Muchos mimos

05.06.21 — Madrid

Al final de mi última entrada, especulé si podría ser capaz de viajar un poco este verano, ahora que España está quitando las restricciones después de que el gobierno central desactivara el estado de alarma hace un par de semanas. Bueno, podría parecer que mis oraciones han sido escuchadas, ya que cuando empiezo a escribir este blog, estoy sentado en el escritorio de una encantadora habitación de un hotel en Bilbao donde las nubes grises finalmente han partido y parece como que vamos disfrutar de un día radiante. 

Sin embargo, las historias sobre mi actual viaje hacia el norte de España tendrán que esperar hasta la siguiente entrada del blog, ya que nos tenemos que poner al día – o debería decir más bien que yo me tengo que poner al día, puesto que llevo el blog algo abandonado durante estas últimas semanas…

Retomamos el hilo una semana después de las quedadas con mis amigos por mi cumpleaños, y otra semana de trabajo la cual estuvo marcada por encantadoras tardes con mis amigos. Una tarde me encontré con Sara y Jhosef en una agradable terraza cerca de mi casa, donde pudimos complacernos con una generosa selección de tapas antes de ordenar dos enormes raciones para compartir: una de calamares y otra huevos rotos con jamón. 

Otra tarde en la misma semana supuso otra celebración de cumpleaños, y en esta vez con Hugo. En esta ocasión, los cuatro nos dirigimos a un restaurante italiano del cual sabia que Hugo era fan y nos deleitamos con deliciosos platillos, incluyendo un postre que vino recomendado por una compañera, todo esto entre muchas risas en compañía además de un grato vino blanco.

Me flipan las gambas acompañadas por una salsa picante de tomate.

Hinchado de pasta y bien contento gracias al vino, me monté en una bici para volver a casa, y pasé por algunos de los sitios que había visitado la primera vez que visité Madrid en el 2015. Pasé por el Instituto Cervantes, el Banco de España, Cibeles y la estación de Atocha. Al llegar en casa, puse las luces de un color morado relajante y me tumbé con un libro para descansar.

Menciono el libro porque últimamente he vuelto a leer mucho – de hecho, he acabado tres libros en los últimos quince días. Sin querer que esta entrada de blog se volviera en una reseña del libro (odiaba con todas mis fuerzas tener que escribirlas en la primaria), detallaré muy encima la experiencia ya que creo que son tres obras interesantes:

El primer libro fue una novela que recibí gracias a un intercambio de libros anónimo que hice en Instagram. Lo compartí así sin más, dudando que saliera algo, ¡pero al final me enviaron dos libros! El primero fue este, Los renglones torcidos de dios de Torcuato Luna de Tena. Como bien se nota, es una novela española y representó la primera vez que leí libro entero en mi segundo idioma. No supuso una lectura fácil, tanto por la necesidad constante de consultar terminología desconocida o lenguaje florido como por el tema de que se trataba: la vida dentro de un hospital psiquiátrico antiguo. El título supone una ventana al contenido del relato, para el cual Luca de Tena fingió una enfermedad mental para poder ingresar en un hospital psiquiátrico para así vivir la experiencia de manera infiltrada y de primera mano. Esta experiencia se nota por la capacidad del autor de construir y mantener el suspense dramático hasta la última página. Una obra literaria bien recomendable.

El segundo libro fue una biografía. No suelen gustarme mucho los libros biográficos, pero hice una excepción en este caso tras ver un documental corto en YouTube que contaba la vida de una mujer extraordinaria. The Trauma Cleaner: One Woman’s Extraordinary Life in the Business of Death, Decay, and Disaster (La limpiadora del trauma: la vida extraordinaria de una mujer en el negocio de la muerte, la descomposición y el desastre) de Sarah Krasnostein cuenta la vida turbulenta y a veces muy triste de Sandra Pankhurst. El libro explora – de una manera que a veces carece de detalles específicos gracias a la amnesia de Pankurst que se supone que se ha provocado por el trauma que sufría – su infancia como un niño adaptado y maltratado, su transición a una mujer y luego su rol como fundadora de una empresa dedicada a la limpieza de trauma. Para los que no sabéis – como yo antes de coger este libro – este tipo de limpieza trata de limpiar sitios donde ha ocurrido algún tipo de trauma, como el lugar donde alguien se ha matado, se ha suicidado o incluso las casas de acumuladores compulsivos. Aunque este libro volvió a tratar de un asunto que no es fácil de leer, era algo refrescante aprender sobre algo que la sociedad suele ignorar y también ver la compasión – que nace seguramente de una empatía por parte de Sandra dadas sus experiencias traumáticas personales – con la que Pankhurst trata cada caso.

En último lugar tenemos el tercer libro y nos encontramos enfrentándonos nuevamente con un tema que es igual de singular pero algo más alegre: la gramática y la puntuación. Escrito por una ex-revisora de The New Yorker, Between You & Me: Confessions of a Comma Queen (Entre tú y yo: las confesiones de una reina de las comas) de Mary Norris fue una exploración jovial pero profunda en el uso del lenguaje y la puntuación con la que salpicamos nuestras frases en una manera que – como diría Norris – suele ser bastante descuidada. Me sedujo la parte de su título que habla de “la reina de las comas”, ya que mis amigos me suelen llamar para que les corrija sus ensayos porque bien saben que soy un tiquismiquis insufrible con el uso de las comas (en español aún no tengo el tema dominado, tened paciencia). Norris no decepcionó nada, profundizando mucho en los mecanismos del idioma inglés (aunque en inglés americano, del cual no soy muy fan) con un tono desenfadado pero muy informativo.

Ahora ando leyendo otro libro, pero por ahora concluyó esta sección de club literario por no querer aburrir a quienes no estéis interesados. Si te ha interesado esta sección, déjamelo saber. Quizá se pueda desarrollar más como una parte de mi blog.

Bueno, volvamos a más noticias de Madrid. Tan solo un día después de las celebraciones del cumpleaños de Hugo, me encontré bajando en bici al piso de Luis con una botella de vermú en la bolsa. Sentados en su terraza privada, Luis, dos de sus amigas y yo nos pusimos a contar anécdotas mientras picábamos jamón y cecina. Acabó la noche con un baile a unos éxitos de los 80, ya que tuvimos que bajar la comida y el alcohol que había estado fluyendo durante toda la noche.

48 horas más tarde y me volví a ver con Luis, esta vez para coger el metro al norte de la cuidad y a Sunday Service, un evento organizada por mi compañera Blanca para lanzar su línea de joyas personalizadas hechas a mano. La inauguración de Tony Blanco tomó lugar en un estudio fotográfico, donde disfrutamos pizza y cervezas mientras nos poníamos al día con viejos y nuevos amigos. También existía la oportunidad de que nos hicieran un retrato o un tatuaje – pero por ahora pasé.

Tras el Sunday Service, María se apuntó a unas cervezas más y una comida ligera con Luis y yo en el centro. Tras la llegada de un par más de amigos de Luis, María se tuvo que ir y los que quedábamos bajamos a Chueca para seguir nuestra tarde de terraceo con unos gintonics.

Esta tarde de copas habría sido buen plan si no fuera – como algunos habréis deducido del nombre “Sunday Service” – un domingo por la tarde. La quedada me dejó con algo de dolor de cabeza el lunes por la mañana, pero se me había pasado ya por la tarde, así que quedé con Jhosef para sacarle del barrio para montarnos en bici y subir al norte de la ciudad.

Cogiendo dos BiciMad, los dos subimos por el tramo oeste del Río Manzanares. Esto nos llevó a un sitio que había descubierto yo hace unos meses, y allí paramos un rato antes de seguir hasta llegar en un puente que cruza la autopista principal que sale por el norte de la ciudad. Allí nos detuvimos un rato, empapándonos en las vistas de la ciudad y el atardecer que brillaba sobre la sierra en el oeste.

Al volver a casa me entraron unas ganas inesperadas de hacerme un chocolate caliente al estilo británico. Fijándome en como se hacen en una cadena de cafeterías británica, me puse a crear una taza de chocolate con cacao, leche, azúcar, nata montada y un toque de canela en polvo. Entre el chocolate, la iluminación ambiente que he configurado en mi casa y una mascarilla facial, disfruté de una buena noche de mimos.

El finde pasado seguí con el tema de los mimos cuando Bogar y yo volvimos a Hammam. La última vez que visitamos los baños árabes fue justo antes del inicio de la pandemia, así que apetecía mucho volver a meternos en los baños termales, sudar en el baño turco y que nos quitasen todos los agobios mediante un masaje relajante. Una vez revividos, bajamos en bici a nuestro barrio y nos sentamos a cenar en nuestro bar favorito. ¡No hay mejor manera de acabar un finde!

Con esto dicho llegamos a la semana pasada, que se fue volando gracias a unos días atareados en la oficina y el saber que me esperaban cuatro días de viaje a Bilbao con Jhosef. Como dije al inicio de esta entrada, aquí sigo en el hotel mientras escribo esto, aunque seguramente no me pongo a editar y subir las fotos hasta estar ya de vuelta en Madrid.

Por ahora, voy a disfrutar los dos días que me quedan aquí en esta ciudad preciosa, pero bien sabes que estaré de vuelta por aquí lo antes posible para compartir fotos y historias de mis vacaciones por aquí. ¡Hasta entonces!

Llega el verano y me hago viejo

09.05.21 — Madrid

El finde tan lluvioso y miserable que predecía al final de mi última entrada de blog resultó suponer, por desgracia, una predicción clavada. Tras un sábado encerrado en casa, sin embargo, tenía ganas de salir, así que no tardé nada en aceptar la propuesta de Napo de comer por allí.

Saliendo bajo un cielo bien oscuro y amenazador, me subí a una bici y me dirigí a le estación más cerca de NAP Pizza, nuestra pizzería favorita por sus pizzas hechas en horno de leña. Nos pusimos al día sobre unos platos deliciosos, pero al salir nos enfrentamos con una lluvia torrencial. Por suerte mi paraguas medio roto aguantó el viaje a la parada de bus y el viaje de vuelta a mi piso.

Después de un finde tranquilo me enfrenté con una semana laboral bastante ajetreada, pero un cambio repentino del clima trajo unas tardes soleadas y me puso de buen humor. Como otra acción para volverme más activo en mi día a día, aproveché de estas tardes de buen tiempo para llamar a unos amigos mientras caminaba de vuelta a casa de la oficina.

Estos paseos me suelen llevar por el Parque del Oeste, que se encuentra justo a lado de la oficina, y por el Templo de Debod. Desde allí también paso por el Palacio Real y los jardines que los rodea – ¡no me quejo nada del viaje!

Al concluir la semana, tocó el caos anual que es mi cumpleaños. El inicio de mi vigésimo sexto año en esta tierra conllevó una cantidad sorprendente de regalos. Mis padres me enviaron una camisa nueva y unas barritas de chocolate Cadbury’s, ¡y Abi y Danni me mimaron con una caja enorme llena de lo mejor del picoteo británico!

En el trabajo luego me sorprendieron unas compañeras con una caja de regalo que trajo vino, aceite y cecina (mi fiambre favorito) entre otras cosas. También me había preparado otra compañera una caja de brigadeiro. Este dulce se suele comer durante los cumpleaños en Brasil, y se hace a base de leche condensada y cacao en polvo que se forma en bolas y se salpica con otros ingredientes. En esta ocasión disfrutamos brigadeiros de almendra o granas de color: ¡las dos opciones híper deliciosas!

Para continuar las festividades, salí a comer con otra compañera, y luego volví a casa para cambiarme rápidamente y prepararme por una cena con Sara y Jhosef. Al final esto no lo hice lo suficiente rápido, cosa que era evidente al llegar yo media hora tarde al restaurante venezolano – ¡ups! Me tomé un par de vermús uno tras otro para alcanzar a los dos, y luego compartimos una botella de agua y unas raciones ricas.

Ya que seguíamos con el toque de queda, nos pusieron la cuenta sobre las diez y media, pero nosotros no queríamos que acabase la noche por ahora. Pillamos un taxi y volvimos a mi casa, abriendo una botella de ginebra y poniendo un poco de música para hablar hasta la madrugada.

Tras despertarnos con la cabeza bien pesada en mi piso, pasé lo que quedaba del día intentando quitarme la resaca en casa. Solo volví a salir por la noche para cenar con Bogar, Hugo y Sergei. Fuimos a una hamburguesería que llevo un rato queriendo probar, y disfrutamos de una cena bien rica, pero me fui yendo para casa relativamente temprano ya que seguía con dolor de cabeza.

Esperamos a que se abra el restaurante mientras me muero yo de dolor de cabeza.

Menos mal que tuvimos un finde largo después de mi finde: el puente me dejó recuperar el día perdido que pasé vagando por mi piso. Aproveché del día extra para cocinar las comidas de la semana corta que venía y para dar unos paseos por mi barrio.

Una tostada con tomate, aceite y un toque de sal nunca falla en resucitar.

Esta semana hemos visto una subida de temperatura repentina a niveles que parecen verano, así que decidimos quedar en Retiro para montar un picnic. Nos tumbamos al lado del lago y picamos unos palos de queso, unas empanadillas y un cubo de pollo del Kentucky que había traído Bogar – ¡todo acompañado por unas latas de cerveza, por supuesto!

Bogar me robó el abanico explícito para montar este shooting.

Una vez a la vuelta las nubes y una vez frustrados nosotros por la falta de dónde comprar más picoteo y bebidas, los cuatro nos subimos a un bus y bajamos a la casa de Bogar para seguir tomando y pasar la tarde compartiendo nuestros videoclips favoritos. También hubo más pollo frito…

Salí de la casa de Bogar a las once y media de la noche – cosa que se puede hacer ahora ya que se ha quitado el toque de queda en Madrid – y he pasado la mayoría del día de hoy cocinando y limpiando el piso como suelo hacer los domingos. Estar encerrado en casa hoy día se me ha hecho bastante fácil, sin embargo, ya que las nubes que nos interrumpieron ayer se han convertido hoy en una tormenta.

Con el fin del toque de queda en Madrid y la suavización de las restricciones en España en general, estoy esperando que pueda volver a visitar lugares como Murcia o Tenerife este verano. Quizá – y depende de cómo van las cosas allí – pueda incluso volver a Inglaterra un rato. Quien sabe…

El engaño de la primavera

24.04.21 — Madrid

Con el avance del abril, parecía que ya disfrutábamos de los primeros momentos de la transición desde las mañanas frías del invierno a las tardes soleadas de la primavera. Al ser tan optimistas habíamos errado, sin embargo, ya que la llegada de la primavera conllevó una racha de tiempo locamente impredecible. Días de supuestos cielos despejados se convirtieron en lluvias alucinantes, y luego las predicciones aterradoras de la previsión del tiempo y su promesa de tormentas acabaron siendo días de buen tiempo.

Fue durante uno de estos días confusos que había quedado con Luis para tomar algo por el río. Salí de la casa con el paraguas en la mano gracias a la previsión pesimista que me había contado mi altavoz inteligente de Google, y me subí con cuidado a una bici bajo cielos grises. Tras coger un pan gratis de una furgoneta promocional y una cerveza de un supermercado local, sin embargo, ya habían vuelto los cielos despejados y nos sentamos en la orilla del río para disfrutar los rayos.

Pasamos un buen rato charlando por allí – demasiado tiempo, de hecho, y tuve que irme pedaleando como un loco para recoger una pizza que había pedido para luego ir a la casa de Bogar y escuchar música nostálgica y hablar de todo tipo de tontería. Llegada la hora de irme antes del toque de queda a las 11pm, sin embargo, había empeorado mi suerte y tuve que volver a casa agarrando fuertemente el paraguas ya que me encontraba atacado por la lluvia y viento de una tormenta que había elegido justo el momento exacto que salí de la casa de Bogar para manifestarse y empapar Madrid con las lluvias de un mes entero en media hora.

El día siguiente el tiempo seguía con sus tonterías, con un cielo azul salpicado por nubes oscuras, pero el plan para comer con Luis y sus amigos seguía en pie. Los dos nos reunimos por el río para coger una bici y acercarnos a un bar en las orillas para tomar algo antes de comer. Desde este nuevo sitio se veía una pared de nubes casi negras que abordaban la sierra que envuelve la ciudad, pero llegamos al restaurante justo antes de que empezó a caer.

Tras una comida deliciosa en el Café del Rey, un sitio que solíamos visitar cuando Luis y yo trabajábamos en una anterior oficina de Erretres cerca de la Plaza de España, subimos a otro lugar que nos trae siempre buenos recuerdos. Sigo sin conocer el nombre de tal sitio, ya que llevamos años ya llamándolo “la esquina” o “el sherif” para honorar uno de los camareros que siempre lleva puesta una placa de sherif.

Una vez sentados en aquella terraza, seguíamos con ronda tras ronda de vino y tapas, y la comida se convirtió en una quedada que duró toda la tarde y noche. Tanto vino me dejó con la cabeza bastante regular el lunes por la mañana, así que tras volver a casa del trabajo, salí a dar una vuelta a ver si podía encontrar algún rincón del barrio que me fuese previamente desconocido.

Sí que encontré al final, al encontrarme al lado de las vías de tren y siguiéndolas hasta volver a mi barrio. Por la ruta había unas vistas interesantes sobre mi parque local, el Parque de las Delicias, y una zona interesante de almacenamiento que se veía abandonada.

Las alturas de la chimenea y la pared de escalar lucían inquietantes en la oscuridad.

Después de otra semana laboral, tocó aprovechar el finde, y lo arranqué con una noche de relax en casa. Una vez preparado un gin tonic, alistado el sofá con un montón de sábanas cómodas y las luces puestas en modo cine, volví a ver la maravilla de película que es James y el melocotón gigante por primera vez en unos quince años.

El día siguiente y como ya se me está haciendo costumbre los sábados por la tarde, quedé con Sara y Jhosef en el centro para tomar algo y cenar. Empezamos con unas copas en el barrio de las letras, antes de cenar en un restaurante coreano del que había hablado tanto Jhosef. Allí cenamos una serie de platos bien ricos, todos ellos acompañados por soju, ¡y al final tuvimos que pillar el autobús de vuelta a casa para no saltarnos el toque de queda!

El domingo se pasó tratando una resaca bien dolorosa así que ni salí de la casa – pero por lo menos ya se me había pasado el lunes cuando tocó volver al trabajo. Durante la semana pasada y conforme con un esfuerzo que llevo un rato haciendo para empezar a vivir de una manera más saludable, he estado comiendo mejor y esforzándome a salir a caminar más. Uno de estos caminos me llevó al Palacio Real y las obras que se están realizando por la zona de la Plaza de España. ¡Al parecer han hallado el sótano de un edificio antiguo!

Eso nos lleva a este mismo finde, que al parecer marca el momento cuando la previsión del tiempo por fin empieza a reflejar la realidad presente en los cielos sobre Madrid. Google me informa que hoy será un día nuboso y frío, algo que puedo confirmar ya que me encuentro aquí sentado con la bata puesta encima de mi ropa normal y teniendo que mantener un ojo en las toallas que he colgado en la cuerda exterior.

Por el tiempo malo que vamos a sufrir durante lo que queda del finde, dudo que al final salga a hacer mucho, más bien me quedaré en casa jugando con la iluminación y viendo otra película que me traiga nostalgias. Quizá me vuelva un poco loco y vuelva a poner todas las luces azules para fingir que estoy en una fiesta de luz UV en un club.

Ay, los clubes – ¿os acordáis de ellos?

Una Semana Santa golosa

10.04.21 — Madrid

Es miércoles por la tarde y desafortunadamente hoy es el último día de una semana de vacaciones que acabo de disfrutar, ya que me cogí tres días más de vacaciones para alargar el puente de Semana Santa. Como mencioné en mi última entrada de blog, había pensado en salir por todos lados, pero al final todo fue más tranquilo que lo esperado – ¡pero de eso hablaré en breve!

Antes de la Semana Santa, tuve un finde que aprovechar antes de la semana laboral de tan solo tres días, y pasé el mismo comiendo y tomando con amigos por distintos sitios por Amadeus. Arrancamos el sábado, cuando Sara y yo salimos de cañas y terraceo por el barrio de las letras. Tras cambiar de bar en bar un rato, los dos cambiamos las cañas por unas copas de vino y cenamos en una mesa por la calle.

El día siguiente, tras esperar que se me pasase algo de resaca, subí a Retiro para tomar unos tequeños y un tinto de verano por allí. 

Al irse Hugo para volver al trabajo, Bogar y yo decidimos aprovechar al máximo el atardecer, así que nos cogimos unas bicis para dar una vuelta por el parque y ver el sol ponerse. Nos detuvimos un momento por el lago antes de volvernos para casa, donde yo me puse a tejer – ¡algo que llevo un buen rato sin hacer! 

El jueves, y después de tan solo tres días de trabajo, me tocó salir para el primer plan de las vacaciones. Bogar y yo habíamos decidido probar uno de los sitios que tengo marcado en mi mapa como “quiero ir”, así que después de tomar unas cervezas con Hugo y Sergei, subimos a un italiano llamado Menomale en el norte de la ciudad.

Disfrutamos una cena bien rica en el restaurante, donde compartimos una ensalada como entrante y luego un par de pastas sabrosas. Al volver a casa en bici (como ya se ha vuelto costumbre), se unió Jhosef, y los tres pasamos la noche tomando y hablado de la vida. Acabamos tan enrollados que se nos olvidó completamente el toque de queda, así que tuve que convertirme en anfitrión, y los dos se quedaron en mi casa.

El día siguiente, Jhosef y yo nos volvimos a ver ya que habíamos quedado en comer con Sara y su novio Eric en un restaurante asturiano que llevan un rato recomendándonoslo. Dado que los dos son de Asturias, tuve muchas ganas de comer en el sitio del que hablan tanto – Sidrería La Cuenca – ¡y no decepcionó nada! Disfrutamos unos platos riquísimos y raciones bien generosas, todo acompañado por sidra, crema de orujo y una ronda de gin tonics.

Sobra decirlo, pero salimos del local bastante hinchados y contentos, así que volvimos asl piso de Sara y Eric para echarnos la siesta antes de tomarnos unas cervezas tranquilamente. Esta combinación de alcohol y comida – de calamares al mítico cachopo – me dejó con nostalgias de mi primera vez en Asturias, y nos dejó a todos bastante cansados como se puede ver en la foto de abajo…

La sidra y las raciones enormes nos dejaron con bastante sueño en el metro…

Durante el finde, Jhosef vino a casa para hacer una tarde de coworking, durante la cual aproveché para seguir currando en el diseño de mi nueva web y para inventar unas nuevos aparatos electrónicos. Los dos luego nos volvimos a ver con Bogar el domingo para echarnos al sol en el parque, y luego para ir de compras para pillar unas cosas que me apetecían. Una vez pillada una mascarilla facial y una botella de una bebida británica que me gusta tanto, decidimos cenar por allí, y para eso fuimos a Goiko – ¡bien rico como siempre!

La combinación de tequeños y hamburguesas era una gran cena dominguera.

Volví a casa bastante emocionado aquel domingo por la tarde ya que tenía un planazo para el lunes: ¡ya había comprado y descargado mi entrada al Parque de Atracciones! Pues te puedes imaginar la decepción al recibir yo un SMS de la Comunidad de Madrid a las 9am para informarme que mi barrio se encuentra encerrado hasta nuevo aviso.

Además de contactar el parque para cancelar mi visita, tuve que también cancelar mentalmente todos los otros planes que había imaginado para mis tres días de vacaciones. No quería quedarme triste por esta mala noticia, así que pasé un día trabajando en mi web y limpiando el piso, y por la tarde salí a ver la nueva frontera entre la nueva zona restringida en la que me encuentro y el resto de la ciudad.

Hubo algo de alivio, sin embargo, al descubrir que los bares y otros sitios dentro del barrio pueden permanecer abiertos, así que he pasado los dos últimos días pasando por las terrazas que aún puedo visitar, llamado a amigos para realizar “copas virtuales” ya que la mayoría de ellos viven fuera del borde. A pesar de ser una cuarentena algo extraña, este nuevo encierre híper-local es mucho más fácil de asumir que el primero que sufrimos hace un año y pico.

Con eso llegamos a esta misma tarde, en la cual estoy viendo una película, disfrutando un gin tonic y preparando para la vuelta al trabajo y a la realidad mañana. No me quejo, sin embargo, ya que solo me quedan dos días de curro antes de otro finde. He hecho un pacto conmigo mismo que, a pesar de encontrarme encerrado dentro de mi barrio, ¡voy a disfrutarlo a tope!

Un marzo caótico

28.03.21 — Madrid

Ha pasado un mes entero desde la última vez que pasé por aquí para poneros al día con las noticias de Madrid, y no miento al decir que ha sido un mes ajetreado. Entre mucho trabajo, no he tenido mucho tiempo para hacer nada muy emocionante, pero he salido entre ratos para apreciar y aprovechar de la llegada de la primavera en la ciudad.

Arrancamos con una noche de diversión relacionada con mi trabajo ¡que tuvo lugar en una pista de pádel! Sin desvelar demasiado, uno de nuestros clientes trabaja en el mundo de este deporte, así que bajé a un centro deportivo a jugar al pádel por primera vez con dos compañeras y Jhosef. Tras bajar al sur de la ciudad en autobús con Jhosef, nos reunimos con Zoe y Cris en las pistas azules.

Después de unas partidas competitivas y un kebab para acabar bien la noche, acabé con agujeras por todo el lado derecho de mi cuerpo. Este dolor no me detuvo cuando tocó salir a tomar algo más tarde en la semana, sin embargo, y visité Citynizer para echar un ojo al nuevo especio que habían estrenado justo el día anterior. El bar es el espacio público de The Central House, un nuevo hostal en Lavapiés, y un client nuestro. Curré en la identidad visual de Citynizer el año pasado ¡y moló bastante ver mi trabajo pintado y aplicado por todos lados!

Al concluirse la semana, tocó vivir un momento agridulce: la salida de María de Erretres. Para despedirnos bien de ella, fuimos a El Toril Gourmet, donde disfrutamos unas hamburguesas delicias y nos quedamos hasta tarde en la terraza recordando los mejores momentos vividos durante su época en la empresa. Luego nos veríamos de nuevo dentro de poco, pero eso os lo contaré en breve…

Ese finde – por si una noche de cenar y tomar no fue suficiente – también pasé una noche en el barrio bonito de La Latina con Sara y Jhosef. Tras buscar en vano una mesa en una de las plazas principales de la zona, bajamos por un callejón a un restaurante mexicano donde habíamos celebrado la cena de navidad de Erretres hace un año y pico. Allí nos comimos unos tacos y nos bebimos unos margaritas, nos reímos mucho y al final ¡tuvimos que coger un taxi a casa para no saltarnos el toque de queda a las 11pm!

Empecé el domingo siguiente con un poco de resaca – al parecer no aguanto unos meros tres margaritas tras la pandemia – y luego bajé al río para tomar algo tumbado al césped con Hugo, Bogar y Sergei. También aprovechamos la oportunidad de sacarnos una foto turística cutre en la nueva escultura de “Madrid” que han edificado en las orillas al lado del palacio real y la catedral.

La semana siguiente acabó con la oportunidad de volver a conectar con mi alma mater, que tuvo forma de una ronda de preguntas y respuestas realizada por Zoom con los estudiantes que se graduarán este año del grado que estudié yo hace unos cuantos años. Tras una charla rápida con mis ex profesores, me conecté con Izzy y otros antiguos alumnos que han acabado haciendo cosas super interesantes y así tuve la oportunidad de responder a unas preguntas intrigantes de los estudiantes actuales.

Una vez acabada la llamada, y como mencioné hace unos momentos, volví a salir para El Toril. Aquí, se le había montado una sorpresa de cumpleaños a María, y al llegar yo tocó presentarle con el regalo que le habíamos comprado: ¡una máquina de tatuar!

El día siguiente volví a salir cuando Luis me llamó para invitarme a tomar un gintonic con él y sus amigos por el Parque Madrid Río. Dentro de nada, se convirtió en otro gintonic y unas raciones en un bar al lado de su casa, donde nos pusimos al día con todos los dramas que se están montando en nuestras vidas. Todas estas distracciones eran fabulosas, pero eran justo eso: distracciones, por las que tuve que hacer todas las tareas el día siguiente que no me había dado la vida hacerlas durante los dos días pasados…

Tras organizar los cables de mi escritorio, limpiar mi piso y salir a hacer la compra para la semana que venía, tuve cinco días de trabajo para mantenerme bien ocupado. El finde siguiente – el finde pasado, de hecho – entonces supuso un descanso bienvenido, así que aproveché el sol de primavera para visitar algunos de mis sitios favoritos en la ciudad: el Parque del Retiro y el Parque de las Delicias.

La semana pasada fue bastante tranquila, con la excepción de una noche que salí con Bogar para romper la monotonía de la semana laboral. El jueves espontáneamente decidimos pasar a ver a Hugo en el restaurante donde trabaja, Ramen Shifu. Allí fuimos a comer un bol de ramen delicioso con gyozas para empezar. Hinchados de comida rica, Bogar y yo luego nos despedimos de Hugo en la cocina y volvimos a las en bici ¡ya que le había liado para que se apuntase al servicio de BiciMad!

Ahora me encuentro sentado en mi sofá, una copa de vino en la mano y algunos videos cutres de YouTube puestos como ruido de fondo, y queda bastante obvio que estamos arrancando el finde. Tengo bastante que hacer estos dos días, pero tengo algunos días de vacaciones ya pillados durante las próximas dos semanas, así que vamos a ver que acabaré haciendo…