La vida precuarentena

21.03.20 — Madrid

A diferencia de mi última entrada de blog, en la cual hablé de un viaje sobre Europa a Ámsterdam, os escribo desde un país en cuarentena. Con la prohibición de cualquier viaje que no sea de primera necesidad, ahora me encuentro encerrado en mi piso hasta nuevo aviso.

Es una época sobria, y algo del que hablaré en otra entrada más pensativa que escribiré luego, pero por ahora me voy a centrar en lo positivo. Tengo unas noticias divertidas desde antes de la implementación de estas medidas, y también debería reconocer a todos mis compañeros que forman el equipo de Erretres – en unos pocos días, hemos conseguido realizar una transformación digital que ya nos ha permitido a todos trabajar desde casa y ser tan productivo como siempre. ¡Equipazo!

En fin, volvamos a la vida precuarentena que aproveché al máximo sin darme cuenta ¡pero menos mal que lo hice! A diferencia del frío de Ámsterdam, Madrid estaba empezando a calentarse un poco, así que salía bastante a caminar por las calles y empaparme en el ambiente de la ciudad. Una noche, bajé al río para ver la puesta del sol y seguir leyendo mi libro, que lo tenía algo abandonado por haber optado por viajar a la oficina en el coche de una compañera en vez de coger el tren.

The sun sets on a red building in Madrid, with trees and a fountain in the foreground.
La Puerta del Sol in Madrid, with the famous Tío Pepe neon sign.
Old text on an orange facade reading "Mercado Santa María de la Cabeza".

En la oficina, me presentaron con una sorpresa muy bonita, un regalo enviado por la U-Tad como gracias por mi participación como ponente en el Prisma Design Fest hace unas semanas, un evento que documenté después en una entrada de blog. ¡Me encanta mi nuevo boli y este libro fabuloso!

A pen in a box and Spin 360 design book.

El finde siguiente, subí al barrio pijo de Salamanca para verme con Soyoung, una ex compañera de Erretres. Nos reunimos en una cafetería bonita para comer y ponernos al día, hablando de nuestra vida laboral y como es ser una mujer casada después de su boda preciosa el año pasado.

I sit next to a large stand with different brunch dishes on it.

Me creo una pija de esas que siempre salen a comer por ahí.

Durante la comida, hablamos de su familia en Corea del Sur y como el coronavirus justo empezaba a propagarse allí, y en ese momento no teníamos ni idea de cómo vendría a cambiar todo aquí en España.

El próximo finde sería, sin saberlo nadie en el momento, el último finde de libertad durante un rato. Por suerte, dos amigos cumplieron años esa semana, así que los días se llenaron con quedadas con muy buena compañía.

Esta serie de travesuras empezó con el espectáculo “La jaula de las locas”, una obra divertidísima protagonizada por drags. Habiendo comprado unos asientos más baratos, Bogar (el cumpleañero), Hugo y yo flipamos al ser informado que podíamos coger unos asientos mejores sin coste extra, así que nos sentamos al lado del escenario y disfrutamos de las horas de escándalo y muchísimas risas.

A curtain on a stage reads "La jaula de las locas".
Hugo, Bogar, and I pose for a photo at the theatre.

Unos pocos días después volví a salir por la ciudad, porque Luis cumplió años también, y tenía muchas ganas de volverle a ver después de su salida de Erretres hace un rato. Un grupo nos reunimos en un bar en Lavapiés y nos pusimos a charlar, tomar unas cañas, picar y mearnos de la risa cuando Luis abrió unos regalos (incluido un pie amputado de plástico, a ver si lo veis en la foto abajo).

Ya que las celebraciones habían empezado a las 2pm, fui naif en suponer que íbamos a poder volver a casa para echar la siesta entre la comida y la fiesta luego, pero me había equivocado. Me dijeron que íbamos a una fiesta que se llama Tortilla, llamada así porque te ponen un pincho de tortilla en la barra del club.

Tras un viaje de risas en el taxi, durante el cual los amigos de Luis me hacían preguntas sobre mi experiencia en España, llegamos al club. Me dijeron que en este club te echan a las 11pm – ¡así me gusta! Entramos, se unieron más colegas y compañeros y bailamos hasta las 10pm, cuando me despedí y cogí el metro de vuelta a casa. Ay, ¡si todas las fiestas acabasen de una manera tan civil!

The sun sets over the financial district in the north of Madrid.

Por haber salido con Luis y compañía aquella noche, no conseguí unirme a la segunda noche de celebraciones del cumpleaños de Bogar, pero le había conseguido un regalazo para compensárselo: una visita a Hammam Al Ándalus, unos baños árabes escondidos en el centro de Madrid.

Naturalmente no tengo ninguna foto de la visita, pero lo pasamos muy bien y fue una oportunidad para desconectarnos, bañarnos y disfrutar un masaje relajante justo en el mismo momento que el pánico sobre el coronavirus estaba llegando en España. Sí tengo fotos, sin embargo, de los churros que nos comimos después de una comida pos-baños – ¡igual fue un error reservar una visita de dos horas a las 2pm sin haber comido antes!

No hay como una ración enorme de churros después de comer.

Churros and chocolate.

Después de un finde tan bonito, la semana profética empezó. El lunes empezamos como siempre y el viernes el país entero ya estaba en su casa y la cuarentena obligatoria. Como mencioné al empezar esta entrada, luego escribiré otra entrada durante estos días (que quizás se conviertan en semanas) sobre el cambio brutal del teletrabajo y cómo es estar en casa solo.

Pero vamos, no está todo mal – he podido volver a sacar mi juego favorito, Roller Coaster Tycoon 3, y hay otra temporada de Élite en Netflix. También es viernes por la noche y ahora sí que hay una excusa perfecta para quedarme en casa y abrir una botella de vino para una noche de mimarme. ¡No hay mal que por bien no venga!

Ámsterdam

15.03.20 — Ámsterdam

Como mencioné al final de mi última entrada de blog, Un sinfín de eventos de diseño, y alineado con el tema de dicha entrada, pasé el finde pasado en los Países Bajos, donde asistí a la conferencia de a los Awwwards, una serie de charlas sobre el diseño digital. Erretres nos financió el viaje, así que mi compañera Zoe y yo volamos de Madrid a Ámsterdam el miércoles por la noche.

Por las semanas locas antes del viaje, no había investigado mucho este país que nunca había visitado, así que llegué sin saber si usan el euro o no, dónde exactamente estaba el hostel ni como íbamos a llegar al centro desde el aeropuerto. Hubo mismo caos también al hacerme la mochila, pasé media hora la noche antes de volar metiendo cosas en la mochila al azar.

En resumen, el viaje entero fue bastante espontáneo y caótico, pero esto fue algo reconfortante.

Llegamos en Ámsterdam sobre medianoche, y sacamos el Google Maps para que nos guiase al hostal. Subimos a un bus y descubrimos el primer ejemplo de muchos servicios que solo aceptan pago con tarjeta, y eventualmente llegamos al centro.

Al encontrar el hostal, no nos deteníamos en tumbarnos, ya que teníamos que estar en el Teatro DeLaMar a las 8 de la mañana siguiente para registrarnos, coger los pases y encontrar un asiento para la conferencia.

Dicha mañana salió muy bien: conseguí estar despierto, duchado y esperando a Zoe en la puerta del hostal a la hora acordada. Los dos fuimos de camino al teatro, viendo las primeras vistas de la ciudad por día. Google Maps luego nos falló, llevándonos por un callejón a dos cuadras de la entrada de dónde teníamos que estar.

Al llegar al teatro y una vez cogimos un tote lleno de regalos, cogimos nuestros asientos en el auditorio y esperamos que las charlas empezaran…

A harpist plays music on the stage at the Awwwards Conference in Amsterdam.

El primer día consistió en unas presentaciones molonas de unos ponentes muy interesantes, con temas como los trucos de UX y el estado actual de la accesibilidad, e incluso unos trucos de como superar los bloqueos creativos y construir fuertes equipos de diseño. Entre las charlas, Zoe y yo acabamos hablando con un tío de los Países Bajos, y también descubrimos algo muy importante: un supermercado local en el cual comprar algo de desayuno.

The auditorium of the DeLaMar theatre in Amsterdam is filled with attendees of the Awwwards Conference.

Después de las charlas, los dos volvimos al hostal para echar la siesta, porque habíamos quedado en acercarnos a otro evento de networking en el centro después. Fue una introducción extraña a esta nueva ciudad, porque la conferencia era en las afueras de Ámsterdam, y la primera vez que entramos en las calles bisecadas por canales fue durante la noche.

Cogimos una tranvía a dicho evento que tuvo lugar en una azotea de una oficina, un sitio que no encontrábamos gracias a Google Maps que volvió a funcionar mal. Llegamos a la conclusión de que a Google Maps no le gusta Ámsterdam nada, pero no nos importó mucho ya que llegamos antes de que la comida se hubiera acabado.

La noche consistió en unas horas interesantes más, con unas presentaciones sobre herramientas nuevas, una charla sobre el copywriting y la oportunidad de haber con los ponentes del día. Nos pusimos a charlas con el director creativo de Büro, un estudio de diseño de Oporto en Portugal que siempre me ha flipado, y también con los desarrolladores de Framer, una nueva herramienta para el diseño interactivo. También descubrí la maravilla que es Chocomel, una marca de leche de chocolate que empecé a beber al descubrir que la única cerveza que tenían fue Heineken. Puaj.

Wooden slats between two buildings with the morning sky in the background.

El segundo día empezó con cielos más claros y hasta unos rayos de sol, pero la ciudad se quedó helada. Cuando no conseguí hacer contacto con Zoe, me fui al evento solo, sacando unas fotos y cogiendo un desayuno en el camino.

A Mini Cooper, a bicycle, and an old gas lamp in front of old red brick houses in Amsterdam.
A blue tourist boat sits docked in a canal in Amsterdam, with the light of dawn breaking in the sky above.
The sun rises over the streets of Amsterdam.

Cuando encontré a Zoe, que se había quedado sin internet gracias a la conexión de WiFi inestable en el hostal, disfrutamos el segundo día de charlas y otra ronda de ponentes carismáticos que nos contaron sus experiencias personales y unos trucos para navegar no solo el mundo del diseño digital, sino la industria en general.

Después de la presentación de los premiso Awwwards en sí, los cuales se dan por el mejor sitio web y otras categorías, la conferencia había acabado oficialmente, así que repetimos la rutina del día anterior: volvimos al hostal, echamos la siesta y salimos a otro after. Esta vez fue el after oficial, en el cual nos pusimos a hablar con un tío de Canadá, y luego unas diseñadoras de Bielorrusia y Alemania.

No nos quedamos muy tarde, porque el sábado queríamos explorar la ciudad. Como decía antes, era un poco raro todo: al despertarme el sábado por la mañana, me di cuenta de que había estado en la ciudad durante 48 horas ¡pero aún no había visto nada!

Para cambiar ese hecho, Zoe y yo nos volvimos a reunir y fuimos al centro, donde habíamos quedado con dos amigos suyos que también estaban visitando. Después de encontrar nuestro sitio elegido llenísimo y con una lista de espera de más de 45 minutos, buscamos otro restaurante en el cual comer.

A canal and streets in the centre of Amsterdam, set below a grey sky.

Los amigos de Zoe nos encontraron allí, y nos pusimos a hablar de todo, desde el diseño y la vida en el RU hasta su experiencia como profesores. Los cuatro luego fuimos a explorar la ciudad, vagando por las calles curiosas y pasando por sus casas altas, estrechas y torcidas.

The wonky houses of Amsterdam.
A canal winds through the streets of Amsterdam.

Nos informaron que la apariencia torcida de dichas casas es debida al asentamiento inconsistente de las pilas de madera que forman los cimientos. Adiviné que las grúas instaladas en los techos de cada edificio servían para subir cosas pesadas a las plantas superiores, porque las casas tienen escaleras muy inclinadas así que hubiera sido imposible subir un sofá por los escalones. Esta revelación me vino cuando pasamos por un grupo de amigos que iban subiendo secciones de su nuevo sofá por la fachada de su casa y hacía otro amigo que colgaba de una ventana.

The streets of the red light district of Amsterdam.
A church spire between the tall, crooked buildings of central Amsterdam.

Suelo intentar alinear las líneas rectas de mis fotos, pero esto fue imposible en esta ciudad.

Tras explorar el barrio chino y la estación de trenes en el centro, los cuatro teníamos hambre, así que fuimos a Sotto, una pizzería que el amigo de Zoe había encontrado online. El sitio era un poco lejos, pero valió la pena del viaje, porque disfrutamos de una selección de pizzas finas y muy ricas.

Sotto Pizza in Amsterdam.

Después de comer, volvimos al centro, y pronto nos encontramos haciendo cola para probar las tortitas tradicionales neerlandesas en otro sitio encontrado por el amigo de Zoe. Pedí una tortita de crumble de manzana, y resulta que era una descripción muy literal: ¡mi tortita llevó una bola de helado y medio crumble de manzana encima!

Este postre inmenso nos dejó a todos con ganas de ir andando para bajarlo, así que salimos en la oscuridad para explorar una zona de la cuidad en la cual no habíamos entrado: el barrio rojo. Con el aroma de marihuana persiguiéndonos y los ventanales famosos, fue una experiencia muy única.

Me preguntaba antes si me iba a asustar esta actitud liberal hacía las drogas y la prostitución, pero la veía muy nueva e interesante. Las calles del barrio eran muy animadas y llenas de gente de todos lados, y entramos en bares y pubs para tomar algo y charlar .

El barrio rojo no me asustó como pensaba.

Amsterdam's red light district by night.

Todo lo bueno se acaba, sin embargo, así que después de la última copa en uno de los bares, Zoe y yo nos despedimos de sus amigos y volvimos al hostal par dormir antes de nuestro vuelo de vuelta a Madrid el domingo por la mañana. El viaje fue mucho menos interesante que el de ida, principalmente porque sabíamos a donde íbamos y no nos acabamos preguntando qué moneda se usa ni si nos iban a cobrar por usar nuestras tarjetas de débito españolas en el extranjero…

Bueno, a pesar de estar muy poco preparado para este viaje a Ámsterdam, me la pasé muy bien en la ciudad. Me gustaría volver durante el verano, no obstante, ya que el frío, viento y lluvia sin parar no presentó a los Países Bajos de la mejor forma. Eso me viene bien, sin embargo, ¡porque ya tengo una excusa para volver! Hasta la próxima, Ámsterdam.

Un sinfín de eventos de diseño

29.02.20 — Madrid

Desde volver de Murcia hace casi un mes, mi vida ha sido bastante loca, la velocidad de cambio ha sido bastante drástico y he estado haciendo muchas cosas nuevas. Todo esto implica que tengo mi blog un poco abandonado durante las últimas semanas. Ahora, sin embargo, y después de arreglar un problema que causó la caída de mi web durante unos días, ¡estoy de vuelta para poneros al día!

An illuminated sign reading "Erretres – The Strategic Design Company".

¡He estado pasando bastantes horas aquí!

Entre muchos días ocupados en la oficina trabajando en unos proyectos bastante molones, me he asegurado de encontrar el balance entre el trabajo y el ocio, que ha consistido en salir para comer, cenar y tomar con amigos. No tengo muchas fotos de dichas quedadas, ya que a veces es mejor desconectar y disfrutar el momento, ¡pero créeme cuando digo que he aprovechado bastante de la oferta culinaria madrileña!

Además de el trabajo y el ocio hay momentos de domesticidad. He tenido que aguantar unas visitas más al dentista, quien está intentando dejarme ciego con las partículas de mis dientes que van volando por los aires mientras hace agujeros en mis molares. También hice lentejas a la riojana por primera vez, y ahora me siento el rey de la cocina española.

Un viernes por la tarde fui al primer evento de diseño, un torneo de ping-pong organizado por Collision que sirvió para unirnos a todos los participantes en la red de mentorship. En breve me quedó claro que lo mío era más quedarme con las pizzas que progresar en el torneo (tengo una falta de coordinación bastante grave), pero disfruté de unas cervezas, hablé con todo el mundo y me la pasé muy bien.

The Collision ping-pong tournament event.

Aquel finde, una vez más salí con Bogar y Hugo, y pasamos un atardecer viendo la puesta del sol sobre los techos de la ciudad desde una azotea en Callao. Las cañas que disfrutamos y las dos horas fuera de mi casa eran muy bienvenidas, y los colores del cielo me obligaron a sacarles unas fotos.

The sun sets over Madrid.
The sun sets over Madrid.
Bogar, Hugo, and me atop a rooftop bar.

Luego tuve unos pocos días para prepararme para el evento principal que dio nombre a esta entrada de blog. Como Lead Designer en Erretres, me invitaron a hablar en un evento llamado Prisma, una conferencia sobre el diseño y la tecnología organizado por la universidad U-Tad. Mi charla presentó una tarea de grandes proporciones: ¡tuve que hablar durante 30 minutos en español y con un público de 200 personas!

Después de preparar mi presentación, titulada “Nuevas marcas en un panorama en constante cambio: branding digital para start-ups”, bajé a Medialab Prado para que me pusieran el micrófono y para que me grabaran una entrevista sobre la definición del diseño desde mi punto de vista. Nunca había estado en el espacio antes, pero el centro es una pasada, con unos pasillos de amarillo brillante y una cafetería muy bonita.

Neon yellow stairs.
Neon yellow corridor.

Al llegar la gente, me cogió un técnico para ponerme un micrófono inalámbrico de los que ves en el teatro, y en nada me encontré en la primera fila viendo la charla del primer ponente. Una vez empezó a acabar su presentación, subí al escenario y en un instante ya había emepzado mi charla, hablando de las dificultades de desarrollar marcas para el nuevo mundo de start-ups digitales.

My name is up on a screen at the Prisma design event.

Creo que la charla fue bien – bueno, menos la tos que me tenía casi afónico durante todo el evento. En mi Twitter recibí unos comentarios guays después, y pasé un rato en la cafetería después para conocer y hablar de los temas que habían salido en mi presentación.

Lo pasé muy bien en Prisma, y me gustó mucho conocer tanto a otros profesionales como a los estudiantes de diseño, y me supuso un logro personal bastante importante poder dar una charla de media hora en mi segundo idioma – ¡si mi profesora de español me pudiera ver ahora! Otro momento de significado personal fue poder poner el nombre de mi pueblo en la pantalla grande – al visitar Madrid por primera vez hace años, ¡nunca pensaba que un día estaría en un escenario hablando de mi pueblo pequeño!

I present a map with Burnley marked on it.

¡Burnley!

Durante el finde siguiente, decidí que necesitaba un poco de aire fresco, a pesar del cielo nublado que cubría la ciudad. Cogiendo un patinete, fui zumbando por el parque de Madrid Río desde mi casa en el sur hasta el extremo oeste del centro.

Este trayecto me llevó por el palacio real y la catedral de la Almudena, y ofreció unas vistas distintas a las típicas que se ven desde el centro. Es una zona bastante pintoresca, aunque sea que las nubes le dan a la foto un aspecto gris y feo.

The royal palace and cathedral seen from the west of Madrid.

La semana siguiente trajo el último día de mi compañero Luis, una despedida que fue agridulce. Luis ha sido un compañero fantástico y un buen amigo desde que me incorporé en Erretres hace más que tres años, pero me alegró verle alcanzar cosas más grandes y mejores.

La salida de Luis coincidió con un evento Open Studio organizado por Tres Tipos Gráficos, otro estudio de diseño en Madrid al cual mandé mi portfolio en 2015. Allí hable con muchos amigos, ex compañeros y nuevos contactos, y hasta le intervención de la policía no podía detener la fiesta – ¡nos mudamos a un pub irlandés cercano y pillamos una ronda de gin tonics!

Febrero también nos trajo el tan temido día 14, el día de San Valentín, pero decidí celebrarlo el día después con mi amigo Bogar. Fuimos al centro para tomar un café y unas tartas riquísimas, y lo pasamos bien vagando por Malasaña hasta tarde.

Mi cita para el día 15.

Bogar with coffee and cakes.

Aquel finde lo pasé fuera porque el sol madrileño por fin había vuelto. Entre haciendo unos deberes en la ciudad, tomando unas copas con amigos en terrazas y unos gofres muy interesantes, aproveché de la oportunidad para sacar unas fotos de la ciudad que se ha vuelto en mi hogar.

The Puerta de Alcalá, a gateway in Madrid.
Gran Vía, the main road through the centre of Madrid.
A brick church against the sky.

Todo esto que os he contado nos pone más o menos al día, pero todavía queda otro evento de diseño del que hablar: ¡la conferencia de los Awwwards en Ámsterdam! El finde pasado fue la primera vez que visité los Países Bajos, pero he decidido esperar hasta la próxima entrada de blog para escribir sobre el tema: ¡tengo muchas fotos que organizar y quiero que esta entrada de blog salga ya!

El cielo gris de Murcia

08.02.20 — Murcia

Tras decir que iba a poneros al día y escribir las entradas de blog que hacían falta, no lo he hecho. Han sido unas semanas ajetreadas, así que he pasado mucho tiempo tumbado y luchando contra una infección viral y luego el dolor de un empaste que resultó ser mucho más grande que pensaban.

Después de haber sido sorprendido al descubrir que el profesor de inglés de un compañero también es de Burnley, una vez más me encontré en el tren lento a la casa de mis tíos en Murcia. Llegué en el sur bastante tarde, pero no demasiado tarde para tomar un par de copas y ponerme al día con los dos. La última vez que les vi fue en octubre, cuando pasaron por Madrid unos días antes de volver a Inglaterra.

El día siguiente, nos subimos al coche y fuimos a la cuidad costera de Cartagena, pasando debajo de unos cielos muy grises…

My uncle walks up a strangely inclined path.
The sky over Cartagena is grey.

La razón principal por la cual realizamos este viaje fue para que probara un café asiático, y mis tíos sabían exactamente adónde llevarme. Por una calle pequeña encontramos el bar de Ramón, quien me explicó la origen del nombre del café, que viene de su uso como una tónica alcohólica para los viajeros asiáticos que entraban en el puerto.

Una vez probé el café, pillamos unas tostadas y me puse a hablar con el bar entero, desde el dueño Ramón hasta los clientes de toda la vida, los cuales me explicaron adónde debería ir para encontrar los mejores huevos revueltos en Madrid. Con esta nueva información, los tres nos fuimos del bar y pasamos por las calles mojadas y hacia el calor seco del coche.

El día siguiente, por fin me llevaron al centro cultural de Sucina, el pueblo más cercando al campo de golf en el cual viven mis tíos. Ya llevaban un buen rato hablándome del sitio, porque disfrutan de la comida casera que prepara allí Mari Carmen.

Bueno, ¡el sitio no decepcionó! Mari Carmen era una anfitriona excelente, nos llenó con sopa de pollo, gambas al ajillo, pechuga de pollo y unas almejas en una salsa de perejil. Concluimos la comida con unos trozos de tarta de whiskey y luego salimos a tomarnos unas cañas y ver la puesta del sol.

No teníamos prisa para salir del centro porque ese mismo día tocó una de las actividades mensuales que ofrecen en el centro de mayores: ¡bingo! Después de hablar un rato con las señoras majas que vendían los cartones, nos sentamos en una mesa y empezaron las rondas del juego, entre las cuales hubo una copa de vino dulce y pastas.

Me, my auntie, and her friends at a game of bingo.

Ni yo ni mi tía ganamos nada, ¡pero lo pasamos genial de todas formas!

My half-filled bingo cards.

Después del pasar el tercer día de mi visita comprando cosas en IKEA que no podía encontrar en el de Madrid, llegó mi último día en Murica. Según la tradición que empezó durante una visita que realicé con mis padres el año pasado, fuimos al pueblo pequeño de Roldán y comimos un buen menú.

My uncle and auntie at lunch.

Después de unas risas con las demás parejas que se habían acercado (siempre soy el menor y el más soltero, pero ya me he acostumbrado), me tocó volver al pueblo de Balsicas, un sitio pequeño que tiene la suerte de tener una conexión ferroviaria directa con el centro de Madrid.

Durante el viaje terminé la primera temporada de “Years and Years”, una serie que es bonita, trágica y aterradora a partes iguales. ¡Deberíais todos verla si podéis!

Al llegar en Madrid tenía más tiempo libre que lo usual por mi decisión de pillar el tren más temprano, así que había quedado con Bogar y Hugo para cenar ramen en el restaurante japonés en el cual curra Hugo. Disfrutamos mucho de los cuencos enormes de fideos y caldo, y acabamos la cena con unos chupitos de saké, que se sirvió caliente – ¡un poco raro!

Three bowls of ramen.
Bogar, me, and Hugo at the ramen restaurant.

Acabar el día con una cena deliciosa con buenos amigos fue el final perfecto de mis mini vacaciones, y me dejó bien descansado para enfrontarme con un par de semanas locas en la oficina – ¡pero os contaré más en breve!

Muebles y roscón

24.01.20 — Madrid

Al volver a España después de mis vacaciones en Inglaterra, tocó volver al trabajo tras una nochevieja muy tranquila, durante la cual me comí las uvas en casa. Pasamos el día después de los Reyes magos en la oficina, donde merendamos trozos de roscón con chocolate a la taza.

El roscón siempre sabe mejor con una buena taza de chocolate.

A roscón de reyes.

Después de una semana lluviosa, el finde nos trajo un poco de sol invernal. Llegó justo a tiempo para unos planes que habíamos hecho Bogar y yo para ver unas escenas de unos musicales en el centro y bajar al IKEA a comprarnos unas cositas más – ¡yo quería pillar unos componentes eléctricos para automatizar las luces que he traído desde Inglaterra!

A stage with drag queens in Sol.

Vimos uno de los espectáculos y luego nos fuimos a una cafetería para desayunar, y después volvimos al escenario para ver el musical que más nos llamaba la atención: La jaula de las locas. Esto fue un espectáculo protagonizado por drags, y liderado por una drag muy gracioso, ¡ella obligó al público a echar una mano con los cañones de confeti al final del espectáculo!

A stage with drag queens in Sol, with glitter animated.

Una vez acabado el espectáculo, fuimos a nuestra tienda sueca favorita y dimos la vuelta, parando para comernos unas albóndigas como siempre. Me llevé una librería para organizar lo que tengo en mi armario, unas piezas electrónicas y otra planta más.

Bogar wears a Christmas light decoration over his head.

También echamos un vistazo a los productos navideños en descuento…

Luego volvimos al barrio en un taxi, y nos echamos una mano para montar los muebles que habíamos comprado. Tras tanto labor manual en un solo día, decidimos que nos merecíamos una cena fuera, así que subimos a Gracias Padre, un sitio mexicano de lo cual había hablado Bogar bastante.

Bogar in Gracias Padre, a Mexican restaurant.

Ahí nos comimos el mejor bol de nachos que había probado en mi vida – y fíjate que no soy muy fan de los nachos – y una gringa enorme (es como una quesadilla). Para bajar toda esta comida, nos tomamos una cerveza con zumo de limón (sí, zumo puro) y luego volví a casa para tumbarme temprano.

Durante la semana siguiente visité mi nuevo dentista por primera vez, y luego de alguna manera conseguí perderme mientras buscando la estación de Chamartín para volver a la oficina. Eventualmente encontré una entrada trasera que no había visto antes, pero que tiene unas vistas sobre la estación y las cuatro (pronto serán cinco) torres en el fondo.

The four towers of Madrid.
A series of cranes below the blue sky over a frosty grassy knoll.

Pronto llegó otro finde, y otra vez más tenía planes con Bogar para desayunar en el centro. Esto fue después de que por fin recordé de recoger un vinilo que había pedido – aunque no tengo un tocadiscos aquí en España. Ups.

Desayunamos roscas en HanSo Café, un sitio popular en el barrio hipster de Malasaña, y luego llevé a Bogar a probar las mejores palmeras de la ciudad. Estas se encuentran en La Duquesita, una pastelería de toda la vida en la cual me saqué una foto en los espejos viejos que decoran las paredes.

A selfie in the old mirrors of La Duquesita, a bakery in Madrid.

No hay nada como una palmera con mazo azúcar.

Aquella tarde me fue bastante ocupada, porque había quedado con Roberto por primera vez después de nuestras aventuras veraniegas en Valencia rural. Por suerte el tiene un tocadiscos, así que me acerqué a su casa con mi nuevo disco de Rodrigo Cuevas en la mano.

Allí conocí a su nuevo compi y eché un vistazo a su nueva casa, y luego abrimos unas cervezas y escuchamos al álbum durante un rato. Una vez tuvimos hambre, subimos al centro y a Buns & Bones, uno de mis sitios favoritos para tomar una cena ligera.

Tras cenar, recogí mi disco de la casa de Roberto y volví a mi casa, pero pronto me encontré en el metro de vuelta al centro, porque un colega de Bogar se iba del país, ¡así que había que despedirnos de él! Tomamos unas birras en un bar de Chueca, pero cuando decidieron a ir a un club, decidí que tenía demasiado sueño y volví al confort de mi cama.

El día después, decidí hacer un par (sí, dos) de tartas de zanahoria. Compartí una entre mis amigos y la otra entre mis compañeros. No quiero presumir, ¡pero mi tarta de zanahoria siempre tiene buena acogida!

A slice of my home made carrot cake.
A close-up of my carrot cake.

Solo un par de días después y estaba en un tren a Murcia, pero eso os lo tendré que contar en otra entrada de blog. Estas semanas han sido una locura, por lo cual voy un poco atrasado en escribir estas entradas, ¡pero espero poder poneros al día durante este finde y el que viene!