con él y unos amigos más. Cenamos por Arganda y luego nos acercamos al evento principal: ¡las fiestas!

Llevaba desde julio sin ir a unas fiestas de pueblo, así que ya era hora de que volviera. Nos metimos dentro de la feria, donde pillamos unas cubatas y nos acercamos a la pista de baile para esperara a que saliera el amigo de Luis que iba a pinchar.

Nos pasamos una noche fenomenal en las fiestas, bailando y riéndonos hasta cansarnos y luego zampando unos bocadillos enormes de chorizo y morcilla. Como yo era la única persona del centro de Madrid en el grupo, acompañé a Luis a casa donde me dejó una habitación libre para que durmiera allí.

La mañana siguiente me desperté con algo de dolor de cabeza, pero la chica venezolana que cuida a los padres de Luis puso solución a esto con unos tequeños caseros recién fritos. Luis y yo echamos un buen rato en su jardín pintoresco comiéndonos estas delicias mientras nos tomamos un Colacao para aliviar un poco la resaca.

El jardín fue un lugar bonito con una sombra bienvenida creada por las viñas.

Después salimos al centro de Arganda del Rey, donde las calles estaban eléctricas gracias a las fiestas y las preparaciones para el encierro. Bueno, a mí me encantan muchas facetas de la cultura española, pero la tauromaquia no figura entre ellas. Aún así, es verdad que me fascinaba ver como existe una infraestructura permanente para poder montar las vallas y muros.

Mi finde en Arganda llegó a su fin con un helado y un viaje caluroso en coche con Luis de vuelta al centro de Madrid. Me dejó en el portal de mi casa y pasé lo que quedaba del día vagueando por allí y dándome pena gracias a la resaca que no se me quitaba.

Esto no supuso el fin de mis aventuras de verano en España, pero tendré que dejar la próxima historia para otra entrada de blog. ¡Hay mucho que contar tras escribir trece entradas acerca de mi viaje por las Américas!