La boda de los Bentana-Cho

29.05.19 — Valencia

Hoy os vuelvo a escribir mientras viajo, pero esta vez no me encuentro en un tren de camino a la oficina, ¡sino estoy volando por la costa de África de camino a Tenerife! Voy a pasar un finde largo en la costa con mi amiga Cami, pero antes de contar eso, tengo otras novedades que compartir…

Como mencioné en la entrada anterior, mi compañera Soyoung nos había invitado a asistir a su boda. Respondí inmediatamente para informales a ella y Pablo (el marido) que iba, y al acercarse la fecha, organicé unos detalles finales como una camisa y un apartamento.

Sobre las 10am del viernes el 3 de mayo, fui al parking con mis tíos para ayudarles a recoger el coche y despedirme de ellos al comenzar su viaje hacia el norte. Luego tuve nada más que un par de horas para lavar la ropa, hacer la mochila y salir a ser recogido por Blanca. De alguna manera logré estar a tiempo, y desde Madrid empezamos bajando a Villajoyosa, un pueblo bonito en la costa cerca de Alicante.

Al llegar, cogimos las llaves del apartamento, un piso precioso con balcón y una azotea enorme con vistas sobre el mar. Una vez decidido quién cogería cada habitación, volvimos al coche y fuimos al Mercadona para pillar unas provisiones.

Mientras en el centro del pueblo, aprovechamos de la oportunidad de explorar el casco histórico, una colección de preciosos edificios multicolores en el paseo marítimo. No tan precioso, sin embargo, fue el tiempo – una capa densa de nubes amenazaba con quedarse hasta el día siguiente…

A row of colourful houses.
Me, Blanca and Helena on the beach.

Google informaba que las nubes oscuras iban a dispersarse durante la noche para dejar un día bueno para la boda, pero la densidad de las mismas y el viento frío nos dejaron convencidos que una tormenta iba a proyectar una sombra sobre la ceremonia…

No queriendo preocuparnos demasiado, continuamos nuestro paseo por la play, recogiendo unas conchas mientras Helena nos sacaba unas fotos.

Blanca and I walk down the beach.
Blanca and I walk down the beach.
Blanca and I walk down the beach.

Al cansarnos, subimos al coche y volvimos al apartamento, saliendo al balcón para cenar. La mejor parte de la cena tenía que ser el jamón que Helena había traído y el cual se fabrica por su padre. ¡Riquísimo!

Snacks on a balcony.

Luego nos fuimos a dormir bastante pronto como si fuéramos adultos sensatos, y el plan era que íbamos a levantarnos pronto para poder prepararnos tranquilamente para la boda.

La mañana empezó bastante tranquilamente. Cuando me levanté, Helena y Blanca ya habían salido para coger unas cosas más para el desayuno. Me desayuné la napolitana que había comprado el día anterior y subí a la azotea para disfrutar las vistas y tomar aire. Me alegró que Google había acertado en su predicción del tiempo, las nubes habían disipado y había salido el sol.

¡Así se empieza el día!

A pastry in front of a beachside hotel.

Solo fue cuando las dos habían vuelto, habíamos desayunado, y habíamos empezado a vestirnos que la hora se nos fue de las manos. Helena salió con que no sabía planchar, Blanca pasó un buen rato pintándose las uñas y yo rompí la pata de una mesa al sentarme encima. ¡Vaya banda!

Al final, sin embargo, llegamos al hotel a tiempo, bajando a la playa privada en la cual la ceremonia iba a celebrarse.

The wedding not he beach.

La playa era preciosa, la temperatura muy agradable y la música de fondo creaba un buen ambiento mientras hablábamos y esperábamos que nos llamasen para el comienzo de las celebraciones.

The wedding party seated on the beach platform.

La ceremonia luego empezó, pero no quiero compartir demasiado de ella – solo digo que fue muy personal y absolutamente preciosa. La llegada de Soyoung y Pablo hizo que unas lágrimas caieran, y el entorno espléndido fue el ambiente perfecto para escuchar unos discursos divertidos y gritar “¡viva la nueva pareja!”

Pablo and Soyoung meet on the beach.
Blanca, Pablo, Soyoung, Me, and Helena.

Tras sacar la foto de arriba con la nueva pareja, tocó convenirnos en una terraza para tomar un aperitivo y unas copas de vino. Luego fuimos a comer una selección riquísima de pescado, marisco y, por supuesto, un trozo de la tarta de boda. 

Después de la comida comenzó la música, se abrió la barra ¡y empezó la fiesta! Bailamos una selección de temazos y haste intenté bailar el vals – lo cual no salió bien después de unos gintonics…

Antes de volver al piso, aprovechamos de la ubicación mientras se ponía el sol, sentándonos en una roca para ver la puesta del sol sobre el mar.

Helena on the rock by the sea.

Me gustaría darles las gracias a Soyoung y Pablo por invitarnos a celebrar su día junto con ellos. Era todo un honor estar entre los invitados, lo pasamos genial, y su generosidad en invitarnos a una cena y las bebidas después no conocía límites.

Uno de los toques más especiales fue un regalo que dieron a todos los invitados, una pareja de patos. Nos dijeron que es costumbre coreano regalar estos patos durante una boda y ahora están viviendo encima de mi nevera.

Two Korean wedding ducks.

¡Vivan los Benta-Cho!

Para empezar, estoy consciente que llevo casi un mes sin actualizar mi blog. La excusa estándar sería decir que he estado demasiado ocupado, ¡pero en este caso os prometo que eso sí que es verdad!

He encontrado, sin embargo, un hueco en mi calendario para ponerme a escribir esta entrada de blog, y por lo tanto hoy os escribo desde el tren que forma parte de mi nuevo viaje a la nueva oficina.

Os contaré más sobre la gran mudanza en un rato, pero por ahora empezamos con un finde que pasé en la cuidad, y una excursión para comer unos de los mejores tacos de Madrid con mi amigo Bogar. El sol ya ha empezado a atacarnos, y con temperaturas ya de más que 30°, puedo decir con confianza que el verano ya está comenzando – ¡pero esta vez de verdad!

Otra cosa que tuve que hacer hace unas semanas fue comprarme una camisa formal para la boda de mi amiga. No sé si ya lo he mencionado, pero da igual porque os cuento de todas formas: Soyoung (una ex-compañera) ¡nos regaló el honor de una invitación a su boda!

Bueno, os contaré más de la boda en breve, pero durante los momentos a los que me refiero solo había una prioridad: encontrarme una camisa bonita a un precio razonable.

La búsqueda me llevó a Las Rozas Outlet, un sitio que definitivamente solo se diseñó para la llegada en coche.

Tras llegar en la estación de Cercanías más cercana, me puse a caminar por el asfalto al lado de una carretera, pisar por una zona súper barrosa, saltar varias vallas y hasta empecé a pensar que iba a salir de Madrid y acabar en Castilla y León…

¿A dónde llevan estas escaleras mecánicas abandonadas?

Menos mal que no llegué en otra comunidad autónoma, sino llegué al centro comercial que tiene unas pintas tan extrañas que parece la entrada del parque Universal en Florida. Después de una búsqueda prolongada, elegí una camisa blanca de liso y volví a casa para prepararme para el día siguiente: ¡el primer día en la nueva oficina!

La mañana empezó con mi primer viaje a El Barrial, el cual ahora consiste en un viaje en Cercanías, un autobús y luego un camino de diez minutos. Es más largo que antes, pero ando esperando acostumbrarme y encontrar una ruta mejor para hacer el viaje más rápido.

Bueno, el primer día comenzó sin ningún problema grave, el mejor momento siendo la comida, ¡durante la cual nos invitaron a una deliciosa paella!

Paella, beers, and other food spread out on a table.
An arial shot of the team tucking into a paella lunch.

Una vez pasada una hora comiendo, charlando y tomando unas cañas, ya tocaba abrir unas botellas de vino. Aprovechamos al máximo el nuevo jardín, tumbándonos en el césped para tomar el sol y sentándonos en la terraza para cotillear un buen rato.

A bottle of wine on a table amongst foliage.

Una tarde tomando vino en la terraza fue muy bienvenida.

El segundo día en la nueva oficina y tocaba celebrar otra vez: ¡fue mi cumpleaños! Mis padres me habían mandado un paquete que abrí al despertarme, y el cual contuvo unas tarjetas y unos regalos de Ru Paul.

A Ru Paul card and Ru Paul Pocket Wisdom book.

Una vez llegado a la oficina, habían más celebraciones, y mis compañeros me regaló una visita a mi sitio favorito de toda España: Mercadona. Allí me compre unas provisiones para sobrevivir en la nueva oficina y una tarta de chocolate enorme para compartir entre todos después de comer.

Me stood outside Mercadona, holding a cake in one hand and a bag full of shopping in the other.

Esa misma tarde también había otro momento emocionante, ¡porque mis tíos venían a visitarme! Habíamos planificado que iban a quedarse en mi piso durante unas noches antes de seguir hacía Santander para coger la barca de vuelta a Inglaterra.

Ya que tienen coche, vinieron directamente a la nueva oficina. Una vez reunidos los tres, ellos se quedaron tomándose el sol en el jardín mientras yo tuve que volver a trabajar.

My auntie and uncle stood in the garden of my new office.

Esa noche salimos a comer y tomar unas copas en mi barrio para celebrar mis 24 años, pero volvimos a acostarnos bastante temprano después de su viaje largo.

El día siguiente fue el primer día de Semana Santa en Madrid, así que los tres nos fuimos a explorar por el centro. Había reservado una mesa en el Jardín Secreto de Salvador Bachiller, así que nos acercamos a Sol para comer en una terraza bonita entre los techos de terracota.

A bright pink flowering plant on a green roof terrace.
My auntie and uncle sit with their food at the Secret Garden.

Después de disfrutar una comida rica en la terraza, nos fuimos a tomarnos unas cervezas más y vagar por la ciudad durante un par de días.

Lo pasé fenomenal durante los días que pasé con mis tíos – no hay nada como relajar con mi familia en la ciudad que amo tanto. Me alegró mucho poder dejarles quedarse en mi casa y ser anfitrión un rato después de muchos años durante los cuales nos han dejado visitar su piso en Murcia.

Demasiado pronto, sin embargo, les tocó volver a su coche y continuar su viaje a Santander y el puerto, pero mis vacaciones no habían acabado todavía – ¡había una boda que asistir!

La cantidad de fotos y anécdotas que tengo para compartir de dicha boda me obliga a dejarlo todo para otra entrada de blog y otro día – pero espero no tardar mucho en traeros todas las novedades. ¡Supongo que mañana por la mañana volveré a pasar el viaje de tren escribiendo la próxima instalación!

Vagando y cocinando

18.04.19 — Madrid

En la última entrada de blog prometí que intentaría publicar otra entrada antes del puente de semana santa, y mientras escribo esto, quedan unos 40 minutos hasta que empiezan oficialmente – ¡así que casi lo logré!

Bueno, no estoy para debatir la puntualidad de estas entradas sino para contaros las novedades con unas fotos y historias. Como he mencionado previamente, he estado un poco resfriado, pero ahora intentaré no acabar quejándome aquí como suelo hacer. En lugar de dichas quejas, os contaré la excursion que realicé para intentar recuperarme las fuerzas un poco.

Al final fue nada más que otra visita a IKEA, esta vez para pillar unas persianas, una maceta y unas toallas – ¡necesitaré cuatro para la visita de mis amigas de “Cake Club”! Son tres amigas que conocí aquí en Madrid el año pasado, pero ya han vuelto a vivir en sus países de origen, así que por primera vez en casi un año, nos vamos a volver a reunir en Madrid.

Stormy clouds gather over the south of Madrid.
The sun shines down a street, reflecting off the wet road surface and the facades of buildings.

El clima era bastante extraño durante esta excursión.

Como veis, el tiempo durante dicha excursion era bastante raro, con sol, viento y unos nubes casi negros a la vez. Evité la lluvia porque ocurrió mientras mi vuelta al centro en el metro, pero el clima luego hizo que no quisiera salir por la tarde, así que la pasé de relax en casa.

Durante la noche, preparé un plato delicioso (y bastante picante) de curry rojo con gambas, y luego hice dos pasteles de zanahoria. Hubiese hecho solo uno más grande, pero por causa de la magia negra matemática, acabé con muchísima masa y cada vez más frosting de queso fresco.

A bowl of red curry.
A carrot cake topped with cream cheese frosting, grated carrots, cinnamon, and walnuts.

Mientras esperaba que los pasteles se cocieran (y los tuve que hacer uno en uno por el tamaño minúsculo de mi horno), había un crisis de peluquería que acabó en una revelación. Vi que me había salido un grano en un espacio de mi frente no tapado por mi flequillo, y tuve la (quizás obvia) idea de cambiar su dirección para que lo tapeare.

Bueno, así había una revelación enorme, y aunque haya desaparecido el grano, he decidido mantener el flequillo en este otro lado a partir de ahora ya que estoy tan enamorado de la nueva configuración. Incluyo una selfie vanidosa, la cual justificaré por quejarme que nunca aparezco en ninguna foto en mi propio blog…

Una selfie porque esto es mi blog y puedo hacer lo que me dé la gana.

A photo of myself.

Bueno, volvamos al tema de los pasteles. Uno lo dejé aquí en casa para que mis amigos lo probasen, pero el otro me lo llevé al trabajo para las criticas de mis compañeros. Esta vez habían menos quejas sobre la cantidad de azúcar, así que puede que por fin haya modificado la receta para el gusto español – o quizás fue por la buena suerte que conllevó un arco iris que apareció en mi escritorio…

A rainbow is formed over my keyboard at work.

Otro día en la oficina y llegó el momento en que por fin tuve una hora libre para realizar un viaje emocionante, porque la historia se repita, ¡y Erretres vuelve a mudarse!

La primera vez que me uní al equipo de Erretres fue en 2016, y en aquel momento tuvimos sede en la emblemática Plaza de España. Unos meses después de mi incorporación, sin embargo, colocamos los iMacs en unas cajas de carton y nos mudamos a una nueva oficina situada a un bloque de la original.

Dentro de muy poco vamos a repetir este proceso, mudando la empresa entera a una nueva ubicación que no puedo revelar ahora. Es una oficina mucho más grande, pero esta vez tendremos el lujo de un jardín enorme y una sorpresa que dejaré para las fotos…

I sit in a chair on a porch in a house.
A large house.
I stand in a dry pool.

Sí, ¡tenemos una piscina!

Bueno, la piscina está seca ahora mismo, al jardín le falta un poco de mantenimiento y el interior está en obras mientras instalan la luz (y por eso la falta de fotos del interior), pero no iba a declinar la oportunidad de ver el nuevo espacio – ¡y no decepcionó!

Tengo muchas ganas de revelaros más detalles del nuevo espacio, pero no tendréis que esperar mucho, porque solo nos queda una semana desde el día de hoy hasta la mudanza. En breve volveré para compartir más fotos de la mudanza y cómo nos ajustamos al nuevo espacio, pero también me podéis seguir en Instagram, donde las stories que subo son la única manera con la cual comunico lo que estoy haciendo en tiempo real.

Ya que ahora estamos de puente, sin embargo, voy a dejar de hablar del curro. El finde pasado necesité salir de la casa para respirar un poco de aire fresco, ya que estoy tan cómodo en mi propio espacio que a veces me vuelvo muy perezoso y no salgo.

Por eso decidí pasear por el río hasta llegar al lago de la Casa de Campo, a una hora y media de mi piso. Bajé al Matadero (el espacio cultural madrileño) y el parque Madrid Río, y luego caminé hacía el oeste, siguiendo el río por el centro de la ciudad hasta llegar a la Casa de Campo.

A bridge over a river.

Me encanta un buen puente, y en Madrid Río hay muchos.

Una vez llegado al lago, el cual se ha llenado después de un buen rato en obras para rectificar sus orillas, cogí una botella de agua y me senté para bocetar unas ideas para unos proyectos personales.

Después de escuchar un trío de señoras discutir las elecciones generales y como se usan los mensajes de voz en WhatsApp, olí una barbacoa y me fui a buscar una comida más barata en el centro.

Concluí la semana con un vino y una pizza dominguera con un amigo, y luego solo he tenido que trabajar tres días esta semana. Ahora estoy disfrutando del puente, y pensando en ir a unas procesiones – pero con el clima en el que estamos, no me apetece mucho salir…

Una visita breve a Barcelona

06.04.19 — Barcelona

Hace bastante que no escribo en mi blog, y eso es debido a una combinación de razones: desde que Emily se fue he estado muy resfriado, y también he estado muy ocupado en un proyecto del trabajo. Los dos no me han dejado mucho tiempo para hacer nada, pero trabajar y vivir en Madrid en sí es muy divertido, así que os voy a contar las novedades…

Fuera de la oficina he podido hacer unas cositas con mis amigos, incluyendo un par de noches con Bogar. La primera fui a echar un vistazo a como iba con la decoración de su nuevo piso, y disfruté de una ración de tortilla que había elaborado. Otra noche nos reunimos en mi piso, y yo solo pude ofrecer queso y aceitunas – ¡al estar resfriado no me apetece cocinar nada!

An old hairdressers facade.

Se encuentra mucho diseño antiguo al pasear por mi barrio.

Una vez encontradas las fuerzas para cocinar algo, decidí que no había nada que me apetecía más que un buen plato de chorizo a la sidra.

A bottle of cider with a chorizo.

En fin me salió bastante bien, pero no estaba tan bueno como los que he probado en Asturias. Creo que el truco será pagar un poco más y permitirme un buen chorizo fresco – ¡os informaré la próxima vez que lo elaboro!

A veces vale la pena pasear por las calles pequeñas de la ciudad.

Hoy también es un día emocionante, porque ¡me han entregado el horno! Es un mini horno de esos que pones sobre la encimara, pero me vale para cocinar una pizza, un pollo asado o (por supuesto) un pastel o dos…

Hablando del pastel, el asunto nos lleva bien a mi proyecto actual en el trabajo. “Pero ¿cómo están relacionadas estas dos cosas?” os oigo preguntar, y ahora os contaré…

El proyecto consiste del rebranding de una compañía que tiene sede en Barcelona. Al investigar su cultura de oficina, vi que les gusta celebrar fiestas en su espacio, así que mientras montaba mockups de la propuesta para el nuevo logotipo en varias piezas, ¡se me ocurrió aplicar el logotipo en un pastel!

No encontré ninguna plantilla de mockup en Google Images con la que generar automáticamente un logo aplicado en un pastel. Por eso, el próximo día llegué a la oficina con una manga pastelera y un tupper lleno de crema de mantequilla, y me puse a dibujar el logotipo con dicha manga.

La prueba verdadera de un logotipo – ¿funciona en una tarta?

Tras fotografiar los logotipos hechos y realizar un poco de magia en Photoshop, teníamos dos mockups de tartas para presentar al cliente. Eso nos lleva muy bien a la siguiente parte de esta entrada de blog – ¡mi viajecito a Barcelona para presentar la propuesta al cliente!

Decir que era un viaje sería muy exagerado porque, tras un retraso de una hora en el AVE, no teníamos el tiempo para ver nada excepto el interior de dos taxis, las oficinas del cliente y una visita de cinco minutos a la tienda de Uniqlo para comprarnos unas prendas.

Lo pasé bien de todas formas, y era guay trabajar directamente con el cliente y ser encomendado a diseñar y presentar una presentación importante – ¡cada día me siento más adulto!

El único aspecto triste del trabajo recientemente ha sido la despedida de Manu, ¡pero nos aseguramos a despedirnos bien! Un grupo nos reunimos en la ciudad para tomar unas copas y reírnos hasta las horas pequeñas. Yo, sin embargo, llegué a casa bastante molesto por no había encontrado ningún kebab ni bazar abierto para coger un poco de comida. ¡Qué barbaridad!

Todo esto nos lleva al día de hoy, y como podréis ver, ha sido una semana muy ocupada. Por eso, esta tarde he bajado las luces, he cocinado una pizza para estrenar el horno, he puesto un poco de música y me he sentado para escribir esta entrada de blog.

Este finde y el que viene no tengo mucho organizado porque mi calendario está llenísimo a partir de semana santa, pero voy a intentar publicar otra entrada de blog antes de irme a algún lugar para pasar las vacaciones fuera de la ciudad. ¿Quién sabe dónde será?

Tras mostraros mi nuevo piso en mi última entrada de blog, pensé que debería explorar un poco de lo que ha ocurrido fuera de dicho piso en esta entrada. Os aviso, sin embargo, que la mayoría de lo ocurrido consiste en sentarme en terrazas, tomar cañas y disfrutar las temperaturas crecientes…

The Puerta de Alcalá in Madrid by night

Hace un par de semanas, Napo me visitó para ponernos al día, y eventualmente salimos de mi piso y fuimos al río para aprovechar del sol dominguero. A solo 10 minutos de mi piso se encuentra Madrid Río, un parque lineal construido en las orillas del río Manzanares. Después de pasar entre familias y gente sacando a su perro – y esquivar a gente yendo a toda leche en patines – nos sentamos para tomarnos unas cañas en una terraza por ahí.

Trees against a blue sky.
I look to the left.

Después de una puesta del sol magnifica, volví a mi piso y empezó la semana laboral. Resultó ser una semana fría y lluviosa, pero eso no me molestó, ¡y no enfrió los espíritus de los que atendieron la manifestación del día internacional de la mujer!

A baroque building lit by the orange sun is reflected in a puddle on a grey pavement.
A blue sky above a graffiti-covered stairwell lit by the setting sun.

Me alegró ver que la manifestación fue un éxito total – me puse muy feliz al ver a mujeres de todas las edades en la calles y unidas contra la desigualdad. Me hubiese encantado poder unirme a ellas, pero en fin la devolución de unos productos en IKEA tardó mucho más que pensaba. La única parte que vi fue el caos en la estación de Atocha cuando intenté hacer un transbordo para llevar mis nuevas sabanas a casa. ¡No hace falta explicar el por qué en fin fui caminando!

A train station full of people.

El finde siguiente volví a bajar al río, esta vez para echar un vistazo a los puestos y comer un poco de comida callejera en el mercado de diseño del Matadero. Allí quedé con Bogar, Filip y Napo, y nos pusimos al día con unos nachos y unas cañas en la mano.

Otra semana laboral pasó, y el viernes que había esperado durante semanas y semanas por fin llegó: ¡el día de la visita de Emily! Tras el aterrizaje de su vuelo de Londres, le dije que viniese al centro, y en breve nos reunimos después de (lo que acabo de calcular por ver mis entradas de blog) 10 meses. La última vez que nos vimos fue durante una visita a Londres que realicé en mayo del año pasado. ¡Cómo vuela el tiempo!

Nos coincidimos en Plaza de España, y luego fuimos a la oficina de Erretres para echar un vistazo al espacio, conocer el equipo y para que Emily pudiese dejar su mochila. Luego volví a trabajar y ella se fue a explorar el palacio real y sus alrededores, pero en breve nos volvimos a reunir ya que salgo a las tres los viernes.

Después de un menú delicioso en un restaurante cerca de la oficina, subimos a un tren a mi piso para que dejase sus cosas y para usar el sofa cama por la primera vez…

Como podéis ver en la cara de la Bella Durmiente arriba, la cama se montó fácilmente y era bastante cómodo, ¡pero había más cosas que explorar antes de acostarnos!

Tras ver los techos de la ciudad desde una azotea, nos pusimos a vagar por el centro, parando para tomar churros, visitar el Mercado de San Miguel, pasar por la Plaza Mayor, tomarnos un buen jerez y cenar comida venezolana en uno de mis restaurantes favoritos. Una vez en casa, nos sentamos a charlar aún más con una caña en la mano – la cantidad de cosas que teníamos que compartir era inmensa – y luego en fin nos fuimos a dormir.

La mañana siguiente empezó por una visita al Matadero para explorar el centro de exposiciones y pasear por el río. Al abrir el apetito durante nuestro camino por las orillas (y tras parar para unas cañas, naturalmente) nos fuimos al norte y a Casa Dani, uno de mis sitios favoritos para comer.

Este neón rosa era uno de mis cosas favoritas. Quiero uno.

Una vez habíamos disfrutado una buena comida madrileña, empezamos a caminar hacía el sur otra vez y por las calles bonitas de Chueca y Malasaña. Cuando el sol alcanzó su cima durante la tarde, paramos para un vermut y unas copas de tinto de verano en la terraza del Mercado de San Antón, ¡aprovechando al máximo la oportunidad de quitarnos los abrigos!

Después de comprar unas tonterías y tomar unas copas más en el camino, acabamos nuestras aventuras en el Templo de Debod, dónde vimos la puesta del sol sobre el oeste de la ciudad. Luego pasamos a un lugar de tacos super guay pero el cual en fin estaba súper concurrido, así que hicimos unos planes alternativos espontáneos y bajamos por Lavapiés para tomar unas raciones en un restaurante por ahí.

La semana siguiente era el último día de su visita, pero aún así había hecho unos planes domingueros para mantenernos ocupados. Después de desayunar en casa, fuimos a coger unas bicis, y pasamos lo que quedaba de la mañana explorando el Parque del Retiro en bici.

Tomé esta foto sin caerme de la bici – ¡estoy mejorando!


Tras devolver las bicis comimos bao en uno de mis sitios favoritos, y luego tomamos un helado como postre. Bajando hacía Atocha, pasamos por sus jardines tropicales, y luego subimos al tren de vuelta a casa para recoger la mochila.

Llegamos al aeropuerto sin tardar – y menos mal que sí, porque el proceso de check-in que tuvo que completar Emily al llegar no era nada fácil. Una vez cogida la tarjeta de embarque, le dio un abrazo de despedida y me fui a casa.

No hace falta decir que lo pasé fenomenal con Emily en la ciudad, y las semanas pasadas de un clima cada vez mejor me han animado bastante. Lo tengo que decir – ¡estoy súper contento estar en Madrid de nuevo!

Bueno, ya estaría en cuanto a novedades – ¡volveré con más historias de esta ciudad polvorienta en cuanto tenga el tiempo!