Un verano despacio

22.07.20 — Madrid

Hace ya más que dos semanas que publiqué mi última entrada de blog, pero sigo intentando salir de mi piso lo más posible. O sea para recoger más luces coloridas de IKEA o para quedar con amigos a comer, poco a poco he ido reclamando las calles mientras llegamos a las alturas del verano español.

Como te puedes imaginar, sin embargo, este calor a veces se vuelve insoportable, así que he pasado la mayoría de mis tardes en mi casa durmiendo la siesta, preparando comida o limpiando en el confort del aire acondicionado. Parece que mis vecinos están haciendo lo mismo durante el finde, ya que un sábado me desperté para encontrar mi piso bañado en el resplandor de una luz cálida reflejada de una toalla rosa que habían colgado en el patio.

My kitchen is bathed in a pink glow.

Hasta la planta que había dejado fuera creaba un resplandor rosa y verde.

A pink glow and a green light from a leaf are shown through the frosted glass of my bathroom window.

Ese mismo finde quedé con mi amigo Jhosef y su hermana para visitar IKEA, porque los tres necesitábamos pillar unas cosillas que habíamos echado en falta durante la larga cuarentena. Yo principalmente quise ir por las albondigas ricas, pero también decidí que iba a darme el gusto de comprarme unas nuevas luces ya que se pasa mucho tiempo en casa hoy en esta nueva normalidad.

Después de un viaje agotador en el metro al centro comercial, nos guiaron por los pasos de preparación para entrar en las tiendas: lecturas de temperatura corporal, gel hidroalcohólico y un aviso que no debíamos ni sentarnos en los bancos ni acercarnos a los demás. Aparte de las zonas restringidas, las colas para entrar en unas tiendas y la vuelta enorme que tuvimos que dar en el color inaguantable del exterior para entrar en el IKEA, todo me parecía bastante normal.

Me outside of the IKEA sign.

Se puede sentir el calor en esta foto que sacó Jhosef de mi en el parking.

La compra en IKEA fue bastante normal, excepto el sistema de única vía que habían implementado junto con las señales que nos pedían que solo tocásemos lo que íbamos a comprar. Por el otro lado, la experiencia en la cafetería fue muy extraña, ya que tuvimos que esperar a ser sentados, que nos sirviera las bebidas el personal y ni nos pudieron facilitar servilletas.

Tras llegar en casa muy tarde esa noche, pegajoso y exhausto después de tanto viajar en el calor del día, estuve bastante molesto al descubrir que una de las bombillas que había pillado era el modelo equivocado. No sabía que hacer, pero al final decidí volver a hacer el viaje de una hora el día siguiente para que me la sustituyeran – yo me conozco, y sé que si no hago algo al instante, ¡lo más probable es que nunca se haga!

Ese domingo por la noche se dedicó a la instalación de estas nuevas luces que me había comprado junto con otras que llevaban un rato en mi armario sin utilizarse. Jhosef pasó por mi casa esa misma tarde para echar un vistazo a lo que había creado con todas las luces que me vio comprar y sacamos unas fotos por la casa. Más luego realizaré otro shooting nocturno en el piso para compartiros como se ve (como hice al mudarme a este piso), pero por ahora os dejo con un par de fotos iniciales…

A plant is bathed in the glow of both a red and blue light.
Jhosef stands in a doorway, bathed in the glow of both a red and blue light.

Algo que he estado trabajando (y algo que casi nunca dejo de trabajar) es el diseño de mi nueva web. Siempre tengo cuidado con mencionar el tema, ya que me conocen por cambiar el diseño mil veces antes de lanzar, pero creo que no hará daño compartir una vista previa…

My laptop screen shows my new website design.

Como bien digo, sin embargo, tómate esto con precaución, ya que la última vez que compartí el diseño de mi nueva web (la que estás usando ahora, de hecho) escribí una entrada de blog para compartirlo – y luego acabé cambiando la tipografía, la composición y muchos otros detalles antes de lanzar la cosa. ¡No mienten mis amigos al decir que mi web es un proyecto eterno!

En fin, cuando no estoy en casa, he intentando visitar las zonas más verdes de la cuidad, ya que suelo echar de menos el campo y la naturaleza en la que crecí. Tales sitios incluyen el río al lado de mi casa, otra zona verde donde los ferrocarriles de Delicias y hasta un viaje al oeste de la ciudad y el Templo de Debod.

Pasé por allí con Jhosef después de que me sacó a comer una comida peruana en un sitio autentico, donde comimos pollo asado, ceviche, papa rellena y mejillones (que ahora me matará porque me explicó que estos platos tienen nombre distinto en Perú, pero se me han olvidado los nombres). Todo esto lo tomamos con chicha, una bebida deliciosa hecha a base de maíz moreno y especias. Era todo riquísimo, ¡y la verdad es que hacía falta el paseo por el templo y el parque para bajar la comida!

Stairs lead up through a blanket of trees at the Parque del Oeste in Madrid, Spain.
The "Building of Spain" hotel seen through one of the arches of the Debod Temple in Madrid, Spain.

La falta de gente por allí me permitió sacar esta foto de lo antiguo y lo nuevo.

Otra tarde me fui un poco menos lejos de casa, eligiendo bajar al río un par de horas para llamar a unos amigos de Inglaterra. Se sentó bastante bien esta pequeña excursión, y pasé unas horas viendo el mundo pasar y descansando en la sombra de unos árboles.

A canopy of trees seen from below.
A selfie of me in the evening sunlight.

Un problema que siempre se me presenta en este mundo de la nueva normalidad es la lucha mental de desear escapar e irme lo más lejos del piso que sea posible contrastado con la aversión de usar el transporte público menos que sea absolutamente necesario. Creo que ya tengo la solución, que consiste en alquilar una bicicleta de BiciMad e irme lo más lejos posible antes de tener que dar la vuelta para volver a casa.

A view over the centre of Madrid, with the royal palace and cathedral on the skyline, illuminated by the evening sun.

Esta aventura me llevó a la zona de Moncloa, que llegué alcanzar al cruzar un puente antes de llegar al fin del parque de Madrid Río. Este desvío me dejó en una serie de calles estrechas y tranquilas que luego me llevaran por una urbanización donde vivía un rato durante mis prácticas en Erretres hace más de cuatro años.

A red railway overpass is lit in the warm glow of the evening sun in Madrid, Spain.

Después de una noche bonita montada en bici, el finde siguiente salimos Jhosef y yo para celebrar el fin de su curso universitario. Subimos a Chueca, donde nos tomamos unos cócteles en la azotea de un mercado, antes de bajar a un restaurante local donde acabamos saliendo rodando después de unas raciones enromes de croquetas y calamares. Fue una noche preciosa, ¡y los cócteles sentaron muy bien después de muchas semanas de trabajo duro!

The streets of Chueca in Madrid, Spain.

Eso no lo es todo, sin embargo, pero hasta aquí he llegado con la organización de mis fotos para subirlas al blog. Jhosef, Hugo y yo pasamos unas horas este finde pasado de relax en la piscina de mi oficina, y por supuesto sacamos muchas fotos, ¡pero eso para la próxima!

Por ahora, puedo contar que he pillado unos vuelos para pasar unos días en Tenerife y luego Murcia durante mis vacaciones, así que crucemos los dedos que se mantenga bajo control la situación del coronavirus aquí en España para que pueda visitar mis amigos en la isla y mis tíos en el sur de la peninsula. Seguro que todo irá bien, y claro que luego volveré con muchas fotos más y unos cuentos graciosos. ¡Hasta entonces!

La ciudad fantasma

02.07.20 — Madrid

Ahora que nos encontramos en esta época gloriosa de la nueva normalidad, he aprovechado de cada oportunidad de volver a las calles de la ciudad que me enamoró en mi primera visita hace ya casi cinco años. La llegada del verano también ha servido para sacarme de mi piso, aunque mi primera salida me dejó sudando al subir las temperaturas hasta unos 35°C durante el día.

Este primero viaje al centro se produjo por las ganas que tenía de pillarme unas cosas que me recuerdan a Inglaterra, porque ya llevo unos meses queriendo una bebida que se llama cordial (o squash a veces), que se mezcla con agua para crear una bebida de frutas instante. Esta búsqueda me llevó a Dealz, una tienda que ofrece un rango de productos importados del Reino Unido.

No me gusta hacer transbordo pero es un sitio bonito en el que hacerlo.

The roundabout at the Puerta de Toledo in Madrid, with a bus in the background between green trees and red flowers.

Con una selección de patatas fritas y chocolate británico en la mano, me volví a casa, que luego tardé unos días más en volver a salir a las calles soleadas de Madrid. En esta ocasión me alejé menos de mi casa y bajé al Matadero, un centro cultural que se encuentra a solo diez minutos de mi casa.

One of the buildings of the Matadero in Madrid in the evening sun.

Aquí es donde el titulo de esta entrada de blog empieza a coger sentido. El espacio exterior enorme, que suele encontrarse lleno de gente pasando el rato a estas horas de la noche, se encontraba más o menos vacío. Esta paz me venía bien, sin embargo, porque había quedado con llamar a Rhea, ¡que llevo sin verla desde mi último viaje a Inglaterra el año pasado!

One of the buildings of the Matadero in Madrid in the evening sun with a terrace in the foreground.
A multicoloured bar in a hut at the Matadero in Madrid.
The plaza in the centre of the Matadero in Madrid is empty whilst bathed in the evening sun.

Después de cruzar el complejo entero a las orillas del río que se encuentran al otro lado, busqué en vano un sitio en la sombra en el que sentarme mientas manteniendo el protocolo correcto de distancia interpersonal. Al final volví al Matadero y un rincón detrás de su cantina preciosa.

A redbrick building bearing the name "Cantina" (Canteen) at the Matadero cultural centre in the south of Madrid, Spain.

El finde siguiente subí al centro comercial de Madrid, la puerta del sol, para echar un vistazo a un nuevo portátil y subir al Club Gourmet de El Corte Inglés para realizar unas investigaciones informales para un nuevo proyecto laboral.

The puerta del sol in the centre of Madrid.

Allí me emocioné al encontrar un pastel de cabracho, algo que me encanta y que siempre me trae recuerdos de la primera vez que subí a visitar a Kevin en Oviedo. Me lo pillé aunque me costó 7€ – ¡nada de chollos en tal Club Gourmet!

De camino a casa me encontré con mi compañera y su familia y me detuve un rato para hablar con ellos antes de pasar por La Mallorquina para coger una napolitana de chocolate. Solía desayunar una antes de la cuarentena, así que fue un bonito recuerdo de la antigua normalidad.

Energizado por el azúcar, decidí caminar por la Plaza Mayor y por el barrio bonito de La Latina, donde alquilé una bici y dejé que el viento me refrescase al bajar sin pedalear por las cuestas del sur de la ciudad.

La Latina se veía resplandeciente en la luz del atardecer.

El día siguiente volví a montarme en bici, pero esta vez me atreví a intentar subir la cuesta ascendiente a la zona del palacio real, donde había quedado con mi amigo Hugo para dar una vuelta y tomarnos un helado. Pensé que molaría grabar el viaje en mi móvil para compartir el viaje pintoresco con mi familia en Inglaterra, ¡pero resulta que las capacidades de estabilización de vídeo de mi móvil no sirven para nada al encontrarse frente las calles desniveladas madrileñas y la vibración furiosa de la bicicleta eléctrica!

Una vez encontré a Hugo, que andaba por el centro de compras, bajamos a la Plaza del Oriente al lado del palacio real. Esta plaza, y sus jardines verdes y terrazas bonitas, suele verse inundada de gente, pero nos encontramos casi solos al dar una vuelta en el calor del mediodía. El nombre de esta entrada de blog, de hecho, viene de un mensaje que le envié a Hugo al esperarle por Ópera.

The east facade of the royal palace in Madrid with no people around at all.

Nunca he visto esta son con tan poca gente dando vueltas.

The royal palace of Madrid is visible through the trees of the Plaza del Oriente.

Los dos pillamos un helado de Zúccaru, una heladería siciliana que ofrece sabores caseros deliciosos, y nos sentamos en la sombra de unos árboles para ponernos al día con los eventos de la semana anterior. Después de caminar por la zona un rato más (durante el cual me quemé los brazos, algo de que solo me di cuenta al llegar a casa), acabamos en la plaza entre el palacio y la Catedral de la Almudena. En un domingo así, usualmente estaría petada de gente, pero ya veréis que no se ve ni un alma en la foto.

Así concluimos mis aventuras recientes, que han sido intercaladas por unos días intensivos ahora que cambiamos a la jornada intensiva. Esto, junto con el arranque de unos nuevos proyectos grandes y emocionantes, me deja con poco tiempo para salir entre semana, pero aprovecharé para escapar de mi piso este finde y ¡os contaré que tal!

La nueva normalidad

21.06.20 — Madrid

Después de aguantar más que tres meses de una España en cuarentena, durante estas últimas semanas la comunidad de Madrid ha pasado por las cuatro fases de la desescalada. Mi última entrada de blog incluyó varias salidas que pude realizar, pero estas vueltas las tuve que dar sin compañía.

Ahora, con la reapertura del transporte público, la restauración y la flexibilización de otras medidas de confinamiento, ¡las quedadas ya se pueden hacer! Todo esto fue muy emocionante, pero mi primera “quedada” no fue tan espectacular, ya que consistió en viajar a una clínica en el norte de la cuidad para que me realizasen una prueba de COVID-19.

Looking up to the sky from the entrance to Delicias metro station in Madrid, Spain.

Al recibir los resultados, estaba molesto al descubrir que no tenía los anticuerpos, así que lo más probable es que no haya pasado el virus todavía. Yo quería que el resultado diese positivo, ya que habría significado que ya lo hubiese pasado de manera muy leve y no me tendría que preocuparme tanto con cara al futuro. Pero bueno, ¡es lo que hay!

Después de otro viaje fascinante al dentista en las tierras exóticas al norte de mi barrio, por fin tocaba quedar con unos amigos tras meses sin contacto humano. Naturalmente había quedado con Bogar y Hugo en el río, donde montamos un picnic, durante el cual mantuvimos la distancia y hablamos hasta tarde.

Me, Bogar, and Hugo have a picnic by Madrid Río.

Unos pocos días después Hugo y yo nos volvimos a ver, pasando nuevamente por las sendas del Parque Madrid Río. Durante el camino, pasamos por el Calderón, que ya se encuentra en un estado casi totalmente demolido.

The remains of the Vicente Calderón Stadium in Madrid during its demolition.
The rear facade of the Matadero in Madrid.

Nos entró bastante hambre durante el paseo, así que eventualmente acabamos descubriendo una hamburguesería que se encuentra a media manzana de mi casa. Después de unas horas de cañas y hablando de la vida, quedamos en hacer otro picnic el día siguiente con unos amigos de Hugo.

The brick facade of a building near the Atocha Train Station in Madrid. A streetlight lights up part of the dark facade by night.

Había prometido que llevaría una de mis famosas tartas de zanahoria, así que pasé medio día horneando, solo para que luego me diese la bienvenida unos truenos fuertes y lluvia al salir de mi casa. Me quedé en mi piso durante otra media hora más (ya iba dos horas tarde), pero lo que no sabía fue que esto marcó solo el comienzo de una cadena de desastres.

Una vez pasada la lluvia, decidí que la manera más rápida de llegar al parque donde habíamos quedado fue en patinete eléctrico, así que colgué mi bolsa llena de tuppers en el manillar y fui bajando por el río a toda velocidad. A mediados del viaje, juzgué mal la altura de un escalón que se veía muy pequeño, así que en un instante me encontré comiendo el asfalto al caerme de manera espectacular al suelo.

Sin daños menos un tupper roto, unos trozos de pastel algo revueltos y unas rallas nuevas en mis vaqueros, me volví a montar en el patinete y seguía al parque. Eventualmente llegué y me presenté a los amigos de Hugo, pero enseguida mi llegada fue marcada por unos truenos más y una lluvia ligera que no tardó en convertirse en una lluvia torrencial.

Cogiendo los platos, las mantas de picnic y los restos de comida y latas sin abrir que se pudiese salvar, mi primera reunión con el grupo se cortó antes de tiempo, y todos fuimos al refugio de una parada de bus al lado del parque. Uno de los amigos de Hugo amablemente nos ofreció una vuelta en su coche a la puerta de mi casa, donde una bolsa de comida se cayó y chocó con un vaso de vino tinto que acabó manchando mi alfombra. Como dije, ¡realmente fue una serie de eventos desafortunados!

Para animarme un poco, el día siguiente hice unas magdalenas de zanahoria con la masa que me había sobrado, y dejé unas con mi amigo Jhosef para que me dijera que tal, porque él me regaló un bizcocho de plátano buenísimo para mi cumpleaños.

A plate full of seven carrot cake buns topped with walnuts and cinnamon.

Con tanto trabajo que hacer en casa, voy aprovechando cada vez más de estas nuevas libertades para visitar el parque del río y caminar, montarme en patinete o ir en bici durante una hora o así para despejarme la cabeza después de los estreses del día. Saliendo o solo o acompañado por Josef, ya he visto una buena cantidad de atardeceres y he podido seguir la demolición del estadio, que ahora se encuentra casi desaparecido.

The evening sky full of various cloud formations seen from a bridge over the river in Madrid.
The skeletal remains of the Vicente Calderón stadium in Madrid.
The sunset in Madrid colours a cloud formation in orange in contrast with the blue sky.
The silhouette of the nearly demolished Vicente Calderón stadium in Madrid, against a sunset.

Otro pequeño subidón llegó en la forma de una carta y regalo que me mandó Kevin de los Estados Unidos. Me envió una copia del “The Waste Land” (La tierra baldía) de T. S. Eliot, que no he llegado a leerlo todavía, pero tengo muchísimas ganas porque Kevin ha hablado tan bien de la obra en el pasado.

A card addressed to me which came from the US.

Aparte de tantos viajes por el río, también he salido a ver a otros amigos, pero durante estas quedadas, ¡la emoción de volver a ver a mis amigos hizo que me olvidase sacar ninguna foto!

Una noche quedé con Luis, un ex-compañero, y un grupo de compañeros de Erretres para tomarnos unas birras y echarnos unas risas en Sala Equis. Otra noche volví a quedar en mi terraza local favorita con Bogar y Hugo, y la semana pasada me vi con Blanca, Jesús y Pablo para cenar y tomar algo en un sitio cerca de la oficina.

Mi barrio luce bastante bien sin tantos coches en la calle.

A street in Delicias, Madrid, covered by a sky with cloud formations.

Con eso, concluyo este cuento sobre cómo ha sido la transición gradual de vuelta a esta nueva normalidad (en las palabras del gobierno). Este finde, vuelven a abrir las fronteras entre comunidades y entramos en una nueva etapa de esta locura de año que se llama 2020, así que seguro que en breve volveré con más noticias y cotilleo. ¡Hasta entonces!

Parques abiertos y estaciones cerradas

23.05.20 — Madrid

Destaqué al final de mi última entrada de blog mi deseo de estar libre, y gracias a la cooperación del pueblo español y el plan para la desescalada creado por el gobierno, esa libertad pronto vendrá. El gobierno acaba de anunciar que Madrid entrará en la fase 1 el lunes, lo cual significa que podré visitar a amigos, vagar por donde quiera y muchas cosas más a partir de la semana que viene.

Por ahora, no obstante, tengo que quedarme dentro del límite de 1km, pero ahora no está tan mal gracias a mi hallazgo de un parque local que ya está abierto. Este parque es bastante interesante, porque contiene unas vías ferroviarias, arquitectura loca y una colina enorme que ofrece unas vistas maravillosas sobre el sur de la ciudad.

The evening sun illuminates the facade of a redbrick building in Madrid, Spain.

Estos paseos diarios me mantienen la energía y el optimismo.

Clouds and blue sky over the city of Madrid as seen from a park in the south.

Lo más destacado del parque consiste en una estructura enorme de concreto y una chimenea de metal que marcan el punto central de un puente que cruza una de las vías ferroviarias. Desde este punto, se puede disfrutar de unas vistas hacia el norte de la ciudad, como en la foto de arriba. Al este de aquella estructura, que también sirve como un muro de escalada enorme, está situado el planetario. Llevo bastante queriendo visitar el planetario, pero nunca he llegado a ir, así que supongo que es algo que tendrá que esperar hasta la vuelta a la nueva normalidad.

Madrid's planetarium seen from a bridge nearby.

De camino de vuelta a casa desde, vi que unas vías ferroviarias en el pavimento llegaban a unas puertas de hierro enormes que quedaban bien cerradas y cubiertas en redes oscuras para ocultar lo que quedase detrás de las mismas. Al alcanzar a ver una estructura que parecía una estación de tren, sabía que había una oportunidad de ver unos trenes abandonadas en una estación cerrada, así que me puse a investigar.

Siguiendo la línea de la reja, buscaba puntos donde la red estuviera dañada o abierta, pero parecía que habían hecho un buen trabajo en asegurar que la gente curiosa (como yo) no pudiéramos ver nada. No lo lograron del todo, sin embargo, porque eventualmente encontré un par de huecos y saqué estas fotos de esta estación abandonada y los trenes oxidados que quedan dentro.

An abandoned train half-covered by black netting lies abandoned in a train station overrun by nature.
Two old railway cars sit abandoned facing each other. One if more futuristic in its styling, the other much more classical.

Después de investigar más luego, resulta que estos andenes antes formaban parte de la estación antigua de Delicias, cuya nueva encarnación es la estación en la cual cogía el Cercanías a la oficina antes de la cuarentena. La antigua estación de Delicias ahora se encuentra parcialmente utilizada por el Museo del Ferrocarril y parcialmente como espacio para almacenar trenes antiguos.

Durante estas idas y vueltas al parque, también encontré un par de maravillas arquitectónicas entre los bloques genéricos de pisos que forman la gran parte de mi barrio. Como molaría vivir en un edificio tan bonito de solo dos plantas en pleno centro de Madrid, o tener un balcón en una fachada tan bonita e intrincada…

The corner of a two-storey building, with a plant-filled balcony.
A red facade intricately detailed with geometric ornaments and black iron railings.

En otra ocasión volví al parque algo más tarde en la noche, lo cual me presentaba con una iluminación muy bonita para sacar unas fotos más. Fotografié la estructura grande de concreto y un panorama de las vistas sobre el sur de la ciudad.

Trees and sky are seen through a circular hole in a concrete wall, with a streetlamp in the foreground.
Looking up at the angular forms of a concrete structure in Parque de las Delicias, Madrid, Spain.
A panorama over the south of Madrid during sunset.

En otros paseos por allí, volví a subir a la estación de Atocha, y en otra ocasión paseé por más de las calles históricas de Madrid. Me gusta mucho mi barrio, pero siempre da gusto pasar por la majestad vieja del centro.

A sign reading "Escuela de artes" (Art School) on a facade in the historic centre of Madrid, Spain.
The facade of Atocha Train Station, currently out of use due to the coronavirus pandemic, in Madrid, Spain.

Cuando no estoy de paseo, siguen mis experimentos culinarios en casa, y esta semana ha toca un pan italiano con mozzarella, pesto, tomate seco, aceitunas y parmesano. Me recordaba de una pizza blanca, o quizás el plato alemán llamado flammkuchen, pero de todos modos estuvo bien rico.

An Italian-style flatbread covered in mozzarella, pesto, dried tomato, olives, and parmesan.

Con esta pequeña actualización os tengo que dejar hasta la próxima, porque este finde tengo que hacer un poco de papeleo y preparar una cena rica de un filete de ternera con verduras. Para mantener el costumbre de mis dos últimas entradas, sin embargo, os dejaré con una canción que llevo escuchando toda la semana…

Este temazo te tiene que poner los pelos de punta.

No tengo veinte años

17.05.20 — Madrid

Hace poco más de una semana cumplí años, y por una razón que desconozco me desperté con una canción que escuchaba hace años metida en la cabeza. En esta canción francesa, “J’ai pas vingt ans”, Alizée canta “j’ai pas vingt ans… on est vieux à vingt ans – moi j’ai le temps!”, lo cual más o menos significa “No tengo veinte años, a los veinte ya somos viejos – ¡yo tengo tiempo!”

Creo que me acordaba de esto porque este año, al cumplir 25 años, me supone un hito importante. De repente me di cuenta de que ya estoy más cerca a mis treinta años que a mis veinte – justo como canta Alizée: ¡no tengo veinte años!

Como te puedes imaginar, las celebraciones eran bastante ligeras debido a la cuarentena. Sin embargo, disfruté el placer de abrir unas cartas que me habían enviado de muchas partes del mundo, y una caja llena de chocolates y comida británica eu me mandó mi madre desde Inglaterra. Después de unos minutos de indulgencia, me conecté al trabajo, pero poco después me interrumpió el telefonillo durante una reunión. Llegó un repartidor a mi puerta, y me dejó una caja enviada por unos compañeros que contenía una carta bonita, una tarta de tres chocolates, unas velas (que ponen 24 en vez de 25, pero la culpa la tengo yo por no responder a un mensaje preguntándome cuantos cumplía) ¡y una botella de cava para celebrar la ocasión!

A cake, candles reading "24", and a bottle of cava.

Esta bonita sorpresa llegó apenas unos días antes de una fecha clave que toda España ha esperado tanto: el primer día que nos dejaron salir a pasear. El día antes era festivo, así que aproveché para hacerme una mascarilla casera hecha de una funda de almohada que me sobrada.

I wear a homemade face mask.

Tardé media hora en trenzar la lana para hacer la cinta.

El día de vacaciones fue bastante productivo, pero en realidad todos andábamos esperando el día siguiente, el 2 de mayo, el cual fue nuestra primera oportunidad de salir fuera sin ir al supermercado. El gobierno aquí ha establecido franjas horarias para mayores de edad, padres con sus hijos y luego el resto de la población. Ya que pertenezco al último grupo, puedo salir desde las 6am hasta las 10am y desde las 8pm hasta las 11pm, pero naturalmente acabé durmiendo durante toda la franja mañanera del primer día de libertad.

Esto hizo que tuviera que entretenerme durante todo el día, lo cual realicé limpiando el piso entero y perfeccionando mi tortilla de patatas (después de mi último intento). Creo que por fin lo he clavado, con el centro de la tortilla poco hecha sin llegar a ser un chorro de huevo crudo.

A Spanish omelette that I made.
A slice of the Spanish omelette.
The silhouettes of three plants are seen in a window sill of my flat in Madrid.

Se necesitaba una siesta en el sofá después de tanta tortilla.

My legs on the sofa in my flat.

Esa misma tarde, sin embargo, estuve listo para salir a las 8 en punto. Con un límite horario de una hora y una distancia máxima de 1km, sabía exactamente adónde quería ir: al río.

Sí que sabía, no obstante, que no se podía entrar en las zonas verdes por las orillas del Río Manzanares, ya que se clasifican como un parque público, los cuales siguen cerrados. Eso no me preocupaba, ya que sabía que la zona por el Matadero (un centro cultural) y el puente que cruza el parque y el río serían lugares perfectos desde cuales ver la puesta del sol.

The sun highlights the top floors of a decorative building in Madrid.
The sun sets over a closed park by the river in the south of Madrid.
The sun sets over the south of Madrid, with shades of pink, orange, and blue.

Una vez crucé el puente, sabía que estaba llegando a la frontera del límite de distancia, así que me di la vuelta. En la vuelta a casa vi unas vistas tan preciosas como un par de conejitos jugando con sus humanos, el cielo de rosa pastel sobre un mercado en obras y una luna llena que miraba sobre las fuentes iluminadas de mi barrio.

A pastel blue and pink sky sets over the concrete shell of a large structure.
A series of illuminated fountains in Madrid below a full moon sky.

Para celebrar este paseo bonito por las calles que llevo tanto tiempo sin verlas, al llegar a casa decidí que tocaba aprovechar de unos productos que he había comprado de Lush. Encendí unas velas, configuré bien la iluminación en casa, puse una lista de música relajante y me puse una mascarilla facial de otro tipo (en este caso era de hierbabuena), transformando mi piso en un balneario para mimarme durante unas horas.

My face with a face mask.

Con la mejora del tiempo y las calles vacías de coches, nunca ha habido mejor momento para explorar la ciudad. Después de ver muchas familias y grupos de amigos montados en bici por las calles, sabía que tenía que aprovechar de la oportunidad y por fin intentar comprender cómo funciona el sistema de carreteras y rotundas que tanto me confunde aquí en España.

Nunca he sido muy fan de las bicicletas, pero después de ver las calles llenas de gente paseando, corriendo y pasando en bici y el cambio desde el estruendo del tráfico a las conversaciones, la música y hasta una familia que cantaba karaoke desde su balcón, me vi convertido en un defensor estoico de la peatonalización de cuanto más de la ciudad que se pueda.

An empty tree-lined street near my flat in Madrid, with a beautiful sunset in the background.

Con tantos momentos tan bonitos fuera de la casa, también he intentado mantenerme contento mientras estoy encerrado en casa, y eso lo hago con mi único amor verdadero: la comida. Menos los pedidos ocasionales de comida a domicilio, ya me toca a mí preparar unos de mis platos favoritos que antes comía fuera, así que el otro día me puse a preparar un bol de ramen, ¡y tengo que decir que me salió bastante bien!

A bowl of homemade ramen with pork.

Justo ayer pensé que molaría salir y explorar cuanto más de la ciudad que se pudiera durante la noche, así que subí a la frontera norteña de mi límite de 1km: Atocha. La estación ferroviaria estuvo muy tranquilo, ya que todos los viajes que no seas esenciales se han cancelado, pero se veía muy bonita con unas nuevas luces que la iluminaban contra el cielo negro.

The Atocha train station lit up at night.

Para concluir esta entrada de blog, creo que todos nos merecemos echar unas risas, así que os compartiré unas fotos del último numero del concurso semanal que realizo con mis amigas Abi y Danni. Decidimos conectarnos todos en disfraces caseros, tanto para el reto creativo como para las risas. Los tres hemos visto Tiger King en Netflix (bueno, ¿qué más se puede hacer estas fechas?), así que Danni y yo decidimos hacerlo en drag: Danni se disfrazaba de Joe Exotic y yo de Carole Baskin.

Por los que no hayáis visto la serie, Joe Exotic y Carole Baskin son archienemigos que tienen sus propios zoos de grandes felinos, y mi reto fue transformarme en la famosa Carole. Pues nada, a ver, terminemos con esto ya: aquí va una foto de ella versus lo que logré yo…

Carole Baskin.
Me dressed as Carole Baskin.

Tal vez no sea el mejor disfraz de la historia, pero la peluca de tiras de saco de basura, unos pendientes de pompones caseros, flores hechas de post-its y embalaje de chucherías – todo junto con mi primer intento de maquillarme – ¡creo que lo hice bastante bien dada la situación en la que nos encontramos!

Puede que hayas notado antes que no mencioné de qué Abi se disfrazaba, y eso es porque lo mantenía un secreto hasta conectarse al concurso: ¡ni Danni ni yo sabíamos de que se iba a disfrazar hasta arrancar la videollamada! Como veis abajo, no decepcionó en su elección: ¡se disfrazó de un tigre y completó perfectamente el trío!

Danni as Joe Exotic, me as Carole Baskin, and Abi as a tiger.

Y así concluimos la última edición de las entradas de blog escritas bajo la cuarentena: me sorprende la cantidad de contenido que tengo para compartir a pesar de sentir que paso toda mi vida en el piso – una sensación que es, seamos justos, más o menos verdad. Para despedirme, vuelvo a la canción de Alizée que mencioné al principio de la entrada, y una frase que canta en la versión en inglés de la canción, y la cual la veo muy apta dado mi cumpleaños y la situación actual de la cuarentena:

No tengo viente años, ¡y quiero ser libre!