El irlandés: un nuevo viaje

16.08.20 — Madrid

Entre mis entradas de blog típicas que cuentan mis viajes y aventuras cotidianas, a veces subo otras historias y observaciones. Estas entradas pueden incluir una exploración el proceso de diseño de mi nueva web o incluso unos cuentos tontos de experiencias que he vivido. Esta entrada habla de algo mucho menos visual, pero algo que espero que os sea interesante: un nuevo viaje en aprender un idioma.

Mi relación con idiomas que no sean el inglés (a pesar de mi fuerte acento nativo que cuesta entenderse, pero eso es otro cuento para otro momento) empezó hace mucho, cuando empecé a aprender algo de vocabulario francés a los 10 años antes de entrar en la secundaria. Esto fue como una especia de iniciativa que había implementado mi escuela, en la que una profesora externa nos visitaba una vez a la semana para enseñarnos unas palabras como ananas (piña), chat (gato), and garçon (chico).

Quizás hayas notado por mi tono apático que no me convencían estas clases, y no recuerdo que me acordase ninguna palabra ni frase al pasar de la primaria a la secundaria y las clases bisemanales de francés que tuve que aguantar: y digo “aguantar” por dos razones principales:

En primer lugar, realmente no creo que la manera en la que nos introdujeron al aprendizaje de idiomas fuera la mejor, con sus pruebas semanales de vocabulario y los casetes de una francesa monótona que repetía una serie de frases inútiles que ni nos obligaron a repetirlas.

En segundo lugar, y me tendréis que perdonar los francófonos, pero es que no me interesaba ni Francia ni el idioma francés. Hoy en día ya le tiene aprecio al idioma y sus facetas, pero mi manera de pensar a mis once años fue así: si nos van a obligar a aprender un idioma, y si mi familia y yo siempre vamos de vacaciones a España, ¿por qué no podemos aprender español? Por lo menos sería de alguna utilidad*.

* Fueron muchos años después que descubrí que el idioma principal de Mallorca, donde solíamos ir, es el catalán/mallorquín. Ups.

Durante un rato hasta me apunté a unas clases extracurriculares para aprender algo de alemán los jueves por la tarde, pero dentro de nada ya las dejé. La pronunciación me parecía dificilísima, la estructura una pesadilla y los tres géneros gramáticos un coñazo como una catedral. No estuve nada celoso de la mitad de mi escuela que tuvo que aprender alemán en vez de francés.

Una vez llegada la hora de hacer mis GCSEs (que son como el ESO), y después de estafar a mi profesora de francés durante muchas de las pruebas de vocabulario (mi amiga aprendía las palabras 1 a 10 y yo las 11 a 20, y luego nos copiábamos), por fin revelaron que iban a empezar a ofrecer el español como una asignatura siempre que hubiese una cantidad suficiente de estudiantes interesados. Supongo que la mayoría de la gente pensaba igual que yo, y que después de ser presionados a seguir estudiando un idioma, que decidieron que por lo menos fuera un idioma útil a la hora de pedir copas durante sus vacaciones.

Y así empezó mi experiencia de aprender el español. Después de dos años de aprender frases hechas y construir oraciones súper básicas en la secundario vinieron dos años de colegio en los que aprendimos la estructura y la fonología del idioma. Empecé a utilizar este conocimiento en 2016 al empezar trabajando en prácticas en Erretres, que consistió de seis meses de ser constantemente corregido todos los días, cosa que al final mejoró mucho mi fluidez y confianza. Desde graduarme y volver a España, he avanzado mi conocimiento más aún, hasta el día de hoy en el que ya creo que hablo el idioma con bastante fluidez. Por supuesto que se me nota el acento y el error puntual, pero ya no me cuesta entender de hacerme entender.

Durante estos años de vivir entre España e Inglaterra, también he pasado un par de veces por la cuidad preciosa de Lisboa. También fui de vacaciones un par de veces a un pueblo que se llama Lagos en el sur de Portugal con mi familia, pero fue en Lisboa y Madrid donde conocí a mucha gente de Brasil, y así empezó otra aventura en aprender un idioma: el portugués.

El portugués es parecido a idiomas como el español, rumano, italiano y francés (entre muchos otros más) en que forma parte de las lenguas romance, derivadas del latín vulgar, el idioma que se habló en el imperio romano. Por eso, estos idiomas comparten muchos elementos comunes y mucho vocabulario parecido, y naturalmente el español y el portugués son muy parecidos por la proximidad geográfica de los dos países. Con la ayuda de Duolingo y consejos de mis amigos lusofónos, aprendí rápidamente un nivel suficiente como para conversar, construyendo frases sobre una base de español y aplicando unas reglas generales y el vocabulario más importante (se dice que los dos idiomas comparten un 90% de su vocabulario, así que solo me toco aprender el otro 10%).

Todo esto me lleva a mi última aventura en el aprendizaje de idiomas, con un idioma que muchos no saben que existe: el irlandés.

Bueno, si yo pensaba que el alemán era una pesadilla con sus géneros y estructuras y orden léxico raro, es facilísimo comparado con el irlandés. Esta lengua anciana tiene la forma más extraña de expresar los conceptos más básicos (“tengo una bebida” se dice como “hay una bebida hacia mí”), su falta total de las palabras “sí” y “no” y su manera complejísima de escribir las palabras que incluso me da miedo (“beochaoineadh” suena “bei-o-kin-yu”). Luego hay las “mutaciones” que pueden afectar tanto el principio como el final de las palabras, y cambian completamente su pronunciación y significado. A veces las palabras se mutan solo para que suene mejor, (“pláta” se convierte en “bpláta”, que suena “blatə”), a veces cambian la relación entre una palabra y otro (se llaman “casos” pero es otro tema muy complejo que no voy a explorar ahora mismo) y a veces se mutan para conjugar los verbos (pero eso también pasa mucho en español así que eso lo aguanto).

Acabo de llevar un párrafo entero quejándome del idioma, así que puede que os estéis preguntando el por qué estoy dedicando mis ratos libres a aprenderlo.

Para empezar, hay la razón más básica, que es que me gusta un proyecto personal en el que mojarme en mi ocio. No creo que exista nada en este mundo que sea tan complejo ni interesante e como un idioma entero (incluyo los lenguajes de programación) y sé que siempre habrá más que aprender y mejorar con el paso de tiempo. También, como bien he explicado, ¡la complejidad del irlandés supone un reto bastante grande!

Luego existe la razón más personal, que son mis raíces irlandesas. Mi abuela nació y creció en un pueblo muy pequeño en Irlanda donde se enseña el irlandés en las escuelas, y ella me enseño unas frases cuando era pequeño. Siempre me ha interesado saber más del sitio, y creo que una de las mejores maneras de descubrir una cultura es a través de su idioma.

Por eso aquí estoy arrancando mi viaje en aprender la lengua irlandesa, utilizando Duolingo todos los días para empezar a construir una base. En mis ratos libres también estoy investigando las cosas que no entiendo, explorando las estructuras complejas y la gramática extraña, y también a veces me pongo a escuchar las noticias o algo de música en irlandés. Esto va a ser un viaje bastante largo y bien sé que no voy a estar ni cerca de dominar el idioma durante mucho tiempo, probablemente hasta estar en Irlanda e inmerso en él, pero creo que es un reto que vale la pena. Ya me tiene preguntando sobre como son las distintas maneras en las que funcionan los idiomas, y como es que existen tantas maneras de expresarnos – el irlandés es de los idiomas vivos más antiguos ¡y se nota mucho!

Mientras sigo en mi viaje, estoy esperando lanzar mi nueva web con la opción de leer todo en irlandés cuando ya la tenga más o menos diseñada (mi web actual solo está s disponible en español, inglés y portugués), pero hasta entonces os dejo con una canción irlandesa super bonita que he encontrado.

Slán!

Noches de descanso

01.08.20 — Madrid

Antes de las vacaciones veraniegas de agosto, el mes de julio siempre se vuelve algo complicado. Todas las empresas quieren ir cerrando proyectos antes de irse de vacaciones, así que llevamos un rato trabajando a tope para poder descansar tranquilamente durante el verano.

Eso ha implicado muchos días largos de trabajo, que hace que uno busque aprovechar al máximo los ratos que tenga libre aunque sea muy poco tiempo. Con el fin de descansar y desconectar un rato, hace dos semanas Hugo, Jhosef y yo subimos a mi oficina ¡para aprovechar de la piscina en el calor cada vez más insoportable!

The swimming pool of my office with trees in the background.

Se estaba muy a gusto en los espacios bonitos de la oficina.

Jhosef sits on a chair in my office.

Los tres nos subimos a un bus en el centro, llevándonos unas bolsas llenas de picoteo y bebidas para la noche. Llegando en la oficina en Pozuelo, dimos una vuelta por la oficina y luego nos pusimos los bañadores y así empezó una noche de picar, nadar y compartir cuentos y chismes.

A pesar de estar más interesado en los gintonics y las patatas, es verdad que me gusta bastante nadar, así que dije a Hugo que me sacase unas fotos mientras me bañaba. De eso se produjo un accidente feliz, porque dio al botón en el momento exacto en el que subía emergiendo del agua y la tensión superficial del mismo no había cedido. Es una foto horrorosa de mí, ¡pero la veo muy graciosa e interesante!

Surface tension of the water above my head.
An up-close shot of vegetation.
The sun shines through an ivy covered tree and house.

Una vez empezó a ponerse el sol, el aire se enfrió y decidimos pasar el resto de la noche en la terraza de la planta superior. Allí nos tomamos las últimas cervezas, vimos el atardecer y compartimos una tarrina enorme de helado. Los tres somos inmigrantes de distintos países, así que era interesante escuchar otras perspectivas y comparar experiencias compartidas.

Una vez de vuelta a casa, me quedó otra semana ocupada, así que dediqué mis horas libres a echar la siesta, cocinar y montar mi propio spa allí en casa. Estas noches de spa consisten en encender las nuevas luces de color, tomar un vasito de vino, ponerme una mascarilla y tumbarme en el sofá escuchando música relajante. A veces me hace sentir que he llegado a una crisis de la edad madura, ¡pero es un mimo que me permito para descansar después de un día atareado!

My house is illuminated in blue.
My house is illuminated in blue.
My house is illuminated in blue.

Fuera del piso, sigue muy en vigor mi obsesión de las bicicletas de la ciudad (las Bicimad, si eres de aquí), y he estado explorando más rincones del parque de Madrid Río que pasa por mi barrio. Hace unas noches salí a explorar sobre las 10pm, cuando el calor ya ha bajado a un nivel algo soportable, y descubrí unas escenas bonitas en el camino, entre ellas la estación de Príncipe Pío y unos árboles que lucían iluminados por unos focos de color.

A tree lit in a purple and yellow light.
The arch next to a train station in Madrid lit up at night.

EL finde pasado, Jhosef y yo quedamos en el centro, ya que él tenía ganas de sacar unas fotos de exposición prolongada de la Catedral de la Almudena y las carreteras al lado de las cuatro torres. Tal y como siempre, subí a la catedral en bici, y mientras estábamos allí saqué unas fotos casuales en mi móvil.

A skyscraper is seen illuminated by the evening sun, with the Royal Palace and a line of trees in the foreground.
Madrid's cathedral is seen in the evening light of the sunset.

Tuvimos la suerte de ver un atardecer naranja espectacular sobre el palacio y la catedral.

A panorama of a sunset over the royal palace and cathedral of Madrid.

Mientras el sol se ponía, Jhosef sacó muchas fotos bonitas (echad un vistazo a su Instagram), pero yo me fijaba más en las vistas y la bolsa de algas crujientes que llevaba. Habíamos subido a una calle encima de una cuesta pequeña al lado del palacio, un sitio que ofrece unas vistas fantásticas (como bien veis en las fotos) sobre la catedral. Todo esto me recordaba de la primera vez que visité Madrid hace cinco años, y es flipante pensar que ahora vivo a unos diez minutos del monumento en bici.

I look over the sunset by the royal palace.
Madrid Cathedral lit up in the latter stages of a sunset.

Una vez se puso el sol, subimos al norte de la ciudad, pero en el camino decidimos espontáneamente pasar por el restaurante peruano para cenar corazón de vaca – lo cual, después de mis dudas iniciales, estuvo muy rico. Por coincidencia, aquel día fue el 28 de julio, que son las fiestas patrias del Perú, así que deseo a todos los peruanos ¡unas felices fiestas patrias!

El viaje que pegamos al norte para sacar las fotos de exposición prolongada al final no sirvió para nada, llegamos muy tarde y a esas horas ya no circulaban muchos coches. Aprovechamos de la noche, sin embargo, y caminamos por el centro de vuelta a casa después de encontrarnos con un grupo de conspiracionistas en el metro. Andaban proclamando a todo el mundo que el coronavirus ha sido una idea del gobierno y se negaban a ponerse la mascarilla. Mirad, podéis creer en cualquiera teoría como te dé la gana, pero por dios ponte la mascarilla. No es tan difícil.

Podéis divagar sobre las conspiraciones como os salga de las narices, solo que os pongáis una mascarilla mientras lo hacéis

Ahora que he soltado esa frustración, llegamos a la semana actual y ¡mis últimos días en Madrid antes de pasar una semana en Tenerife y Murcia! Hace unas noches bajé al parque para tomar unas cervezas y despedirme de mis amigos, y por supuesto una cerveza se volvió en tres, y por eso llegué a casa algo contento y con hambre. Al llegar a mi piso eché unas tostadas al horno, y me quedé contento y admirando los calentadores que brillaban en la oscuridad…

The sunset over the park in Madrid.
The red-hot heating elements of my oven in the dark.

Como ya he mencionado, ya toca que deje esta entrada de blog, que cierre mi portátil y que me desconecto lo más posible durante esta próxima semana mientras visito a mis amigos Cami y Sam en el sur de Tenerife. Naturalmente me llevo la cámara, así que habrá muchas fotos y historias que contar a la vuelta. ¡Solo espero que sobreviva el calor!

¡Felices vacaciones a todos!

Un verano despacio

22.07.20 — Madrid

Hace ya más que dos semanas que publiqué mi última entrada de blog, pero sigo intentando salir de mi piso lo más posible. O sea para recoger más luces coloridas de IKEA o para quedar con amigos a comer, poco a poco he ido reclamando las calles mientras llegamos a las alturas del verano español.

Como te puedes imaginar, sin embargo, este calor a veces se vuelve insoportable, así que he pasado la mayoría de mis tardes en mi casa durmiendo la siesta, preparando comida o limpiando en el confort del aire acondicionado. Parece que mis vecinos están haciendo lo mismo durante el finde, ya que un sábado me desperté para encontrar mi piso bañado en el resplandor de una luz cálida reflejada de una toalla rosa que habían colgado en el patio.

My kitchen is bathed in a pink glow.

Hasta la planta que había dejado fuera creaba un resplandor rosa y verde.

A pink glow and a green light from a leaf are shown through the frosted glass of my bathroom window.

Ese mismo finde quedé con mi amigo Jhosef y su hermana para visitar IKEA, porque los tres necesitábamos pillar unas cosillas que habíamos echado en falta durante la larga cuarentena. Yo principalmente quise ir por las albondigas ricas, pero también decidí que iba a darme el gusto de comprarme unas nuevas luces ya que se pasa mucho tiempo en casa hoy en esta nueva normalidad.

Después de un viaje agotador en el metro al centro comercial, nos guiaron por los pasos de preparación para entrar en las tiendas: lecturas de temperatura corporal, gel hidroalcohólico y un aviso que no debíamos ni sentarnos en los bancos ni acercarnos a los demás. Aparte de las zonas restringidas, las colas para entrar en unas tiendas y la vuelta enorme que tuvimos que dar en el color inaguantable del exterior para entrar en el IKEA, todo me parecía bastante normal.

Me outside of the IKEA sign.

Se puede sentir el calor en esta foto que sacó Jhosef de mi en el parking.

La compra en IKEA fue bastante normal, excepto el sistema de única vía que habían implementado junto con las señales que nos pedían que solo tocásemos lo que íbamos a comprar. Por el otro lado, la experiencia en la cafetería fue muy extraña, ya que tuvimos que esperar a ser sentados, que nos sirviera las bebidas el personal y ni nos pudieron facilitar servilletas.

Tras llegar en casa muy tarde esa noche, pegajoso y exhausto después de tanto viajar en el calor del día, estuve bastante molesto al descubrir que una de las bombillas que había pillado era el modelo equivocado. No sabía que hacer, pero al final decidí volver a hacer el viaje de una hora el día siguiente para que me la sustituyeran – yo me conozco, y sé que si no hago algo al instante, ¡lo más probable es que nunca se haga!

Ese domingo por la noche se dedicó a la instalación de estas nuevas luces que me había comprado junto con otras que llevaban un rato en mi armario sin utilizarse. Jhosef pasó por mi casa esa misma tarde para echar un vistazo a lo que había creado con todas las luces que me vio comprar y sacamos unas fotos por la casa. Más luego realizaré otro shooting nocturno en el piso para compartiros como se ve (como hice al mudarme a este piso), pero por ahora os dejo con un par de fotos iniciales…

A plant is bathed in the glow of both a red and blue light.
Jhosef stands in a doorway, bathed in the glow of both a red and blue light.

Algo que he estado trabajando (y algo que casi nunca dejo de trabajar) es el diseño de mi nueva web. Siempre tengo cuidado con mencionar el tema, ya que me conocen por cambiar el diseño mil veces antes de lanzar, pero creo que no hará daño compartir una vista previa…

My laptop screen shows my new website design.

Como bien digo, sin embargo, tómate esto con precaución, ya que la última vez que compartí el diseño de mi nueva web (la que estás usando ahora, de hecho) escribí una entrada de blog para compartirlo – y luego acabé cambiando la tipografía, la composición y muchos otros detalles antes de lanzar la cosa. ¡No mienten mis amigos al decir que mi web es un proyecto eterno!

En fin, cuando no estoy en casa, he intentando visitar las zonas más verdes de la cuidad, ya que suelo echar de menos el campo y la naturaleza en la que crecí. Tales sitios incluyen el río al lado de mi casa, otra zona verde donde los ferrocarriles de Delicias y hasta un viaje al oeste de la ciudad y el Templo de Debod.

Pasé por allí con Jhosef después de que me sacó a comer una comida peruana en un sitio autentico, donde comimos pollo asado, ceviche, papa rellena y mejillones (que ahora me matará porque me explicó que estos platos tienen nombre distinto en Perú, pero se me han olvidado los nombres). Todo esto lo tomamos con chicha, una bebida deliciosa hecha a base de maíz moreno y especias. Era todo riquísimo, ¡y la verdad es que hacía falta el paseo por el templo y el parque para bajar la comida!

Stairs lead up through a blanket of trees at the Parque del Oeste in Madrid, Spain.
The "Building of Spain" hotel seen through one of the arches of the Debod Temple in Madrid, Spain.

La falta de gente por allí me permitió sacar esta foto de lo antiguo y lo nuevo.

Otra tarde me fui un poco menos lejos de casa, eligiendo bajar al río un par de horas para llamar a unos amigos de Inglaterra. Se sentó bastante bien esta pequeña excursión, y pasé unas horas viendo el mundo pasar y descansando en la sombra de unos árboles.

A canopy of trees seen from below.
A selfie of me in the evening sunlight.

Un problema que siempre se me presenta en este mundo de la nueva normalidad es la lucha mental de desear escapar e irme lo más lejos del piso que sea posible contrastado con la aversión de usar el transporte público menos que sea absolutamente necesario. Creo que ya tengo la solución, que consiste en alquilar una bicicleta de BiciMad e irme lo más lejos posible antes de tener que dar la vuelta para volver a casa.

A view over the centre of Madrid, with the royal palace and cathedral on the skyline, illuminated by the evening sun.

Esta aventura me llevó a la zona de Moncloa, que llegué alcanzar al cruzar un puente antes de llegar al fin del parque de Madrid Río. Este desvío me dejó en una serie de calles estrechas y tranquilas que luego me llevaran por una urbanización donde vivía un rato durante mis prácticas en Erretres hace más de cuatro años.

A red railway overpass is lit in the warm glow of the evening sun in Madrid, Spain.

Después de una noche bonita montada en bici, el finde siguiente salimos Jhosef y yo para celebrar el fin de su curso universitario. Subimos a Chueca, donde nos tomamos unos cócteles en la azotea de un mercado, antes de bajar a un restaurante local donde acabamos saliendo rodando después de unas raciones enromes de croquetas y calamares. Fue una noche preciosa, ¡y los cócteles sentaron muy bien después de muchas semanas de trabajo duro!

The streets of Chueca in Madrid, Spain.

Eso no lo es todo, sin embargo, pero hasta aquí he llegado con la organización de mis fotos para subirlas al blog. Jhosef, Hugo y yo pasamos unas horas este finde pasado de relax en la piscina de mi oficina, y por supuesto sacamos muchas fotos, ¡pero eso para la próxima!

Por ahora, puedo contar que he pillado unos vuelos para pasar unos días en Tenerife y luego Murcia durante mis vacaciones, así que crucemos los dedos que se mantenga bajo control la situación del coronavirus aquí en España para que pueda visitar mis amigos en la isla y mis tíos en el sur de la peninsula. Seguro que todo irá bien, y claro que luego volveré con muchas fotos más y unos cuentos graciosos. ¡Hasta entonces!

La ciudad fantasma

02.07.20 — Madrid

Ahora que nos encontramos en esta época gloriosa de la nueva normalidad, he aprovechado de cada oportunidad de volver a las calles de la ciudad que me enamoró en mi primera visita hace ya casi cinco años. La llegada del verano también ha servido para sacarme de mi piso, aunque mi primera salida me dejó sudando al subir las temperaturas hasta unos 35°C durante el día.

Este primero viaje al centro se produjo por las ganas que tenía de pillarme unas cosas que me recuerdan a Inglaterra, porque ya llevo unos meses queriendo una bebida que se llama cordial (o squash a veces), que se mezcla con agua para crear una bebida de frutas instante. Esta búsqueda me llevó a Dealz, una tienda que ofrece un rango de productos importados del Reino Unido.

No me gusta hacer transbordo pero es un sitio bonito en el que hacerlo.

The roundabout at the Puerta de Toledo in Madrid, with a bus in the background between green trees and red flowers.

Con una selección de patatas fritas y chocolate británico en la mano, me volví a casa, que luego tardé unos días más en volver a salir a las calles soleadas de Madrid. En esta ocasión me alejé menos de mi casa y bajé al Matadero, un centro cultural que se encuentra a solo diez minutos de mi casa.

One of the buildings of the Matadero in Madrid in the evening sun.

Aquí es donde el titulo de esta entrada de blog empieza a coger sentido. El espacio exterior enorme, que suele encontrarse lleno de gente pasando el rato a estas horas de la noche, se encontraba más o menos vacío. Esta paz me venía bien, sin embargo, porque había quedado con llamar a Rhea, ¡que llevo sin verla desde mi último viaje a Inglaterra el año pasado!

One of the buildings of the Matadero in Madrid in the evening sun with a terrace in the foreground.
A multicoloured bar in a hut at the Matadero in Madrid.
The plaza in the centre of the Matadero in Madrid is empty whilst bathed in the evening sun.

Después de cruzar el complejo entero a las orillas del río que se encuentran al otro lado, busqué en vano un sitio en la sombra en el que sentarme mientas manteniendo el protocolo correcto de distancia interpersonal. Al final volví al Matadero y un rincón detrás de su cantina preciosa.

A redbrick building bearing the name "Cantina" (Canteen) at the Matadero cultural centre in the south of Madrid, Spain.

El finde siguiente subí al centro comercial de Madrid, la puerta del sol, para echar un vistazo a un nuevo portátil y subir al Club Gourmet de El Corte Inglés para realizar unas investigaciones informales para un nuevo proyecto laboral.

The puerta del sol in the centre of Madrid.

Allí me emocioné al encontrar un pastel de cabracho, algo que me encanta y que siempre me trae recuerdos de la primera vez que subí a visitar a Kevin en Oviedo. Me lo pillé aunque me costó 7€ – ¡nada de chollos en tal Club Gourmet!

De camino a casa me encontré con mi compañera y su familia y me detuve un rato para hablar con ellos antes de pasar por La Mallorquina para coger una napolitana de chocolate. Solía desayunar una antes de la cuarentena, así que fue un bonito recuerdo de la antigua normalidad.

Energizado por el azúcar, decidí caminar por la Plaza Mayor y por el barrio bonito de La Latina, donde alquilé una bici y dejé que el viento me refrescase al bajar sin pedalear por las cuestas del sur de la ciudad.

La Latina se veía resplandeciente en la luz del atardecer.

El día siguiente volví a montarme en bici, pero esta vez me atreví a intentar subir la cuesta ascendiente a la zona del palacio real, donde había quedado con mi amigo Hugo para dar una vuelta y tomarnos un helado. Pensé que molaría grabar el viaje en mi móvil para compartir el viaje pintoresco con mi familia en Inglaterra, ¡pero resulta que las capacidades de estabilización de vídeo de mi móvil no sirven para nada al encontrarse frente las calles desniveladas madrileñas y la vibración furiosa de la bicicleta eléctrica!

Una vez encontré a Hugo, que andaba por el centro de compras, bajamos a la Plaza del Oriente al lado del palacio real. Esta plaza, y sus jardines verdes y terrazas bonitas, suele verse inundada de gente, pero nos encontramos casi solos al dar una vuelta en el calor del mediodía. El nombre de esta entrada de blog, de hecho, viene de un mensaje que le envié a Hugo al esperarle por Ópera.

The east facade of the royal palace in Madrid with no people around at all.

Nunca he visto esta son con tan poca gente dando vueltas.

The royal palace of Madrid is visible through the trees of the Plaza del Oriente.

Los dos pillamos un helado de Zúccaru, una heladería siciliana que ofrece sabores caseros deliciosos, y nos sentamos en la sombra de unos árboles para ponernos al día con los eventos de la semana anterior. Después de caminar por la zona un rato más (durante el cual me quemé los brazos, algo de que solo me di cuenta al llegar a casa), acabamos en la plaza entre el palacio y la Catedral de la Almudena. En un domingo así, usualmente estaría petada de gente, pero ya veréis que no se ve ni un alma en la foto.

Así concluimos mis aventuras recientes, que han sido intercaladas por unos días intensivos ahora que cambiamos a la jornada intensiva. Esto, junto con el arranque de unos nuevos proyectos grandes y emocionantes, me deja con poco tiempo para salir entre semana, pero aprovecharé para escapar de mi piso este finde y ¡os contaré que tal!

La nueva normalidad

21.06.20 — Madrid

Después de aguantar más que tres meses de una España en cuarentena, durante estas últimas semanas la comunidad de Madrid ha pasado por las cuatro fases de la desescalada. Mi última entrada de blog incluyó varias salidas que pude realizar, pero estas vueltas las tuve que dar sin compañía.

Ahora, con la reapertura del transporte público, la restauración y la flexibilización de otras medidas de confinamiento, ¡las quedadas ya se pueden hacer! Todo esto fue muy emocionante, pero mi primera “quedada” no fue tan espectacular, ya que consistió en viajar a una clínica en el norte de la cuidad para que me realizasen una prueba de COVID-19.

Looking up to the sky from the entrance to Delicias metro station in Madrid, Spain.

Al recibir los resultados, estaba molesto al descubrir que no tenía los anticuerpos, así que lo más probable es que no haya pasado el virus todavía. Yo quería que el resultado diese positivo, ya que habría significado que ya lo hubiese pasado de manera muy leve y no me tendría que preocuparme tanto con cara al futuro. Pero bueno, ¡es lo que hay!

Después de otro viaje fascinante al dentista en las tierras exóticas al norte de mi barrio, por fin tocaba quedar con unos amigos tras meses sin contacto humano. Naturalmente había quedado con Bogar y Hugo en el río, donde montamos un picnic, durante el cual mantuvimos la distancia y hablamos hasta tarde.

Me, Bogar, and Hugo have a picnic by Madrid Río.

Unos pocos días después Hugo y yo nos volvimos a ver, pasando nuevamente por las sendas del Parque Madrid Río. Durante el camino, pasamos por el Calderón, que ya se encuentra en un estado casi totalmente demolido.

The remains of the Vicente Calderón Stadium in Madrid during its demolition.
The rear facade of the Matadero in Madrid.

Nos entró bastante hambre durante el paseo, así que eventualmente acabamos descubriendo una hamburguesería que se encuentra a media manzana de mi casa. Después de unas horas de cañas y hablando de la vida, quedamos en hacer otro picnic el día siguiente con unos amigos de Hugo.

The brick facade of a building near the Atocha Train Station in Madrid. A streetlight lights up part of the dark facade by night.

Había prometido que llevaría una de mis famosas tartas de zanahoria, así que pasé medio día horneando, solo para que luego me diese la bienvenida unos truenos fuertes y lluvia al salir de mi casa. Me quedé en mi piso durante otra media hora más (ya iba dos horas tarde), pero lo que no sabía fue que esto marcó solo el comienzo de una cadena de desastres.

Una vez pasada la lluvia, decidí que la manera más rápida de llegar al parque donde habíamos quedado fue en patinete eléctrico, así que colgué mi bolsa llena de tuppers en el manillar y fui bajando por el río a toda velocidad. A mediados del viaje, juzgué mal la altura de un escalón que se veía muy pequeño, así que en un instante me encontré comiendo el asfalto al caerme de manera espectacular al suelo.

Sin daños menos un tupper roto, unos trozos de pastel algo revueltos y unas rallas nuevas en mis vaqueros, me volví a montar en el patinete y seguía al parque. Eventualmente llegué y me presenté a los amigos de Hugo, pero enseguida mi llegada fue marcada por unos truenos más y una lluvia ligera que no tardó en convertirse en una lluvia torrencial.

Cogiendo los platos, las mantas de picnic y los restos de comida y latas sin abrir que se pudiese salvar, mi primera reunión con el grupo se cortó antes de tiempo, y todos fuimos al refugio de una parada de bus al lado del parque. Uno de los amigos de Hugo amablemente nos ofreció una vuelta en su coche a la puerta de mi casa, donde una bolsa de comida se cayó y chocó con un vaso de vino tinto que acabó manchando mi alfombra. Como dije, ¡realmente fue una serie de eventos desafortunados!

Para animarme un poco, el día siguiente hice unas magdalenas de zanahoria con la masa que me había sobrado, y dejé unas con mi amigo Jhosef para que me dijera que tal, porque él me regaló un bizcocho de plátano buenísimo para mi cumpleaños.

A plate full of seven carrot cake buns topped with walnuts and cinnamon.

Con tanto trabajo que hacer en casa, voy aprovechando cada vez más de estas nuevas libertades para visitar el parque del río y caminar, montarme en patinete o ir en bici durante una hora o así para despejarme la cabeza después de los estreses del día. Saliendo o solo o acompañado por Josef, ya he visto una buena cantidad de atardeceres y he podido seguir la demolición del estadio, que ahora se encuentra casi desaparecido.

The evening sky full of various cloud formations seen from a bridge over the river in Madrid.
The skeletal remains of the Vicente Calderón stadium in Madrid.
The sunset in Madrid colours a cloud formation in orange in contrast with the blue sky.
The silhouette of the nearly demolished Vicente Calderón stadium in Madrid, against a sunset.

Otro pequeño subidón llegó en la forma de una carta y regalo que me mandó Kevin de los Estados Unidos. Me envió una copia del “The Waste Land” (La tierra baldía) de T. S. Eliot, que no he llegado a leerlo todavía, pero tengo muchísimas ganas porque Kevin ha hablado tan bien de la obra en el pasado.

A card addressed to me which came from the US.

Aparte de tantos viajes por el río, también he salido a ver a otros amigos, pero durante estas quedadas, ¡la emoción de volver a ver a mis amigos hizo que me olvidase sacar ninguna foto!

Una noche quedé con Luis, un ex-compañero, y un grupo de compañeros de Erretres para tomarnos unas birras y echarnos unas risas en Sala Equis. Otra noche volví a quedar en mi terraza local favorita con Bogar y Hugo, y la semana pasada me vi con Blanca, Jesús y Pablo para cenar y tomar algo en un sitio cerca de la oficina.

Mi barrio luce bastante bien sin tantos coches en la calle.

A street in Delicias, Madrid, covered by a sky with cloud formations.

Con eso, concluyo este cuento sobre cómo ha sido la transición gradual de vuelta a esta nueva normalidad (en las palabras del gobierno). Este finde, vuelven a abrir las fronteras entre comunidades y entramos en una nueva etapa de esta locura de año que se llama 2020, así que seguro que en breve volveré con más noticias y cotilleo. ¡Hasta entonces!