Tras mostraros mi nuevo piso en mi última entrada de blog, pensé que debería explorar un poco de lo que ha ocurrido fuera de dicho piso en esta entrada. Os aviso, sin embargo, que la mayoría de lo ocurrido consiste en sentarme en terrazas, tomar cañas y disfrutar las temperaturas crecientes…

The Puerta de Alcalá in Madrid by night

Hace un par de semanas, Napo me visitó para ponernos al día, y eventualmente salimos de mi piso y fuimos al río para aprovechar del sol dominguero. A solo 10 minutos de mi piso se encuentra Madrid Río, un parque lineal construido en las orillas del río Manzanares. Después de pasar entre familias y gente sacando a su perro – y esquivar a gente yendo a toda leche en patines – nos sentamos para tomarnos unas cañas en una terraza por ahí.

Trees against a blue sky.
I look to the left.

Después de una puesta del sol magnifica, volví a mi piso y empezó la semana laboral. Resultó ser una semana fría y lluviosa, pero eso no me molestó, ¡y no enfrió los espíritus de los que atendieron la manifestación del día internacional de la mujer!

A baroque building lit by the orange sun is reflected in a puddle on a grey pavement.
A blue sky above a graffiti-covered stairwell lit by the setting sun.

Me alegró ver que la manifestación fue un éxito total – me puse muy feliz al ver a mujeres de todas las edades en la calles y unidas contra la desigualdad. Me hubiese encantado poder unirme a ellas, pero en fin la devolución de unos productos en IKEA tardó mucho más que pensaba. La única parte que vi fue el caos en la estación de Atocha cuando intenté hacer un transbordo para llevar mis nuevas sabanas a casa. ¡No hace falta explicar el por qué en fin fui caminando!

A train station full of people.

El finde siguiente volví a bajar al río, esta vez para echar un vistazo a los puestos y comer un poco de comida callejera en el mercado de diseño del Matadero. Allí quedé con Bogar, Filip y Napo, y nos pusimos al día con unos nachos y unas cañas en la mano.

Otra semana laboral pasó, y el viernes que había esperado durante semanas y semanas por fin llegó: ¡el día de la visita de Emily! Tras el aterrizaje de su vuelo de Londres, le dije que viniese al centro, y en breve nos reunimos después de (lo que acabo de calcular por ver mis entradas de blog) 10 meses. La última vez que nos vimos fue durante una visita a Londres que realicé en mayo del año pasado. ¡Cómo vuela el tiempo!

Nos coincidimos en Plaza de España, y luego fuimos a la oficina de Erretres para echar un vistazo al espacio, conocer el equipo y para que Emily pudiese dejar su mochila. Luego volví a trabajar y ella se fue a explorar el palacio real y sus alrededores, pero en breve nos volvimos a reunir ya que salgo a las tres los viernes.

Después de un menú delicioso en un restaurante cerca de la oficina, subimos a un tren a mi piso para que dejase sus cosas y para usar el sofa cama por la primera vez…

Como podéis ver en la cara de la Bella Durmiente arriba, la cama se montó fácilmente y era bastante cómodo, ¡pero había más cosas que explorar antes de acostarnos!

Tras ver los techos de la ciudad desde una azotea, nos pusimos a vagar por el centro, parando para tomar churros, visitar el Mercado de San Miguel, pasar por la Plaza Mayor, tomarnos un buen jerez y cenar comida venezolana en uno de mis restaurantes favoritos. Una vez en casa, nos sentamos a charlar aún más con una caña en la mano – la cantidad de cosas que teníamos que compartir era inmensa – y luego en fin nos fuimos a dormir.

La mañana siguiente empezó por una visita al Matadero para explorar el centro de exposiciones y pasear por el río. Al abrir el apetito durante nuestro camino por las orillas (y tras parar para unas cañas, naturalmente) nos fuimos al norte y a Casa Dani, uno de mis sitios favoritos para comer.

Este neón rosa era uno de mis cosas favoritas. Quiero uno.

Una vez habíamos disfrutado una buena comida madrileña, empezamos a caminar hacía el sur otra vez y por las calles bonitas de Chueca y Malasaña. Cuando el sol alcanzó su cima durante la tarde, paramos para un vermut y unas copas de tinto de verano en la terraza del Mercado de San Antón, ¡aprovechando al máximo la oportunidad de quitarnos los abrigos!

Después de comprar unas tonterías y tomar unas copas más en el camino, acabamos nuestras aventuras en el Templo de Debod, dónde vimos la puesta del sol sobre el oeste de la ciudad. Luego pasamos a un lugar de tacos super guay pero el cual en fin estaba súper concurrido, así que hicimos unos planes alternativos espontáneos y bajamos por Lavapiés para tomar unas raciones en un restaurante por ahí.

La semana siguiente era el último día de su visita, pero aún así había hecho unos planes domingueros para mantenernos ocupados. Después de desayunar en casa, fuimos a coger unas bicis, y pasamos lo que quedaba de la mañana explorando el Parque del Retiro en bici.

Tomé esta foto sin caerme de la bici – ¡estoy mejorando!


Tras devolver las bicis comimos bao en uno de mis sitios favoritos, y luego tomamos un helado como postre. Bajando hacía Atocha, pasamos por sus jardines tropicales, y luego subimos al tren de vuelta a casa para recoger la mochila.

Llegamos al aeropuerto sin tardar – y menos mal que sí, porque el proceso de check-in que tuvo que completar Emily al llegar no era nada fácil. Una vez cogida la tarjeta de embarque, le dio un abrazo de despedida y me fui a casa.

No hace falta decir que lo pasé fenomenal con Emily en la ciudad, y las semanas pasadas de un clima cada vez mejor me han animado bastante. Lo tengo que decir – ¡estoy súper contento estar en Madrid de nuevo!

Bueno, ya estaría en cuanto a novedades – ¡volveré con más historias de esta ciudad polvorienta en cuanto tenga el tiempo!

Casa Briggs

12.03.19 — Madrid

Después de la entrada de blog que nos llevó a Asturias para explorar una fábrica abandonada, ahora volvemos al punto en el que acabó la entrada anterior: mi misión para decorar mi piso antes de la visita de mi amiga Emily. ¡Ya solo faltan tres días!

Afortunadamente, ya tengo instalado todo lo esencial, y estoy preparado para recibir a visitantes como la maruja que secretamente soy. Ha sido un proceso bastante largo, sin embargo, y he tenido que dar muchas vueltas a IKEA, y luego más cuando me di cuenta que había comprado la cosa equivocada en dos ocasiones distintas. Dicen que IKEA es una prueba para las parejas, pero yo he logrado discutirme conmigo mismo más que una vez. ¿Un talento? Sí.

Bueno, ya que no tengo mucho más que compartir esta semana, he sacado unas fotos del piso para mostraros lo que he hecho con el poco dinero que tengo.

Empezamos en el salón/cocina, donde he mantenido el amarillo de una de las paredes, añadiendo un sofá cama gris y toques de blanco y negro. Soy muy estricto con los colores, pero he dejado que entre un toque de verde al poner unas plantas que le dan un poco de vida al espacio.

La única cosa que echo en falta aquí serían unos cojines más y una mesa de centro en que dejar bebidas. También me gustaría comprarme una almohada en algún momento, pero resulta que son mucho más caras que me imaginaba, así que eso tendrá que esperar un poco…

Ahora damos la vuelta y estamos de cara a la cocina. Estoy intentando mantenerla lo más ordenada posible, y está resultando ser muy fácil porque soy una persona sola y hay mucho espacio en que esconder todo lo que no estoy usando. Aquí solo me falta un horno, pero ya he visto un horno pequeño de sobremesa que compraré el mes que viene: ¡hay pasteles por venir!

Ésta es una de mis plantas favoritas. Se llama Leah.

Pasando por la puerta y por el pasillo hay un cuarto de baño y un espacio en que hacer la limpieza, pero no os voy a aburrir con eso: pasemos directamente al otro espacio principal, mi habitación. El piso ya disponía de la cabecera de madera y una lampara de techo negra, así que he mantenido los colores existentes otra vez. Puse unas sábanas blancas en la cama y compré una mesilla de noche negra en la que he puesto a Beatrice el Bambú.

Alineado con el look de texturas de madera, plantas y colores neutros, tuve un momento de inspiración al pasar por la frutería hace unas noches. Vi que el tío estaba apilando unas cajas de madera para que se recojan como basura, así que fui a por un par de ellas y las subí a mi piso. Usando ellas he hecho una mesilla gratuita y sostenible.

Encima de dicha mesilla he colocado a Alice el Aloe Vera, y luego otra vela, ¡y ahora diría que se ha convertido en mi detalle favorito del piso entero! Es un poco molesto que la cosa más bonita es la más barata, pero me alegra haber podido decorar un rincón vacío.

Ahora llegamos al final de las fotos de mi nueva casa, y al final de esta entrada de blog, pero la semana que viene volveré para compartir las novedades después de este finde de aventuras con Emily. Espero que este preparada para mucho terraceo y comida rica…

La fábrica abandonada

03.03.19 — Oviedo

El verano pasado fui de vacaciones con mi amigo Kevin, y en mi blog inglés hablé de un viaje a una fábrica abandonada en un pueblo asturiano, y por fin me he sentado para editar las fotos y escribir esta entrada de blog para contaros lo que pasó.

Llegamos en coche y luego pasamos por unos árboles para entrar, encontrándonos al lado del edificio principal. La fábrica no se vio nada extraordinario desde afuera, era un edificio industrial grande con las ventanas rotas y pintado en un tono de turquesa bastante feo.

Una vez dentro, las cosas se volvieron más interesantes. El techo falso se había caído, y sus paneles tapaban el suelo entre rocas, material de aislamiento, papeles, y una variedad de lo que reveló el uso anterior de la fábrica: cerámica.

The interior of an abandoned factory.

Giramos a la izquierda y entramos en el espacio cuyas paredes interiores fueron las últimas en quedarse sin derrumbarse. Parecía haberse renovado justo antes del cierre de la fábrica – si no fuera por el daño causado cuando se habían caído elementos del techo superior, se podría pensar que este espacio fuera nuevo. Pasamos por un contenedor enorme que, aunque roto, aún contenía bastante polvo blanco. No quise correr el riesgo de tocar el polvo no identificado, así que seguimos explorando.

A broken container full of white powder sits in an abandoned factory.

No me apetecía desordenar el polvo blanco y misterioso.

En el espacio siguiente tenía un aspecto mucho más industrial, y una vuelta por dos estructuras grandes en el centro de dicho espacio reveló que eran un par de hornos. En un rincón había un montón de cerámica media hecha, pero el aislamiento esponjoso de los hornos me asustaba: puede que sea el asbesto. Por eso seguimos al próximo espacio sin explorar mucho.

Furnaces in an abandoned factory.
A pile of unfinished ceramics sit in the corner of an abandoned factory.

La puerta nos llevó al espacio mayor de la fábrica, y imagino que una vez era un almacén. El espacio extenso contenía una colección variada de escombros, incluyendo cerámica rota, piezas de electrodomésticos y los restos mojados de unas carpetas que detallaban los pedidos y las facturas de los años pasados. Era bastante surrealista pensar que unos detalles tan íntimos pueden haberse dejado a podrirse en un espacio tan público.

An abandoned factory warehouse, with bricks in the foreground and decaying walls covered in graffiti.

Más al fondo del almacén, encontramos unas cajas llenas de cerámica media acabada y una pirámide que se había formado con platos en el suelo. Pienso que se hizo por alguien después del cierre de la fábrica: no veo utilidad ninguna en apilar un producto así.

An abandoned factory warehouse littered with debris.

Saliendo del almacén, nos encontramos de repente expuestos a los elementos al pasar por un espacio cuyo techo se había derrumbado totalmente. No queriendo quedarnos bajo la estructura precaria, saqué unas fotos de los escombros más interesantes y luego volvimos al almacén para explorar más.

The structural failure of the room in an abandoned factory. The roof has totally collapsed, allowing shrubbery to grow in the ruins.
Greenery is seen through a collapsed doorway.
An almost complete ceramic teapot sits on a rotting crate in front of some shrubbery.

Pasando por el espacio, llegamos al otro lado de la fábrica, y entramos en una área llena de oficinas. Pasamos por un café/zona de recreación y llegamos en un espacio que contenía unos generadores alrededor de una escalera central. Decidí que los escalones de concreta nos podían soportar, pero mi duda fue que si la planta de arriba nos soportaría – especialmente tras ver la falla estructural del otro lado de la fábrica.

A broken ceramic teapot sita atop a wooden palette.

En fin subimos a un ático usado para almacenamiento. Este espacio era uno de los más interesantes de la fábrica por la cantidad de moldes que se habían guardado en las vigas. Unas barras de metal se veían entre los moldes volcados, y así deduje que una vez los moldes se guardaban en estantes, aprovechando el espacio compacto.

A roofing panel collapses, allowing light in to reveal an abandoned factory room full of ceramic moulds.

Luego continuamos más por el laberinto de espacios más pequeños. Pasamos por unas bolsas de polvos no identificados, talleres destrozados y una cabina que contenía un calendario mostrando los primeros meses del 2003.

A wall shows a decaying calendar dated 2003.
A doorway through an abandoned factory leading to a room full of graffiti.
An abandoned workshop with shattered windows.

Pronto nos encontramos explorando la colección de edificios más pequeños en el fondo de la fábrica. Estos espacios eran más pequeños, más oscuros y más escalofriantes que la fábrica principal, y la inquietud que me provocaron hizo que se me olvidó sacar fotos. Tendrás que usar tu imaginación para visualizar los rincones oscuros de los vestuarios abandonados…

Por la inquietud y el hambre que sentíamos, decidimos poner fin a las exploraciones. Volviendo al coche, me recuerdo como hablábamos de lo que nos gusta pasar las vacaciones haciendo cosas así en vez de las actividades típicas que se hacen durante el verano. ¡Siempre me apunto a las experiencias alternativas!

Como ser un adulto

24.02.19 — Madrid

Hace dos semanas ya que publico la última entrada de blog, y hace una que me mudo al nuevo piso, ¡y han sido entre las semanas más ocupadas de mi vida! Al cambiarme de piso en Madrid en el pasado, solo he tenido en cuanta las consideraciones logísticas, las que no solían causar dramas ya que todos mis pertenencias cabían en una maleta. Esta vez, sin embargo, he tenido que organizar mucho más…

Entre las cosas que he hecho esta semana quedan llamar a la compañía de luz para cambiar de contrato, contratar y organizar la instalación de fibra en casa, varios viajes a IKEA para coger lo esencial como un colchón y los cubiertos, y dar muchas vueltas al Mercadona para coger comida. Hasta logré empadronarme, lo cual fue un logro personal enrome porque he intentado muchas veces y siempre faltaba algo. ¡Es verdad que esta semana he aprendido justo como ser un adulto!

El cielo por el palacio real.

En fin el gran reto, la mudanza al nuevo piso, ha sido bastante fácil. Hice la maleta, discutí con el conductor del autobús porque dijo que la maleta era “demasiado grande” (aunque el bus estaba casi vacío) y eventualmente cogí el Metro a la nueva casa.

Ya había arreglado el nuevo apartamento para quitar el polvo y instalar el colchón, así que pude llegar y deshacer la maleta tranquilamente. Durante la tarde fui al Mercadona para coger comida, y luego di otra vuelta al IKEA a por toallas, sartenes y unas plantas para decorar.

El día siguiente estaba emocionado de preparar y desayunar avena usando mi nueva olla, pero cuando no funcionaba la vitro me di cuanta que había sido tonto y comprado un par de sartenes que no funcionaban con la vitro de inducción. Tuve que prepararme un desayuno un poco más pintoresco, pero luego tuve que irme al IKEA otra vez para devolver la olla y la sartén.

Un desayuno bonito arruinado por tener que volver otra vez al IKEA.

Una vez resuelto ese problema y después de comprarme otra planta para animarme un poco, empezó mi primera semana de viajar a la oficina desde el nuevo piso. Estamos muy ocupados en el trabajo, así que fuera de la oficina me he mantenido ocupado para distraerme de todos los proyectos.

Uno de los eventos más espectaculares de la semana ha sido un videomapping de 360° para celebrar 400 años de la Plaza Mayor. Fui con mi amigo Bogar para verlo, y nos reunimos en la plaza a las 7:30pm cuando se apagaron las farolas y ¡empezó el espectáculo!

La única foto que saqué no representa bien el viaje inmersivo por los 400 años de historia que se proyectaron en las cuatro fachadas de la plaza, y el cual fue acompañado por una banda sonara y unos efectos de iluminación que iluminaron el cielo. He incluido este vídeo hecho por el ayuntamiento que mejor te mostrará lo guay que fue:

Después fuimos al norte para escapar de la gente y cenar unos bocadillos y patatas fritas con cerdo desmenuzado en la Casa Tomada, el restaurante donde trabaja Bogar.

El jueves fue el día de mi cita previa para empadronarme, así que me fui a Barajas por la mañana ya que fue la única oficina de atención al ciudadano que tenía una cita que no fuera en abril o más tarde.

Al llegar en la parada de metro, pensé en Dani, mi director de arte anterior de cuando empecé por la primera vez en Erretres hace tres años. Él vive en la zona, y estaba pensando en sacar una foto de la estación y mandársela cuando ¡él apareció bajando por las escaleras mecánicas!

Después de subir los dos al vestíbulo, paramos un rato para ponernos al día. Fue genial saber lo que está haciendo hoy en día, pero pronto nos tuvimos que ir ya que tuve que ir a la cita y él a su trabajo. Tomé un cafe y una napolitana en un bar y luego fui vagando por las calles del barrio pintoresco para llegar a la oficina de atención al ciudadano.

Barajas
Príncipe Pío

Después de empadronarme exitosamente, volví al trabajo y inmediatamente me puse a diseñar en todos los proyectos que tienen que hacerse. Una pausa bienvenida se presentó, sin embargo, al llegar unos estudiantes de un instituto local. Luis y yo pasamos una hora presentando nuestro proyectos, contando justo como es trabajar en una agencia de diseño y respondiendo a una plétora de preguntas que tenían. Fue tan util para mí como para ellos porque me expuso a presentar en español – algo que hago cada vez más hoy en día. ¡Creo que mi profesora de español estaría orgullosa si pudiera verme ahora!

Ahora hemos llegado al fin de la semana laboral y hasta este finde. Ayer hice otro viaje al IKEA para coger unas cositas más y elegir el sofa que voy a comprar en cuanto cobro. Y eso no puede pasar lo suficiente pronto, ¡porque mi amiga Emily acaba de comprar los billetes para visitarme dentro de menos de un mes! ¡Debería hacer que este lugar parezca más a un hogar!

Hasta que este instalado el sofa y este bien decorado el piso, no voy a compartir ninguna foto más. Tengo una visión clara en mente de cómo debería verse, ¡y no quiero echar a perder la sorpresa! Dicho eso, esta semana seguro que será muy ocupada, así que no volveré con noticias hasta el finde que viene como temprano. ¡Hasta entonces!

Ronda tres en Erretres

10.02.19 — Madrid

Si estás al día sabrás que ahora estoy en Madrid de nuevo. Hace una semana de esta noche llegué, y tanto ha pasado desde entonces que aún no lo he podido procesar. Dicho eso, no sé por donde empezar, así que voy a ponerme a escribir y ya veremos donde acabamos…

Llegar en la ciudad ya se ha hecho una rutina habitual que hago de la memoria muscular, así que en breve me llegué en la puerta del piso de Airbnb que había reservado durante las primeras dos semanas. Tras conversar con la pareja con la que viviré durante estas fechas, saqué lo esencial de la maleta y salí para hacer algo que llevo un buen rato queriendo hacer: ¡la compra en Mercadona!

No sé cómo, pero me contuve bien al hacer la compra y solo compré unas cosas esenciales. El domingo lo pasé haciendo casi nada, pero tuve el placer de reunirme con mi amigo Napo cuando salimos para cenar pizza y tomar unas cañas. Después de esto, volví a acostarme temprano en preparación para mi tercer primer día en Erretres.

Ir por las calles madrileñas en bici por la mañana es como estar en un sueño.

A street in the old centre of Madrid.

Dentro de poco mi alarma me despertó para empezar el primer día de vuelta a la oficina. Porque cogí un piso muy céntrico, había decidido que la manera más bonita y eficaz de llegar a la oficina sería en una bici, así que salí en la frescura de –4°c.

A fading facade reads "Bodega" in old handwritten letters.

Tras eludir la hipotermia en mis dedos de algún modo llegué en la oficina, ¡y sintió fantástico estar de vuelta! Después de saludar a todos, ¡me pusieron en marcha trabajando en el caos de proyectos y trabajos!

Seguro que ya no hace falta decirlo, pero claro que no puedo compartir nada de lo que estamos haciendo por la confidencialidad. Pero sí puedo hablar de lo que hago fuera de la oficina, ¡y está semana ha sido mucho!

La mayoría de dichas actividades han sido el vagar de un barrio a otro, junto con la realización de unas tareas administrativas bastante aburridas. No estuve tan aburrido, sin embargo, porque me encanta sacar una buena foto cuando surja la oportunidad, así que he salpicado esta entrada de blog con unas que muestran el ambiente de la ciudad.

Una noche tuve la oportunidad de ponerme al día con un amigo, Leo, al quien no había visto desde hace mucho. Durante la noche bebí bastante cerveza venezolana y me puse bien alegre, tanto que perdí mi parade en el Metro de vuelta a casa – ¡pero valió la pena por la comida rica y la compañía buena!

Otra mañana también surgió la oportunidad de un cambio de escena, porque Manu y yo fuimos a las nuevas oficinas de un cliente nuevo. Era un espacio muy chulo, y ya que Manu había traído su cámara me puse a sacar unas fotos de él mientras tomaba algunas de la oficina.

Un anuncio por que soy un sinvergüenza: dale a Erretres un like en Facebook si puedes.

Ha habido, sin embargo, una tarea enorme avecinándose durante esta semana divertida: la necesidad de encontrar un sitio en que vivir. Había decidido que quería mi propio piso, y que no quiero estar lejos del trabajo, pero me habían avisado que se puede tardar meses en encontrar un buen piso en el mercado madrileño.

Fui a visitar el primer piso el jueves, un estudio con un precio razonable que se encontraba en un barrio tranquilo un poco más lejos del centro que la oficina. Al llegar tuve que hacer cola para entrar, y cuando me tocó echar un vistazo al apartamento, estuve poco impresionado.

Aquella tarde me sentí muy desganado sobre la tarea por frente, y fue en ese momento en el cual Bogar me escribió con un contacto. Había estado buscando un piso también, y ya había encontrado uno cuando una agencia le contactó para informarle que habían bajado el precio de otro que vio. Me puse en contacto con ellos inmediatamente y organizamos una visita para el viernes.

Bueno, ¡el segundo piso era totalmente distinto al primero! Con todo a estrenar, quedó obvio que había sido reformado por alguien con un buen ojo para el diseño, y después de apenas cinco minutos supe que tenía que ser mío. Se lo dije a la tía de la agencia, y de repente estuve sentado con los dueños (uno de los cuales es diseñador, ¡lo sabía!) y firmé el contrato para entrar en una semana. Qué locura, ¡¿no?!

Bueno, contengo mi emoción y vuelvo al presente. Tras firmar el contrato el sábado por la mañana, fui al piso de Bogar para ayudarle con la mudanza a su nuevo piso. Después de un par de viajes en taxi con cajas llenas de sus pertenencias, esperé mientras él cogía unas prendas tendidas que quedaron, y luego volvimos a su nuevo piso a comer comida china en el suelo.

He encontrado a esta señora tendiendo sus cositas.

Él vive en la misma zona que mi nuevo piso, así que aproveché la oportunidad de vagar por lo que será mi nuevo bario. También di una vuelta por Mercadona otra vez – ¡hay que comenzar como se piensa continuar!

Eso ya es todo de la semana pasada, ¡pero ha sido muy ocupada! Estoy seguro de que todo se pondrá cada vez más rápido al comenzar esta segunda semana, la que acabará con mi mudanza al nuevo piso. Escribiré una entrada de blog con unas fotos del piso cuando me mudo y me ha dado tiempo colocar unas plantas para darle vida al espacio. ¡Hasta entonces!