El cielo gris de Murcia

08.02.20 — Murcia

Tras decir que iba a poneros al día y escribir las entradas de blog que hacían falta, no lo he hecho. Han sido unas semanas ajetreadas, así que he pasado mucho tiempo tumbado y luchando contra una infección viral y luego el dolor de un empaste que resultó ser mucho más grande que pensaban.

Después de haber sido sorprendido al descubrir que el profesor de inglés de un compañero también es de Burnley, una vez más me encontré en el tren lento a la casa de mis tíos en Murcia. Llegué en el sur bastante tarde, pero no demasiado tarde para tomar un par de copas y ponerme al día con los dos. La última vez que les vi fue en octubre, cuando pasaron por Madrid unos días antes de volver a Inglaterra.

El día siguiente, nos subimos al coche y fuimos a la cuidad costera de Cartagena, pasando debajo de unos cielos muy grises…

My uncle walks up a strangely inclined path.
The sky over Cartagena is grey.

La razón principal por la cual realizamos este viaje fue para que probara un café asiático, y mis tíos sabían exactamente adónde llevarme. Por una calle pequeña encontramos el bar de Ramón, quien me explicó la origen del nombre del café, que viene de su uso como una tónica alcohólica para los viajeros asiáticos que entraban en el puerto.

Una vez probé el café, pillamos unas tostadas y me puse a hablar con el bar entero, desde el dueño Ramón hasta los clientes de toda la vida, los cuales me explicaron adónde debería ir para encontrar los mejores huevos revueltos en Madrid. Con esta nueva información, los tres nos fuimos del bar y pasamos por las calles mojadas y hacia el calor seco del coche.

El día siguiente, por fin me llevaron al centro cultural de Sucina, el pueblo más cercando al campo de golf en el cual viven mis tíos. Ya llevaban un buen rato hablándome del sitio, porque disfrutan de la comida casera que prepara allí Mari Carmen.

Bueno, ¡el sitio no decepcionó! Mari Carmen era una anfitriona excelente, nos llenó con sopa de pollo, gambas al ajillo, pechuga de pollo y unas almejas en una salsa de perejil. Concluimos la comida con unos trozos de tarta de whiskey y luego salimos a tomarnos unas cañas y ver la puesta del sol.

No teníamos prisa para salir del centro porque ese mismo día tocó una de las actividades mensuales que ofrecen en el centro de mayores: ¡bingo! Después de hablar un rato con las señoras majas que vendían los cartones, nos sentamos en una mesa y empezaron las rondas del juego, entre las cuales hubo una copa de vino dulce y pastas.

Me, my auntie, and her friends at a game of bingo.

Ni yo ni mi tía ganamos nada, ¡pero lo pasamos genial de todas formas!

My half-filled bingo cards.

Después del pasar el tercer día de mi visita comprando cosas en IKEA que no podía encontrar en el de Madrid, llegó mi último día en Murica. Según la tradición que empezó durante una visita que realicé con mis padres el año pasado, fuimos al pueblo pequeño de Roldán y comimos un buen menú.

My uncle and auntie at lunch.

Después de unas risas con las demás parejas que se habían acercado (siempre soy el menor y el más soltero, pero ya me he acostumbrado), me tocó volver al pueblo de Balsicas, un sitio pequeño que tiene la suerte de tener una conexión ferroviaria directa con el centro de Madrid.

Durante el viaje terminé la primera temporada de “Years and Years”, una serie que es bonita, trágica y aterradora a partes iguales. ¡Deberíais todos verla si podéis!

Al llegar en Madrid tenía más tiempo libre que lo usual por mi decisión de pillar el tren más temprano, así que había quedado con Bogar y Hugo para cenar ramen en el restaurante japonés en el cual curra Hugo. Disfrutamos mucho de los cuencos enormes de fideos y caldo, y acabamos la cena con unos chupitos de saké, que se sirvió caliente – ¡un poco raro!

Three bowls of ramen.
Bogar, me, and Hugo at the ramen restaurant.

Acabar el día con una cena deliciosa con buenos amigos fue el final perfecto de mis mini vacaciones, y me dejó bien descansado para enfrontarme con un par de semanas locas en la oficina – ¡pero os contaré más en breve!

Muebles y roscón

24.01.20 — Madrid

Al volver a España después de mis vacaciones en Inglaterra, tocó volver al trabajo tras una nochevieja muy tranquila, durante la cual me comí las uvas en casa. Pasamos el día después de los Reyes magos en la oficina, donde merendamos trozos de roscón con chocolate a la taza.

El roscón siempre sabe mejor con una buena taza de chocolate.

A roscón de reyes.

Después de una semana lluviosa, el finde nos trajo un poco de sol invernal. Llegó justo a tiempo para unos planes que habíamos hecho Bogar y yo para ver unas escenas de unos musicales en el centro y bajar al IKEA a comprarnos unas cositas más – ¡yo quería pillar unos componentes eléctricos para automatizar las luces que he traído desde Inglaterra!

A stage with drag queens in Sol.

Vimos uno de los espectáculos y luego nos fuimos a una cafetería para desayunar, y después volvimos al escenario para ver el musical que más nos llamaba la atención: La jaula de las locas. Esto fue un espectáculo protagonizado por drags, y liderado por una drag muy gracioso, ¡ella obligó al público a echar una mano con los cañones de confeti al final del espectáculo!

A stage with drag queens in Sol, with glitter animated.

Una vez acabado el espectáculo, fuimos a nuestra tienda sueca favorita y dimos la vuelta, parando para comernos unas albóndigas como siempre. Me llevé una librería para organizar lo que tengo en mi armario, unas piezas electrónicas y otra planta más.

Bogar wears a Christmas light decoration over his head.

También echamos un vistazo a los productos navideños en descuento…

Luego volvimos al barrio en un taxi, y nos echamos una mano para montar los muebles que habíamos comprado. Tras tanto labor manual en un solo día, decidimos que nos merecíamos una cena fuera, así que subimos a Gracias Padre, un sitio mexicano de lo cual había hablado Bogar bastante.

Bogar in Gracias Padre, a Mexican restaurant.

Ahí nos comimos el mejor bol de nachos que había probado en mi vida – y fíjate que no soy muy fan de los nachos – y una gringa enorme (es como una quesadilla). Para bajar toda esta comida, nos tomamos una cerveza con zumo de limón (sí, zumo puro) y luego volví a casa para tumbarme temprano.

Durante la semana siguiente visité mi nuevo dentista por primera vez, y luego de alguna manera conseguí perderme mientras buscando la estación de Chamartín para volver a la oficina. Eventualmente encontré una entrada trasera que no había visto antes, pero que tiene unas vistas sobre la estación y las cuatro (pronto serán cinco) torres en el fondo.

The four towers of Madrid.
A series of cranes below the blue sky over a frosty grassy knoll.

Pronto llegó otro finde, y otra vez más tenía planes con Bogar para desayunar en el centro. Esto fue después de que por fin recordé de recoger un vinilo que había pedido – aunque no tengo un tocadiscos aquí en España. Ups.

Desayunamos roscas en HanSo Café, un sitio popular en el barrio hipster de Malasaña, y luego llevé a Bogar a probar las mejores palmeras de la ciudad. Estas se encuentran en La Duquesita, una pastelería de toda la vida en la cual me saqué una foto en los espejos viejos que decoran las paredes.

A selfie in the old mirrors of La Duquesita, a bakery in Madrid.

No hay nada como una palmera con mazo azúcar.

Aquella tarde me fue bastante ocupada, porque había quedado con Roberto por primera vez después de nuestras aventuras veraniegas en Valencia rural. Por suerte el tiene un tocadiscos, así que me acerqué a su casa con mi nuevo disco de Rodrigo Cuevas en la mano.

Allí conocí a su nuevo compi y eché un vistazo a su nueva casa, y luego abrimos unas cervezas y escuchamos al álbum durante un rato. Una vez tuvimos hambre, subimos al centro y a Buns & Bones, uno de mis sitios favoritos para tomar una cena ligera.

Tras cenar, recogí mi disco de la casa de Roberto y volví a mi casa, pero pronto me encontré en el metro de vuelta al centro, porque un colega de Bogar se iba del país, ¡así que había que despedirnos de él! Tomamos unas birras en un bar de Chueca, pero cuando decidieron a ir a un club, decidí que tenía demasiado sueño y volví al confort de mi cama.

El día después, decidí hacer un par (sí, dos) de tartas de zanahoria. Compartí una entre mis amigos y la otra entre mis compañeros. No quiero presumir, ¡pero mi tarta de zanahoria siempre tiene buena acogida!

A slice of my home made carrot cake.
A close-up of my carrot cake.

Solo un par de días después y estaba en un tren a Murcia, pero eso os lo tendré que contar en otra entrada de blog. Estas semanas han sido una locura, por lo cual voy un poco atrasado en escribir estas entradas, ¡pero espero poder poneros al día durante este finde y el que viene!

La Navidad en Inglaterra

06.01.20 — Burnley

La última entrada que escribí para mi blog se llamó “Llega el otoño“, pero eso fue hace un mes, y ahora queda clarísimo que ya estamos en pleno invierno. En el trabajo estamos tan ocupados como siempre, pero tuvimos la diversión de la cena de navidad para animarnos. Fue una noche divertidísima, con muchos tacos y cócteles, y en la cual acabamos todos bailando en un club por el centro.

My bedroom lit by candles and fairy lights.
My yellow coat blends in with the yellow panels of the metro.

Fuera de la oficina, he tenido la oportunidad de ponerme al día con Bogar con una cena deliciosa, lo cual fue una charla bienvenida después de un buen rato sin vernos ni visitar nuestro bar local. Un día, también tuve la oportunidad para visitar los estudiantes del IED y hablar de mi historía con Erretres y nuestro proceso de trabajo.

A tote bag, book, and notebook gifted to me by the European Design Institute.

Los tutores de la universidad también me dejaron unos regalos interesantes.

El día después de mi visita volví a casa y tuve que preparar mis maletas: ¡que tocó volverme a Inglaterra para pasar las navidades! Como lo que hice hace un par de años, recogí mis cosas y fui al aeropuerto, subiéndome a un avión que hacía demasiado ruido para mi gusto.

Una vez que aterricé y recogí la mochila, salí del terminal y a mi padre que me esperaba en el coche. No había tiempo para muchos saludos, sin embargo, porque tuvimos que ir directamente a la fiesta de la boda de una amiga de mi infancia. Después de haberle sacado de dicha fiesta para que me recogiese, efectuamos una parada en una gasolinera para que pudiese poner una camisa (pero hay que reconocer que estaba bastante arrugada por el viaje), y luego nos acercamos al evento.

Tras una noche de bailar y probar la ginebra local, no tenía mucha prisa de levantarme y vestirme, pero al final tuve que acerarme a la estación para coger el tren a Leeds. Fui a la ciudad en la cual estudié porque había quedado para pasar la noche con Rhea, que estaba sola en casa porque Luisa había vuelto a Alemania para pasar las navidades con su familia.

Al llegar, fui directamente al Co-Op, un supermercado cerca de la casa donde vivía de estudiante, y gasté casi £25 comprando comida para la noche. Luego llegó Rhea, cogiendo unos ingredients para el desayuno del día siguiente, pero no nos interesaba comprar nada para cenar – ¡ya habíamos decidido que íbamos a pillar un kebab de nuestro sitio favorito! Ya que no suelo visitar Leeds hoy en día, y porque Rhea se va a mudar a otra ciudad a finales de este mes, era nuestra última oportunidad de quedar en su casa y comer cochinadas.

La mañana después de una noche de ver RuPaul, Rhea se puso a cocinar un desayuno riquísimo de chorizo, tomate, cebolla, ajo, huevos y pan – ¡todos mis ingredientes favoritos en un plato! Una vez comido el plato delicioso, decidimos abrir una caja de “helados de unicornio” que nos sobraba ay comérnoslos como postre…

Me and Rhea breakfast on ice cream.

Un helado después del desayuno porque somos adultos y hacemos lo que nos dé la gana.

Una vez que cogí el tren de vuelta a Burnley, ese domingo habíamos organizado un viaje familiar a los mercados navideños de Mánchester, algo que hacemos cada año. Después de solo cinco minutos en la autopista, no obstante, nos sorprendió un estrépito fuerte, y nos encontramos en la banquina con una de los neumáticos totalmente desinflado.

Elli pensó muy rápido, y nos recordó que debíamos alejarnos del coche y la autopista lo antes posible, así que cogimos nuestros paraguas, encendimos las luces de avería y salimos a la lluvia. Porque habíamos parado debajo de un puente, tuvimos que dar la vuelta y subir por la cuesta, mirando los coches pasar mientras mi madre llamó al seguro.

My mum, dad, and sister stand under their umbrellas and look down the motorway in the rain at night.

Cuando nos informaron que teníamos que esperar más que una hora para un grúa que pudiese recoger a cuatro personas, subimos por la cuesta para ver si había alguna manera de escapar de la autopista, pero nos encontramos con una valla. Resignados a la idea de pasar la hora allí el lado de la autopista, eventualmente nos pusimos a cantar canciones navideñas y jugar a Veo Veo para mantenernos ocupados y calientes.

Eventualmente nos rescataron, pero no se podía reemplazar el neumático hasta la tarde del día siguiente, lo que nos suponía un problema a mí y a mi hermana: ¡habíamos reservado una mesa en un sitio para una comida navideña con mi madre como un regalo navideño temprano! Al final tuvimos que coger un taxi a Nº 62, un sitio precioso que visité por primera vez justo antes de venir a España en enero del año pasado.

Ellie stands outside Nº 62 in Colne.

La comida en este sitio es tan buena como su presentación y la decoración.

Después de un día de descansar en casa, era Nochebuena, y mi madre nos dio una sorpresa: ¡una bolsa de regalos de Nochebuena! Ya que trabajaba el turno nocturno, nos sorprendió con unos regalitos la noche antes, lo cual nos sumergió en el espíritu festivo después del viaje fallado a Mánchester.

My dad with a beard of shaving foam, an elf mug and t-shirt, and our Christmas tree in the background.

¡Entre los regalos había unos pijamas correspondientes para todo el mundo!

Después de abrir los regalos, fuimos a dejar a mi madre en el trabajo, y nos acostamos para estar preparados a recogerla. Una vez en casa, abrimos nuestros regalos, pero luego mi madre tuvo que volver a dormir. Por eso, nuestro día 25 es siempre poco convencional: ¡en la tarde pedimos comida india en vez de la cena navideña británica tradicional!

Mientras esperábamos que mi madre se despertase, yo, mi hermana y padre salimos a pasear para escapar de la casa un rato y ver las vistas bonitas que rodean nuestra casa. Durante este camino me di cuenta de que uno de mis propósitos para 2020 debería ser ponerme en forma – ¡después de media hora estaba agotado!

A small lake in a forest.
A "Danger: Falling Rock" sign which has bleached and cracked in the sun.
A reservoir building is reflected in the water.
A cloudy sky and forest are reflected in the water of a reservoir.

Después de nuestra cena india y una noche viendo un capítulo de Élite (¡mis padres están enganchados!), empezamos las celebraciones que usualmente se celebran el 25. En la mañana Abi y Danni pasaron por mi casa para hacer el intercambio retrasado de regalos, y luego se empezaron las preparaciones para la comida navideña que comemos cada año: una crema de coliflor.

La única manera de recuperarse después de un cuenco enorme de crema de coliflor y panecillos es dormir una siesta, la cual pensé que tardaba unos 30 minutos. Pasadas tres horas me desperté en un pánico, ¡pensando que había perdido la cena por completo! Menos mal que no, y llegué en la cocina con tiempo suficiente para ayudar en preparar y servir la comida.

Our Christmas dinner on our decorated table.

La cena preparada por mi madre fue tan deliciosa como siempre, y puso fin a los dos días principales de nuestras celebraciones navideñas. El día después era para descansar y bajar la comida, pero durante la tarde fuimos a Yorkshire para comer unos fish and chips en Hebden Bridge y visitar a mis abuelos en Bradford.

El día siguiente se empezó con una comida en un pub local con Abi y Danni, lo que era deliciosa y acompañada con muchas risas y ginebra. Las dos se pusieron a hablar de una noche de fiesta, pero tuve que pasar de los planes porque tenía que madrugar el próximo día para coger el bus a Mánchester – ¡siento que usé todos los medios de transporte durante mi viaje!

An old street sign against the backdrop of Burnley.

Este viaje a Mánchester tuvo un doble uso. En primer lugar, había quedado con Luisa (que ya había vuelto de Alemania) y Declan para que nos pusiéramos al día, y en segundo lugar tenía que ir al Royal Exchange Theatre con mi padre, porque le había comprado entradas para un espectáculo allí.

Llegué tarde al desayuno con Declan y Luisa, pero una vez que llegué lo pasamos muy bien durante un par de horas. Me gustó escuchar a Luisa hablar de su nueva carrera como profesora, y la mudanza de Declan a Brighton para trabajar en una compañía de videojuegos que le pega muchísimo.

Luisa and Declan sit in the window of a café in Manchester.

Después de un café amargado (maldita Inglaterra) en otro sitio y una visita a una librería de diseño, tuve que irme corriendo a encontrar a mi Padre para ir al teatro a las 2:30pm. La obra que vimos se llama “Gypsy“, pero no había investigado nada antes de ir, así que todo me iba ser una gran sorpresa. ¡Ni sabía que es un musical!

The main stage at the Royal Exchange Theatre.

Mi padre y yo lo pasamos fenomenal, disfrutando cada momento de la obra, que estuvo llena de energía desde el principio hasta el final. Después del teatro fuimos a un bar, encontrando a mi madre y hermana que ya habían cogido un cóctel. No tuvieron que convencerme mucho de que me cogiese una copa, y dentro de poco ya estábamos compartiendo anécdotas y tal.

Me, Ellie, my dad, and mum in a bar in Manchester.

A los cuatro nos empezó a entrar hambre, así que me tocó a mí decidir adónde ir para cenar, ya que era mi última noche en el RU. No sé el por qué pero quería ir al centro comercial “The Trafford Centre”, a pesar de que las tiendas ya se habían cerrado, pero decidí que quería revivir los recuerdos de mi infancia y comerme una pizza en Pizza Hut.

Comida la pizza, pasada mi última noche en mi cama allí y hechas las mochilas, la mañana de mi último día se pasó con Amber y Jess. Fuimos a otro pub local, donde me mimé con un desayuno británico completo y les conté mi experiencia viendo Gypsy y otros dramas de Madrid. Demasiado pronto tuve que volver a casa, donde finalicé las preparaciones para volver y volvimos al aeropuerto en Mánchester.

Mi padre consiguió cambiar su turno para poder acompañaos a mí y a mi madre al aeropuerto, donde me despedí de ellos hasta el marzo, cuando me volverán a visitar en Madrid. ¡Ya estoy pensando en lo que vamos a hacer! Hasta entonces, vamos a ver qué acabo haciendo yo aquí en España. Por supuesto, ¡os mantendré al tanto!

Llega el otoño

07.12.19 — Madrid

Estos meses, he estado dedicando la mayoría de mi tiempo libre a relajarme y recuperarme en casa. Realicé, sin embargo, el viaje loco a Inglaterra, pero aparte de eso, lo he pasado bastante tranquilamente.

Por eso, esta entrada de blog supone más un diario visual que un cuento de nada interesante. Eso no es decir que no haya hecho nada, sin embargo, porque una noche me puse al día con María mientras cenábamos unas hamburguesas veganas y también he pasado bastante tiempo cocinando y limpiando en casa.

A street in the northern neighbourhoods of Madrid.

Mis paseos por la ciudad y mi viaje diario a la oficina me han permitido observar los bonitos colores otoñales con el paso de los meses. He juntado unas fotos de estas escenas, así que disfrutad este diario visual del otoño madrileño.

Yellow leaves are lit up by the morning sun.
The yellow leaves of the tree.
Sunlight enters through a window at work.
The trees outside Atocha Train Station in Madrid are bright red.
Autumn leaves and shattered glass.
Street signs under autumn trees in the morning sun.
The facade of the Ministry of Agriculture in Madrid is lit by the evening sun.

Ahora que estamos en diciembre (madre mía), debería ya contaros mis planes para navidades. Volveré a Inglaterra para pasar diez días, pero volveré a Madrid para pasar nochevieja, así que he gastado mi gran presupuesto de 3,50€ en decorar mi piso para la época…

My palm plant covered in fairy lights casting multicoloured shadows.

¡Os presento a mi árbol de navidad económico!

Una visita ajetreada

29.11.19 — Leeds

Antes de empezar: ¡hola se nuevo! Si has entrado en mi web durante los últimos días, puede que hayas visto un mensaje de error, pero ya creo que está todo solucionado. Ahora estoy de vuelta, y os voy a contar un poco sobre la locura del finde pasado…

Como surgiere el título, el finde pasado visité Inglaterra, una visita durante la cual hice todo lo posible durante unas meras 36 horas. Después de salir de la oficina a las 3pm, pasé por casa para hacer la mochila y luego me fui directamente al aeropuerto a las 6pm para coger el vuelo a las 8pm.

Después de aterrizar en Inglaterra a las 10pm, no malgasté ni un minuto en salir del terminal y buscar a mis padres, que habían amablemente conducido a Mánchester para recogerme. El viaje a Burnley supuso una buena oportunidad de ponernos al día, porque llegamos en casa tan tarde que después de solo una hora de conversar nos fuimos todos a dormir. 

La mañana siguiente madrugué para ir al centro de Burnley para que me cortasen el pelo a las 9am. Hablé un rato con la peluquera, me acerqué al centro para resolver unas cosas con mi banco y luego me reuní con Amber y Jess para tomar un café.

An old phone box in Burnley on a wet, cloudy day.

El clima de Burnley es bastante previsible: cielos grises y lluvia.

Los tres nos reunimos en Little Barista, una cafetería independiente en el centro, y había una charla divertida sobre unos chocolates calientes festivos e infusiones. Fue la primera de muchas quedadas que tuvieron que terminarse demasiado pronto, sin embargo, porque después de una hora tuve que volver a casa para volver a hacer la mochila y salir a comer con mis padres.

La comida no podría haber sido en otro sitio que no fuese JJ’s, una cantina fea al lado de una carretera rural que ofrece una selección de los platos tradicionales británicos más ricos que hay en este mundo. Dentro de poco estaba comiendo un steak pudding (carne de vaca con salsa en una masa blanda), puré de guisantes y patatas fritas: ¡todo con un toque generoso de sal y vinagre! La comida era riquísimo como siempre, y sirvió como una despedida para mis padres, que luego me dejaron en la casa de mi amiga Danni para que comenzásemos la fase siguiente de las aventuras…

Un finde de buena comida, viejos amigos y conocer a perros nunca falla.

Mientras me ponía al día con Danni, me introdujo a su nueva perra, Lottie, que no le caía muy bien pero creo que es monísima de todas formas. Charlamos un rato mientras esperábamos la llegada de Abi, cuyo regalo de cumpleaños habíamos preparada: ¡una botella de vodka que lleva una foto de su cara! Cuando llegó y recibió dicho regalo, estuvo claro que el vodka nos iba a acompañar a la próxima destinación: Leeds.

Una vez llegados en Leeds, Danni y yo nos registramos en el hotel, y Abi se coló como una huésped extra. Dejamos las mochilas y compramos unas bebidas para más tarde, y luego cogimos un taxi a Belgrave Music Hall, uno de mis sitios favoritos de mis días como estudiante y proveedor de las mejores pizzas, hamburguesas y patatas fritas en la ciudad entera.

Me, Abi and Danni have a beer in Belgrave.

Después de tomarnos unas cervezas y una bandeja enorme de “session fries” (patatas fritas cubiertas de pancetta, jalapeños en vinagre y muchas otras cosas ricas más), Danni y yo nos tuvimos que ir corriendo: ¡teníamos entradas a un concierto!

El concierto era de Sigrid, que llevo un rato siendo un fan suyo después de haberla encontrado en Spotify a principios de este año. Al final llegamos bastante tarde, así que tuvimos que ponernos en el fondo, pero lo pasamos muy bien de todas formas, bailando un poco a unas de sus éxitos.

Sigrid performs at the O2 Academy, Leeds.

Durante el concierte, Abi había vuelto al hotel para prepararse y volver con las bebidas, y así nos reunimos después en las calles de Leeds para salir de fiesta. Después de un shooting espontáneo en un centro comercial, bajamos a Call Lane y unos clubs que nunca había visitado durante mi estancia en Leeds como estudiante.

Ya que los tres ya somos mayores, la noche no se alargó mucho, y bastante temprano nos encontramos de vuelta en el hotel y esperando la llegada de la comida que habíamos pedido. Le entrega, sin embargo, nunca llegó, y así nos quedamos sin kebab. Encontré la solución en marcharme a la estación de tren para recoger un McDonalds para los tres.

Intentaba arruinar la foto de la rena.

Danni stands under an illuminated reindeer antler decoration, whilst I crouch on the floor nearby.

La mañana siguiente nos despertamos con las cabezas bastante bien, aunque sospechaba que la falta de resaca podía convertirse en un resacón durante la tarde. No había mucho tiempo para pensarlo, sin embargo, porque me tuve que levantar, duchar y vestir para irme a una cafetería para desayunar con Luisa, Rhea, Em y Lincoln a las 11:30am. ¡Es que no paraba durante el viaje!

Como segunda instalación en la serie de males relacionados con la comida, Rhea me escribió para avistarme que la cafetería estaba llena, y que debía haber reservado una mesa antes. Entraba en pánico, pero luego me salvaron cuando llamaron a otro sitio local, y al final nos dieron una mesa en dicho sitio. ¡Hurra! El desayuna se había salvado.

Entonces la reunión se realizó en Wapentake, un bar nuevo y bonito que nunca había visitado, pero el cual nos proveyó con un desayuno británico delicioso. En esos momentos la cabeza ya me empezaba a doler, así que me pedí un Bloody Mary para acompañar la comida, una decisión de la que me arrepentí al recordar lo picante que pueden ser…

Me, Rhea, Luisa, Em, and Lincoln have breakfast at Wapentake.

Hablamos mucho mientras desayunábamos, y el grupo entero nos contamos la vida y cómo nos iba la vida adulta y el trabajo. Todo lo bueno se acaba, sin embargo, y eventualmente tuve que irme a la estación para coger el tren a Mánchester y el vuelo de vuelta a España.

Leeds Train Station.
A stop on the Leeds to Manchester Airport line.

Es probable que ya te hayas dado cuenta de lo rápido que fue el viaje, y estaba hecho polvo después de visitar tres ciudades y quedar con tanta gente en un mero día y medio. Sobre decir que dormía un rato en el vuelo, ¡pero aún así siento que esta semana estoy recuperándome todavía del cansancio!

Todo ha valido la pena, sin embargo, porque me la pasé muy bien, y ahora solo quiero pasar el finde haciendo absolutamente nada menos relajarme en casa. Además está seguro que lo voy a necesitar, porque estas semanas en la oficina estamos muy ocupados, con la entrada de muchos proyectos chulos. ¡Luego os cuento más!