Tengo dos carreras frustradas: tipógrafo, alguien que diseña letras, y escritor, alguien que coloca letras en un orden satisfactorio. Lo segundo no debería sorprender a alguien que ahora se dedica a publicar artículos mediocres en Substack.

Ambas profesiones se centran en las letras, esos simbolitos que utilizamos para comunicar todo lo que se pueda dejar por escrito. La mayoría de las palabras se construyen con unas cuantas letras, aunque hay algunas que cuentan con bien pocas.

El español tiene demasiadas palabras de solo dos letras, y son una pesadilla para la gente que tiene que aprenderlas. Me acuerdo de tirarme los pelos al leer frases como «yo no se lo di». Parece una canción de Sonrisas y lágrimas, pensé. ¿Cómo cojones se supone que esa frase va a tener un significado real?

Pero también existen las palabras de una sola letra. Hay «y», «o» y «a», aunque olvidémonos del «a» por ahora. Es una palabra estable que no sufre la transformación fabulosa que hacen las otras dos, una transformación que me tiene completamente obsesionado.

Al escuchar una conversación en español, un inglés se preguntará sobre qué estarán discutiendo los hablantes y luego se preguntará cómo puede ser que fluya tan bien el idioma. Centrémonos en esta última observación. A diferencia del caos del inglés, el castellano fluye bien por estar estructurado de manera predecible. Sin ponerme técnico, tenéis un idioma que evita combinar sonidos difíciles de pronunciar juntos. Es algo que, como no nativo, agradezco muchísimo.

¿Pero qué pasa cuando una palabra consta de una sola letra? ¿Qué se hace cuando hay que decir «o» seguido de otra palabra que empieza por o? Como hispanohablante ya sabrás que muta la «o» para transformarse en «u» y la «y» pasa a ser «e». Es un pequeño detalle del idioma que a mí me hace bastante gracia. Tenéis mucho que decir y queréis decirlo siempre rápido, así que habéis desarrollado una manera de hacerlo sin que se pierdan estas pequeñas palabras.

Pero tampoco es que sea una característica exclusiva del español. El inglés cambia su «a» por «an» antes de ciertos sonidos vocálicos: «a apple» suena terrible. Es un concepto parecido, así que no debería fascinarme tanto.

Pero sí que me fascina. Hay algo en cambiar por completo la palabra que me intriga. Que se diga «Instagram y Facebook», pero «Facebook e Instagram» me parece una puta locura.

Y he aquí una confesión. Estoy tan obsesionado con este fenómeno que cambio deliberadamente las frases para poder usar palabras tan exóticas como «u» y «e» en lugar del aburrimiento que son «o» e «y». Si tengo que usar una palabra que empieza con la i, fijo que me la llevo al final de la frase para poder usar el «e» justo antes.

Lo más seguro es que se me pase usar estas palabras al hablar. Mi cerebro aún no se ha acostumbrado a esta regla del español. Pero si surge la oportunidad de añadir «u otros» a alguna frase, puedes estar seguro de que lo haré.

Algunas personas se pinchan heroína. Yo hago esto.