Oslo, bebé

17.06.24 — Oslo

Oslo, bebé

17.06.24 — Oslo

Mi vida suele ser ajetreada. Puede suponer un reto compaginar mi trabajo con mis pasatiempos mientras me mantengo al tanto de mis amigos, que están repartidos por todo el mundo. Un reto puede ser, pero es un reto muy gratificante.

Uno de estos amigos a distancia es Heidi, que vive en Oslo con su pareja, Axel. He visitado a ambos en alguna que otra ocasión, pero en esta ocasión subí al avión con aún más ilusión, ya que viajaba a conocer a un nuevo miembro de su familia: ¡su hija recién nacida!

A pesar del frío, los días que pasé con Heidi y Axel se llenaron de calidez: acomodarme en su casa y acompañarlos en su viaje como padres primerizos fue un descanso refrescante de los agobios de la vida madrileña. Fue un gusto verlos, pero también poder reunirme con sus amigos y familia, a quienes he ido conociendo con los años.

Luego está la ubicación: Oslo es una capital como ninguna que haya visitado; su rollo relajado no tiene igual, potenciado por lugares acogedores en los que tomarse un café y ver el mundo pasar. Visité la nueva biblioteca municipal, nos reunimos con amigos al lado del fiordo para picar algo y aprovechamos al máximo los bares y restaurantes para pasar horas conversando.

La boda de Heidi y Axel se celebrará en tan solo un año, por lo que me sentí muy agradecido por poder pasar tiempo de calidad con la pareja y su nuevo bebé antes de que empiecen las grandes celebraciones.

Sophie y Joe

01.06.24 — Saltaire

Sophie y Joe

01.06.24 — Saltaire

La universidad fue una experiencia agridulce. Lo bonito fueron las amistades que se formaron; lo difícil, el estrés de los estudios. Mis amigos y yo éramos todos frikis del diseño con las mismas fechas de entrega, lo que dio lugar a un revoltijo de tensiones y apoyo mutuo que luego sirvió para forjar relaciones que perduran hasta el día de hoy.

Una de estas personas fue Sophie, con quien empecé a relacionarme con un tono cómico desde el primer día. Cuando llegó su pareja, Joe, las cosas no cambiaron: las risas surgen con naturalidad cuando el amor es profundo.

Por eso me hizo muchísima ilusión recibir una bonita invitación por correo, convocándome a celebrar con Sophie y Joe en el pintoresco pueblo de Saltaire. Es un pueblo victoriano modelo al que tengo mucho cariño, ya que mi padre solía llevar a mi hermana y a mí a pasar el día entre las antiguas casas adosadas y la fábrica renovada que se encuentra en el centro del pueblo.

No se podía haber pedido un día mejor para celebrar la boda. El sol iluminaba las calles empedradas mientras entrábamos en la iglesia, destacando también la bonita pintura azul del interior mientras Sophie y Joe intercambiaban sus votos. La ceremonia y la celebración posterior fueron un auténtico gozo, ya que todo se sentía tan natural, íntimo y personal: desde los detalles de boda hechos a mano hasta la comida, que fue un plato típico de la clase obrera británica.

Más allá de ser una boda preciosa, el día sirvió también para que los viejos amigos nos pusiéramos al día. Dadas nuestras vidas adultas y ajetreadas, pocas veces surge la oportunidad de reunirnos todos en una misma sala, así que aprovechamos al máximo para charlar, bailar y hablar con el corazón en la mano mientras nos colábamos por la salida de emergencia para tomar el fresco.

Volviendo a lo que decía al principio: la vida es curiosa. Érase un tiempo en que todos estábamos agobiados en la misma situación, pero ahora somos adultos que seguimos cada uno nuestro camino y simplemente prosperamos.

¡Vivan los novios!

Carrete de Vermont

28.05.24 — Vermont

Carrete de Vermont

28.05.24 — Vermont

Lo bonito de la fotografía manual es que nunca sabes qué has capturado hasta que te devuelven las fotos reveladas. Lo feo es la espera, que en mi caso suele ser larga: los carretes se vuelven cada vez más caros, así que saco la cámara analógica solo en ocasiones especiales.

Y un viaje a Vermont siempre es una ocasión especial. Por eso me hizo mucha ilusión encontrar, dentro de la última tanda de fotos, alguna que otra imagen de mi viaje a Estados Unidos del año pasado. Son de un par de planes que hicimos Megan y yo: uno para ver el atardecer sobre el lago Champlain y otro en el que fuimos a mojarnos los pies en una piscina natural, de las muchas que hay repartidas por el estado.

Puedes leer más sobre este viaje en las entradas del blog correspondientes, pero por ahora te dejo con algunas de las mejores fotos del carrete, que documentan recuerdos muy bonitos.

Primavera

24.05.24 — Madrid

Primavera

24.05.24 — Madrid

Titular una entrada de blog con el nombre de toda una estación puede parecer amplio de más, pero esta primavera ha sido especialmente ajetreada. Durante este periodo de viajes y encuentros con amigos, apenas he tenido tiempo de sacar ni una foto, mucho menos de parar y reflexionar sobre estas vivencias. Aun así, esto supone mi intento de sintetizar estos meses tan locos.

Mi cumpleaños marcó el comienzo de la primavera, un hito que celebré en mi país natal. Pasé unos días en Londres con Rhea antes de visitar Thorpe Park (un parque de atracciones) por primera vez. Más allá de conseguir algunos créditos nuevos de montaña rusa con Danni y Abi, comí por primera vez en Nando’s, una cadena de restaurantes de pollo especiado que es mítica en Inglaterra. A todo el mundo le parece bien raro que yo haya tardado hasta mis 29 en probarlo.

Al volver a Madrid, tuve un reencuentro con mis padres, que llegaron justo a tiempo para celebrar San Isidro y también para celebrar un horrible resfriado que se me había pegado. Desafiando los mocos, me tomé unos analgésicos y logré acompañar a mis padres a la orquesta de mi barrio para bailar uno o dos chotis, lo cual me hizo mucha ilusión.

Unos pocos días después, volví al Reino Unido, esta vez al norte, donde pasé unos días en familia. Regresé a España para luego volver a Inglaterra apenas dos meses después, en un viaje que me llevó de nuevo a Thorpe Park para celebrar el cumpleaños de Danni en nuestras atracciones favoritas.

Entre todo este lío, descansaba en los parques y zonas verdes de Madrid. Fue en esos momentos cuando saqué la mayoría de las fotos que se ven aquí. Así pude aprovechar el clima ameno de la primavera, ya que el calor que nos azota todos los veranos te obliga a quedarte en casa o a huir de la ciudad por completo…

Visita familiar

15.04.24 — Madrid

Visita familiar

15.04.24 — Madrid

Puede parecer raro que, después de tantos años viviendo en Madrid, nunca se me hubiera presentado la ocasión de recibir a mis padres y a mi hermana a la vez. Como mi madre y mi padre siguen trabajando y mi hermana anda inmersa en su doctorado, simplemente no había ocurrido. Bueno, no había ocurrido hasta ahora.

Tras recogerlos en el aeropuerto, los cuatro nos apretamos como sardinas en mi piso de una sola habitación, y así comenzó la prueba definitiva de nuestra dinámica familiar. Cedí mi cama a mis padres y mi hermana y yo nos quedamos en el sofá cama. Al final lo llevamos bastante bien, gracias en gran parte a la restrictiva política de equipaje de Ryanair: nadie tuvo la oportunidad de llenar mi casa de cachivaches que estorbaran…

Bromas aparte, nos lo pasamos genial. Pasamos los días comiendo, bebiendo y callejeando por la ciudad en modo familiar. Nos quedamos por mi barrio, pero también nos fuimos a explorar zonas con más caché. Entre los momentos destacados, una cena italiana en el barrio pijillo de Salamanca y una vuelta en bici hasta el río para ver el amanecer con mi hermana. No me había levantado tan temprano desde el desfase horario que arrastré tras mi viaje a Japón, aunque lo arreglé fácilmente con una buena siesta…

Empeñado en que todos disfrutaran, me aseguré de cumplir con los gustos de cada uno: el Mercado de San Miguel para mi madre, la pizzería NAP para mi hermana y unas calles cualquiera para mi padre. Él siempre es capaz de encontrar rincones y detalles interesantes que fotografiar en los lugares más anodinos.

A pesar del aire fresco de marzo y de unos cielos nubosos que amenazaban con fastidiarnos los planes, tener a toda la familia junta durante unos días fue un auténtico placer. Puede que yo sea la oveja negra por haberme ido a miles de kilómetros, pero momentos como estos, en los que podemos reunirnos y hacer algo distinto, hacen que la distancia merezca la pena. Ojalá vuelvan pronto los tres.