Titular una entrada de blog con el nombre de toda una estación puede parecer amplio de más, pero esta primavera ha sido especialmente ajetreada. Durante este periodo de viajes y encuentros con amigos, apenas he tenido tiempo de sacar ni una foto, mucho menos de parar y reflexionar sobre estas vivencias. Aun así, esto supone mi intento de sintetizar estos meses tan locos.
Mi cumpleaños marcó el comienzo de la primavera, un hito que celebré en mi país natal. Pasé unos días en Londres con Rhea antes de visitar Thorpe Park (un parque de atracciones) por primera vez. Más allá de conseguir algunos créditos nuevos de montaña rusa con Danni y Abi, comí por primera vez en Nando’s, una cadena de restaurantes de pollo especiado que es mítica en Inglaterra. A todo el mundo le parece bien raro que yo haya tardado hasta mis 29 en probarlo.
Al volver a Madrid, tuve un reencuentro con mis padres, que llegaron justo a tiempo para celebrar San Isidro y también para celebrar un horrible resfriado que se me había pegado. Desafiando los mocos, me tomé unos analgésicos y logré acompañar a mis padres a la orquesta de mi barrio para bailar uno o dos chotis, lo cual me hizo mucha ilusión.
Unos pocos días después, volví al Reino Unido, esta vez al norte, donde pasé unos días en familia. Regresé a España para luego volver a Inglaterra apenas dos meses después, en un viaje que me llevó de nuevo a Thorpe Park para celebrar el cumpleaños de Danni en nuestras atracciones favoritas.
Entre todo este lío, descansaba en los parques y zonas verdes de Madrid. Fue en esos momentos cuando saqué la mayoría de las fotos que se ven aquí. Así pude aprovechar el clima ameno de la primavera, ya que el calor que nos azota todos los veranos te obliga a quedarte en casa o a huir de la ciudad por completo…
Visita familiar
15.04.24 — Madrid
Visita familiar
15.04.24 — Madrid
Puede parecer raro que, después de tantos años viviendo en Madrid, nunca se me hubiera presentado la ocasión de recibir a mis padres y a mi hermana a la vez. Como mi madre y mi padre siguen trabajando y mi hermana anda inmersa en su doctorado, simplemente no había ocurrido. Bueno, no había ocurrido hasta ahora.
Tras recogerlos en el aeropuerto, los cuatro nos apretamos como sardinas en mi piso de una sola habitación, y así comenzó la prueba definitiva de nuestra dinámica familiar. Cedí mi cama a mis padres y mi hermana y yo nos quedamos en el sofá cama. Al final lo llevamos bastante bien, gracias en gran parte a la restrictiva política de equipaje de Ryanair: nadie tuvo la oportunidad de llenar mi casa de cachivaches que estorbaran…
Bromas aparte, nos lo pasamos genial. Pasamos los días comiendo, bebiendo y callejeando por la ciudad en modo familiar. Nos quedamos por mi barrio, pero también nos fuimos a explorar zonas con más caché. Entre los momentos destacados, una cena italiana en el barrio pijillo de Salamanca y una vuelta en bici hasta el río para ver el amanecer con mi hermana. No me había levantado tan temprano desde el desfase horario que arrastré tras mi viaje a Japón, aunque lo arreglé fácilmente con una buena siesta…
Empeñado en que todos disfrutaran, me aseguré de cumplir con los gustos de cada uno: el Mercado de San Miguel para mi madre, la pizzería NAP para mi hermana y unas calles cualquiera para mi padre. Él siempre es capaz de encontrar rincones y detalles interesantes que fotografiar en los lugares más anodinos.
A pesar del aire fresco de marzo y de unos cielos nubosos que amenazaban con fastidiarnos los planes, tener a toda la familia junta durante unos días fue un auténtico placer. Puede que yo sea la oveja negra por haberme ido a miles de kilómetros, pero momentos como estos, en los que podemos reunirnos y hacer algo distinto, hacen que la distancia merezca la pena. Ojalá vuelvan pronto los tres.
Cambios
08.04.24 — Madrid
Llevo un buen rato sin publicar nada por aquí. Mi anterior entrada de blog explicó como yo estaba ya necesitando un descanso para repensar cómo seguir gestionando esta web, un proyecto de una década ya. Hoy vuelvo con unas noticias: una buena y otra mala. Voy a tener que ir en contra del patrón normal y empezar con la noticia buena y seguirla con la mala, porque la conclusión a la que he llegado me obliga a contároslas en ese orden.
Entonces, empecemos con lo bueno.
Creo que he conseguido la manera de hacer que mi blog sea mucho más sostenible a largo plazo. Este cambio supondrá dar una vuelta al formato de las entradas, dejando atrás la combinación actual de texto e imágenes y moviendo hacia un modelo con menos texto y una selección más cuidada de fotografías. Puede sonar como las entradas de blog van a pasar a ser menos cautivadoras, pero estoy seguro de que no será así. Me emociona mucho el reto de comprimir toda la información que suelo compartir para que quepa en unos párrafos más cortos. También me emocionan todas las posibilidades presentas por un nuevo formato de mostrar las fotografías.
Ahora, lo malo.
Para poder realizar este cambio, voy a tener que esperar a que esté listo el diseño de mi nueva web. Este nuevo formato necesita imágenes de mayor resolución, una plantilla completamente nueva y otras tecnologías que simplemente no existen en mi web actual. Esto hace que lo más probable sea que tenga que dejar de publicar en mi blog hasta, por lo menos, el final del año. Detrás de la escena, estoy haciendo todo lo que pueda para finalizar el nuevo diseño y empezar con el desarrollo técnico, pero aún queda bastante por hacer antes de arrancar con la programación.
Entonces así se queda la cosa. Tengo muchas ganas de retomar mi ritmo habitual de publicar en este nuevo formato, pero tanto vosotros como yo vamos a tener que esperar un rato para que esté listo.
Mientras escribo esto, sentado en un avión de Oslo a Madrid y viendo un atardecer muy rojo sobre el oeste de Francia, se me ha ocurrido una idea. Para que os entretengáis hasta el relanzamiento del blog, voy a lanzar una nueva página con una lista completa de todas las entradas de blog que he escrito jamás. Así, podréis repasar los once años de contenido que ya tengo aquí subido. A ver si lo llego a hacer a tiempo…
Resulta que sí. Encontrarás esta nueva página aquí. ¡Espero que os guste!
Los tiempos van cambiando
01.04.24 — Madrid
Son once años ya los que llevo escribiendo mi blog.
Empecé al empezar mi carrera en 2013. En aquel momento buscaba contar con un espacio online en el que podría demostrar que yo no solo era el listado de experiencia profesional en mi curriculum. Quería que mis futuros empleadores supieran que hago otras cosas en mi tiempo libre, que tengo otros intereses: viajar, cocinar, fotografiar, escribir, tejer y muchas cosas más.
Empecé con el objetivo de salir con una entrada por día, una propuesta bastante absurda en retrospectiva. No obstante, logré seguir este ritmo durante unos meses, publicando un par de fotos por día con un texto acompañante que escribía apresuradamente.
Naturalmente no podía mantener esto para siempre, así que al final reduje la frecuencia a una entrada por semana. Con el tiempo, esta regla fija se relajó. Empecé a publicar siempre y cuando tenía algo de interés que contar: a veces multiples entradas por semana, a veces una entrada por mes.
Este ha sido el formato que se me ha quedado durante los últimos diez años o así. Poco ha cambiado. Es verdad que lancé la capacidad de buscar mis entradas por destino (en inglés) y empecé a meter alguna que otra entrada más reflexiva o incluso prosa ficticia, pero el formato en general ha seguido siendo el mismo.
Una cosa que sí ha cambiado ha sido el nivel de detalle que incluyo en cada entrada. Lo que antes eran unas fotos con un poco de texto explicativo se ha convertido con los años en unos recuentos detallados de mis aventuras con imágenes más cuidadas y editadas. También empecé a publicar todo en español, como esta misma entrada. Estos cambios suman a que cada entrada me lleva más tiempo en escribir, traducir y publicar.
En resumen, el blog me chupa mucho tiempo.
Recientemente estoy intentando usar este tiempo para hacer otras actividades. Me estoy aficionando al gimnasio, estoy disfrutando mucho de la natación y estoy reservando más tiempo para gozar de las cosas más sencillas: cocinar, leer y pasar tiempo con amigos. También tengo en marcha alguno que otro proyecto personal. Estos me tienen emocionados, pero desvelaré más sobre ellos cuando estén más avanzados.
Como te puedes imaginar, no puedo con todo a la vez. Algo tiene que ceder.
Aquí entra el blog. No puedo seguir con el alcance y detalle que siempre he intentado mantener, así que estoy revaluando el formato y la frecuencia con la que publico. Esto significa que estaré publicando menos a menudo, pero también espero que signifique que publicaré contenidos de mejor calidad.
Mi idea a partir de ahora es no empeñarme tanto en explicar los detalles pequeños de lo que he estado haciendo, sino cambiar a un resumen más entretenido de los mejores (y peores) momentos de mi vida cotidiana, mis viajes y mis otras travesuras – ¡de los cuales habrá aún más este año!
Es verdad que me encanta sacar fotos y que me encanta escribir, así que no existe riesgo ninguno de que deje el blog abandonado en ningún momento. Solo me hace falta reimaginar el formato un poco para que no esté constantemente consciente de la cantidad de fotos y noticias sin publicar. Quiero disfrutar de escribir en mi blog de verdad, no preocuparme siempre por el listado creciente de entradas pendientes.
Por eso, los tiempos van cambiando, pero al final no están cambiando tanto.
Hora de celebrar
31.03.24 — Madrid
Últimamente voy con bastante retraso a la hora de escribir el blog, ya que me encuentro ocupado con la programación de mi nueva web y otros proyectos personales que comentaré cuando ya estén un poco más desarrollados. Por ahora, tengo que ponerme al día por aquí, cosa que arrancamos con otra boda más.
Esta vez le tocó a mi excompañera Teresa celebrar su gran día, una celebración que reunió a compañeros presentes y pasados aquí en Madrid. María y yo nos acercamos a la casa de Julia por la mañana, donde los tres nos pusimos elegantes. Yo me trajeé para la ocasión, con el único drama siendo el momento de terror cuando los gemelos que había comprado no cabían en los ojales de mi camisa. Un poco de labor manual de Javier y Julia los colocó en su sitio, con lo cual nos encontrábamos listos para salir.
La ceremonia tuvo lugar en una iglesia espléndida y se siguió por un viaje en bus hasta El Pardo para tomar los canapés y una copa antes de la comida. Esta acabó con una sorpresa final: Teresa y José repartieron tarjetas de bingo y Teresa cogió el micrófono para leer los números en alto con su mejor voz de profesora.
Te puedes imaginar la sorpresa que tuve al ver que me quedaba un solo número, el 27, y luego que fuera justo el número que cantó Teresa. Me puse en pie gritando «¡bingo!» y luego me asombré al verme presentado con una pata de jamón a modo de premio. Nunca he tenido un jamón entero, pero ahora siento que el proceso de yo españolizarme avanza cada vez más rápido.
La comida fue deliciosa y el baile después fue de muchas risas. Teresa me dijo que había incluido una canción en la lista que me iba a gustar después de haberme escuchado ponerla en la oficina una vez. Yo no sabía cuál podría ser. Pensé que tal vez sería Barbie Girl de Aqua, así que me vi bastante sorprendido al escuchar Tarzan & Jane de Toy-Box. ¡Menudo himno!
El finde siguiente volví a bailar (es decir, saltar un poco) de nuevo. Sara, Rocío y yo habíamos comprado entradas al Teatro Barceló, un antiguo teatro que se ha convertido en un club mítico de la vida nocturna madrileña. Ya que no estamos bebiendo alcohol, Sara había descubierto que ponen una fiesta de las 6pm hasta las 11:30pm en la que solo ponen los mejores temazos de los 90 y los 00. ¡Así me gusta!
Nos lo pasamos pipa en la fiesta, bailando la mezcla ecléctica de canciones españolas, europeas y hasta británicas de nuestra infancia. Yo me puse a cantar el himno de Mónica Naranjo que es Sobreviviré con tanta pasión que no me fijé que ya habían encendido las luces y estaban intentando que desalojáramos la sala…
El día siguiente tenía las piernas reventadas, pero el lunes ya había recuperado y me vi en el norte de Madrid para reunirme con un cliente. La reunión la seguimos con una comida entre compañeros, después de la cual me topé con una oportunidad laboral bastante interesante…
¿Estudio de diseño o estudio de asesinato?
La siguiente semana fue algo ajetreada entre el trabajo, el gimnasio, la natación, el desarrollo técnico de mi web, la escritura y la lectura. Veía que me merecía un finde relajado y parecía que el clima madrileño estaba de acuerdo: se puso frío y empezó a llover. Aproveché para cocinar un poco e hice una tortilla de patatas con chorizo. He de decir que me salió bastante rica.
Por la noche Sara y yo nos reunimos para ir al cine, algo que llevo haciendo cada vez más últimamente después de que mi compañero me volviera a enganchar al mismo. Después acabamos en un restaurante de kaitenzushi, comiéndonos todos los platos de sushi que queríamos y charlando hasta la medianoche.
De España a Japón y de vuelta.
El clima feo siguió durante la semana, pero ya estaba bien metido en mi rutina semanal y casi no me enteré del frío. Mis aventuras culinarias siguieron con la elaboración de un crumble de manzana (típico de Inglaterra) y una crema de verduras. A Pedro le di de probar un poco del crumble y le gustó casi tanto como la mantequilla británica que yo había podido comprar mientras estaba en Murcia. ¡Ahora entiende porque los británicos la comemos tanto!
Las reuniones con clientes siguieron con otra que me llevó a un barrio de Madrid que no suelo explorar, aunque ahora he descubierto que mi gimnasio también tiene un local por allí así que igual acabo subiendo más a menudo.
Lo único que me quedaba por hacer ahora era descansar. Bueno, eso y limpiar mi piso, ya que venían unos invitados especiales. Más sobre eso en la próxima…